—¿Creías que nunca volvería? Lo hice para ayudar a mis nietas, para arrancarte algo que no te pertenece, Agata —bufó Greca. El rostro de Ágata palideció enseguida, sus ojos verdes se tornaron rojos de la rabia que sentía. —¿Quién es ella, mamá? ¿Y por qué la conoces? —preguntó Sara con desconcierto. La mirada de la vieja Greca se giró a Sara, sintiendo como su corazón se encogía de dolor, porque aunque tuviera una altivez y una prepotencia, era idéntica a su madre, ambas lo eran. —Es tu abuela Sara, ella es la madre de tu madre, de tu verdadera madre, no de está mujer que solo se ha convertido en un monstruo —intervino Sofía. Greca se intentó acercar a Sara, pero ésta echó su cuerpo para atrás con repudio, logrando con eso que la abuela sintiera dolor, ya que a fin de cuentas ella tam

