POV Charles
Aterrizamos en la ciudad. Natalia no podía con el nerviosismo. Decidimos instalarnos en mi apartamento y ahí ella decidiría que hacer. La que era pareja de Natalia no le contestaba los mensajes ni el teléfono, estaba más que dolida, y a mí me había tocado el trabajo duro de ayudarla y apoyarla en esta situación del corazón roto. Ya me podía imaginar lo que sufrió mi Antonia por mí, por mi humillación, por mi arrogancia y por Dios, por mi matrimonio. Solo pude pensar en ella.
No pasó una hora después de hablar con Daniel que tome un avión, no deje las maletas por Natalia. Ella empacó todo y me mantuvo neutral. En el viaje de regreso no hizo sino llorar y yo tomándola de la mano para que se sintiera apoyada, sin embargo, era yo el que buscaba consuelo con su toque. Éramos los dos unos idiotas. Pobre de ella y pobre de mí.
El chofer esperaba en el aeropuerto. Nos ayudó con las maletas, lo salude a medias. Estaba enfocado en mi celular intentando llamar a Antonia. Cada intento que realicé fue en vano, estaba apagado. Natalia no daba la ida por la venida también llamando y nada. Decidimos ir al apartamento a refrescarnos y salir por nuestro lado. El automóvil de Natalia lo había hecho traer. Ella tomo la habitación de huéspedes y rápidamente se organizó.
Yo por mi parte en menos de media hora ya estaba listo y bajando por el ascensor. ¿Qué mierda le iba a decir? No tenía la respuesta, pero comenzar por una disculpa seria lo primero, aunque sabía que eso no era suficiente y me tocaba besar su trasero para que al menos me escuchara. No lo recordaba pero ella misma me había condenado ese día en la oficina cuando la folle, cuando la llame una puta. Maldito idiota.
Antonia no me iba a perdonar. La había cagado al 100, Dios que me ayude. Pasé por una floristería y compré rosas, quizás me las ponga en la cabeza, pero la intensión es lo que cuenta. Llegue a su casa. Tome una respiración, tratando de calmar mis nervios. Esperaba que me cerrara la puerta en la cara. Pero no me iba a rendir.
Toque la puerta unas cinco veces. Nadie salió. Seguro estaba trabajando o haciendo algo. Yo la había despedido.
-“hola señor, busca usted a Antonia” me dijo una señora que paseaba un perro.
-“buenas tardes, si, la busco a ella” respondí a la señora que se veía que le gustaba meterse en lo que no le importaba.
-“ella se mudó. De hecho vino el hijo de ella, y recogió todo” dijo la señora. Inmediatamente se me rompió el corazón. Que le había pasado a ella o porque se había ido así.
-“¿está usted segura?” le pregunte a la señora chismosa.
-“si, mire usted por la ventana, no hay nada, se lo llevaron todo. Yo le ayude al hijo, y hasta me regaló algunas plantas y cuadros que no necesitarían para el viaje. Se mudaron de ciudad” Derramó la señora comunicativa. Yo casi al borde del llanto. Otra ciudad. Dios mío. Por fortuna esta vieja me iba a decir todo.
-“¿sabe usted que ciudad o si tiene la dirección?” le pregunté. Ella negó con la cabeza, acariciando y mirando a su perro.
-“no joven, el hijo no dijo, solo me dijo que se mudaban a otra ciudad y que ya su mamá estaba allá. La casa la habían vendido y que pronto vendrían los dueños. Todo fue muy rápido dijo él” Respondió la señora. Yo a estas alturas estaba hiperventilando. Mientras trataba de recuperarme de esta noticia, me acordé de Andrés.
Cogí mi carro a toda velocidad y fui al negocio de Andrés, seguramente el me daría información acerca del paradero de Antonia. Una vez estaba allá, me pasaron a la oficina de Andrés de inmediato. Andrés no tenía información de Antonia desde el día que la dejo en casa devastada cuando la hice sacar de la bodega. Me sentí tan avergonzado con él.
Sin embargo, él me dijo que hacía dos semanas había recibido la llamada del hijo de ella, Alex, pidiéndole el favor de que fuera a ver como estaba su madre, ella no respondía mensajes ni llamadas y el muchacho estaba preocupado, que su tía no estaba en la ciudad y no había forma de verificar, pero ese día Andrés no estaba en la ciudad y al final no supo que pasó.
Me preocupe. Pero salió a relucir el nombre de la persona que podría decirme que pasó con Antonia y con suerte ella estaría con ella. Mande un mensaje pidiendo la dirección de María Araujo, la hermana de Antonia. Dirigí mi camino hacia allá y para mi sorpresa me encontré a quien menos esperaba. Natalia.
Ella estaba afuera de su casa. Llorando. María vivía en una lujosa casa en el norte de la ciudad. Ella era una abogada de renombre, bien pagada, asociada en el bufete. Era agresiva y todos querían que ella tomara sus casos, es por eso que mi conglomerado la solicitó como equipo legal, aumentando así su patrimonio. Amaba a Antonia y ella le ayudaba en muchas cosas, aunque Antonia no le gustaba.
