Y aquí estoy, sosteniendo la cabeza de mi amada esposa mientras vomita todo el contenido de las bebidas que consumió. Sostengo su cabello para que no se embarre, con una mano y con la otra acaricio su espalda. Sus mejillas están enrojecidas de vergüenza, pero no dice nada, está muy tomada, la verdad es que no puede ni siquiera sostenerse de pie. —¿Ya? —le pregunto ayudándole a sostenerse. Ella me mira como si no me conociera, y sonríe en mi dirección de manera extraña. «No debí darle tanto trago» —Eres muy guapo, te pareces a él —toca mi pecho logrando que mi cuerpo se contraiga. Sonrio de lado porque si que está tomada, jamás pensé verla así, no como hasta ahora. Los cócteles no son de buena ayuda, y menos para una mujer que toma como hombre despechado cómo lo hizo Sofía está noche.

