Aunque Sofía quiso negarse a ir al bar esa noche, no le quedó de otra que aceptar, Eva parecía ser muy insistente, además, no era como si ella no quisiera relajarse un poco. Todo lo último que había pasado la tenía desconcertada, y un poco tensa. Volvió a la mansión para tomar ropa y así poder estar lista a tiempo, además, aprovecharía para ver a sus hijos. Entró a la propiedad, y buscó a Greca por todas partes, encontrando en su lugar a la niñera. Se trataba de una chica que Greca algunas veces contrataba cuando tenía asuntos importantes que hacer, asuntos por los cuales Sofía no tenía información, pero no quería meterse en la vida privada de la abuela. —¿Y mi abuela? —preguntó con desconcierto, aunque ya sabía la respuesta. —Salió, señora Sofía, dijo que volvería para el almuerzo. Ya