-“¿Natalia? ¿Qué haces aquí?” le pregunté a Natalia totalmente extrañado de su presencia en esta casa. Ella se sorprendió al verme.
-“Y-Yo estaba esperando a María” respondió ella. Confusión.
-“¿Por qué harías eso?” pregunté extrañado.
-“ella es la persona de la que te hable, quien fue mi pareja” soltó con voz baja. Santa mierda, que mundo tan pequeño. Debí saberlo, María era ruda, pero muchas mujeres son tan empoderadas que eso no tiene nada que ver con su orientación.
-“¿Cómo? ¿María, la hermana de Antonia?” pregunté más que todo para explicarme a mí mismo.
-“Si María, pero no sé cómo se llama su hermana y sobrino, me habló de ellos, pero no me dijo sus nombres o no los recuerdo” explicó. Joder.
-“Si ella es la hermana de Antonia” ella me miró y agrandó los ojos
-“OMG, Antonia, tu Antonia, no lo puedo creer” ella dijo mientras se limpiaba las lágrimas “Charles estamos jodidos, nos casamos y le rompimos el corazón a las dos hermanas” dijo ella, alarmándose.
-“lo peor de todo es que Antonia dejó la ciudad para irse quién sabe para dónde. No pude encontrarla. Vine aquí por respuestas y viendo las cosas María no va a estar de buen humor” dije soltando la respiración contenida.
-“María no contesta el celular, no me recibe en la oficina y vine aquí para cuando entre no pueda rechazarme y se obligue a hablar conmigo” explicó Natalia. Buen plan.
-“Es un plan excelente, esperaremos los dos” he dicho. Natalia asintió. Nos sentamos en su terraza a esperar.
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Dos horas después. Natalia se había quedado dormida, después de llorar una hora seguida. Por mi parte pensaba que ella era muy llorona. Yo me sumí en mis pensamientos, pensando en las cosas que le diría a Antonia cuando la viera. Todo lo que debía hacer para que ella me perdonara.
-“¿qué hacen ustedes dos aquí en mi casa? Largo de aquí antes que llame a la policía” la voz estridente de María despertó a Natalia que brincó de su lugar y yo ayude a estabilizarla.
-“María hola, amor, estoy aquí para hablar contigo” dijo Natalia. María la miró con tanta ira, pero vi amor.
-“yo no tengo nada que hablar con usted” espetó María “y ¿Qué haces aquí con tu esposo en primer lugar? ¿Querías que te echara al agua? Pues bien, querido Charles esta mujer que tomaste como esposa no es lo que piensas”. Esta mujer exhalaba ira.
-“María, Charles lo sabe todo y me apoya. Yo quiero es estar contigo, dame una oportunidad de hablar y arreglar las cosas contigo” dijo Natalia invitando a María a Razonar.
-“de ninguna manera hablaré contigo, ve y busca otro juguete porque ni estoy y me demoro” dijo María pasando por nuestro lado e intentado abrir la puerta.
-“María escúchala por favor” dije. Ella me miro con tanto odio.
-“no te atrevas a hablarme malnacido. Tú eres lo peor de este mundo. Te maldigo” dijo ella duramente. Lo sé. Me merezco eso y más.
-“María, déjame explicar lo que pasó con Antonia. Yo la amo, se toda la verdad y me arrepiento profundamente. Déjame explicar. ¿Ella está aquí?” pregunté a María.
-“hahahahahahaha y ¿Qué creíste? Que te voy a decir dónde está mi hermana? Dime la fuiste a buscar después que decidiste escuchar a Daniel. ¿No la encontraste verdad? Pues te toca perder Charles, jamás te diré dónde está y con todo tu dinero no vas a poder encontrarla. La escondí bien de ti y de tus sucias manos” escupió con tanto veneno. Mi corazón dolía. Ella no me iba a decir donde estaba Antonia.
-“María por favor, yo sé que las cagué, por favor perdóname. Necesito que Antonia me escuche, fui un imbécil que dejé que mis celos pasaran los límites con ella, y en el camino me lleve a tanta gente por delante, personas que no tenían nada que ver” miré a Natalia que lloraba a mi lado.
-“están perdidos, jamás recibirás la ubicación de Antonia, y tú” señaló a Natalia “jamás vengas a mi casa, ni me busques, no me llames, la próxima vez haré que hagan una orden de restricción y la voy a mandar a todos los periódicos para que tus papis los coman vivos todos estos riquitos” puntualizó. Abrió la puerta y nos dejó ahí, Natalia hecha un mar de lágrimas y yo con el corazón roto en mil pedazos.
La búsqueda iba a ser grande. La iba a encontrar, así me costara mi vida. Una lagrima rodo por mi mejilla.