Capítulo 7: Es hora del retiro

1424 Words
Narra Luciano Terminé la primera reunión del día, mi abuelo Rony está finalizando una conferencia mientras yo me hago cargo de otros asuntos. —Mildred, ¿podría revisar mi agenda? —Claro que sí, señor Arthur. Desbroché el botón de mi saco y me senté en mi escritorio, estaba agotado. —Tiene un almuerzo a la una y treinta de la tarde con el director de Gabriel´s Moda y Estilo. —Oh, no me acordaba de ellos. Estiré mis brazos y al tiempo moví mi cabeza de lado a lado. —¿Eso es todo? —Tiene algo más, la asistencia a la última conferencia de su abuelo. —¿A qué hora es? —Será a las tres de la tarde. Miré mi reloj y la hora del almuerzo estaba llegando, mi tiempo de descanso terminó, el deber me llama de nuevo. Mi familia tiene una importante marca de ropa llamada ROMAC, mi abuelo se postuló en la industria hace más de cincuenta años, con solo veinte años creó la que hoy día es la compañía de moda más reconocida del país; tuvo solo dos hijos, mi tío Ernesto Mcgregor y mi padre Bladimir Mcgregor. Los dos fueron hombres nacidos en buenas condiciones, mis abuelos tuvieron la facilidad de darles una mejor vida, lo difícil llegó cuando mi abuela Lucina Flandes, falleció cuando mi padre era un adolescente. Esto fue de impacto para él, pero a pesar de eso logró continuar. —Su auto está esperando por usted, señor Arthur. Asentí a mi asistente mientras recogía mis cosas, quería pasar antes por la oficina de mi abuelo, pero el tiempo no me daba. —Gracias, Mildred. Bajé hasta la salida principal, subí al auto y mientras el chofer se preparaba para partir, miré en dirección a la oficina de mi abuelo y lo vi de pie frente a la enorme pared de cristal. —¿A dónde vamos? Señor Arthur. —Al restaurante italiano de Megan Luster. —Como diga, señor. Tuve a mi abuelo en mi pensamiento, por alguna razón desde ayer que salimos de aquella fiesta, no he dejado de analizar su manera de verse; hay algo diferente en él, luce más delgado. Me pregunto si estará comiendo a tiempo, debo estar más al pendiente de él. Al llegar al restaurante, agarré mi maletín y acomodé mi saco, mi cliente espera. —Señor Gabriel, espero que no haya esperado mucho por mí. —Oh, Arthur. Buenas tardes. El hombre se pone de pie y me extiende su mano. —Tenía mucha ilusión por llevar a cabo esta reunión, estuve en espera dos semanas. —Sí, es que tenemos una agenda bastante apretada los últimos días, más porque nos preparamos para uno de los lanzamientos más importantes. El cliente abre su portafolio y saca un par de carpetas, estas las desliza por la mesa hasta hacerlas llegar a mí. —Allí está nuestra propuesta, es lo que tenemos pensado para nuestra fusión; claro, si a ustedes les parece bien. Abrí la carpeta y lo primero que veo son los diseños con los colores en tendencia de esta temporada, no había nada nuevo; veía lo mismo que he visto en cada tienda y en cada diseñador. —De verdad estamos muy emocionados por esto, el poder trabajar con ustedes será como un impulso para Gabriel´s Moda y Estilo. Veía en el hombre tanta emoción que tuve que ser sincero con él. —No seguiré revisando, lo que hasta ahora he visto es suficiente como para saber que no es lo que buscamos. Gabriel cambia su expresión. —Pero, ¿por qué? ¿Qué hay mal en…? —Tenemos un prototipo que puede ser comercial, porque es lo que hay en todos lados; pero ROMAC es diferente, nosotros destacamos porque lo que diseñamos y vendemos es completamente diferente a lo demás. Le pregunto algo ¿Qué puede cambiar en sus diseños que los haga diferente a los demás? Muéstreme la originalidad de Gabriel´s, muéstreme la esencia de su marca. Si la próxima vez me convence, de inmediato podemos hacer un acuerdo. Este tipo de trabajos son de beneficio mutuo, los impulsamos a ellos al tiempo que ganamos un porcentaje. —Haremos el cambio, no se preocupe. Le prometo que a la próxima verá lo que somos como empresa plasmado en los diseños. La comida fue ordenada, durante el almuerzo charlamos de otros temas; se nota que el hombre quiere progresar, eso me gusta. Al final de la reunión volví a la empresa, organizaré otros asuntos antes de pasar a la actividad final de la jornada. A mis veinticinco años entré a la compañía con el cargo de coordinador de finanzas, aunque hago otras funciones, lo importante es apoyar a mi abuelo con sus responsabilidades. Conozco la empresa a detalle, llevo ocho años ejerciendo como tal, pero desde que era un universitario estaba aquí, siempre quise ser de ayuda, más al saber que el trabajo que tenía mi abuelo era demasiado. —La sala de conferencia está lista, señor Arthur. —Voy de inmediato, ¿mi abuelo ya está listo? —Oh, dijo que bajaría en cinco minutos. Asentí y estiré de nuevo mis brazos, estoy agotado. —¿La prensa llegó? —Sí, señor. Mi abuelo dará un anuncio importante, todos están a la espera de saber la fecha oficial de nuestro lanzamiento; el lugar y el concepto, literalmente somos el foco de atención, por eso somos tan cuidadosos a la hora de escoger a las marcas con las cuales trabajamos. —Señor Arthur Mcgregor, ¿puede respondernos unas cortas preguntas? —Buenas tardes, gracias a todos por su asistencia. Mi abuelo vendrá en pocos minutos, él responderá a todas sus inquietudes. Me senté en mi lugar habitual y me crucé de piernas para esperar al gran Rony Mcgregor. Miré mi reloj y llevaba más de los cinco minutos en su oficina. —Mildred, ¿podría ir a la oficina de mi abuelo? Es extraño que aún no haya bajado. La chica estaba por ponerse de pie cuando cuándo las puertas se abren de par en par, mi abuelo había llegado con su equipo de seguridad. —Buenas tardes —saluda levantando su mano. Mi abuelo no se veía bien, tenía un ligero tono pálido en su rostro. Subió los escalones apoyándose del barandal metálico y dio un par de pasos hacia el atril. —Buenas tardes, damas y caballeros. Muchas gracias por asistir a esta conferencia que sé que muchos de ustedes han… han… Mi abuelo hace una pausa baja un poco su cabeza. —Lo siento, yo… El hombre se apoya del atril y al levantar su rostro, su mirada se veía extraña. No tuve que esperar más, me puse de pie para ir con él, pero no alcancé a llegar hasta donde estaba cuando su cuerpo se fue desequilibrando hasta caer desplomado hacia un lado. —¡Abuelo! —grité. Corrí y me lancé al piso, tomé su rostro y traté de hablarle, pero estaba tan nervioso que lo que hacía era una torpeza. —¡Por Dios! Señor Mcgregor. Las personas empezaron a acercarse, pero en medio de mi shock, lo que hacía era alejarlos. —Abuelo, ¿Qué pasa? Despierta por favor. Mi abuelo es todo para mí, es la persona que más amo, verlo en estas condiciones es tan aterrador. —Señor, los paramédicos están aquí, tiene que hacerse a un lado; su abuelo estará bien. La ayuda ya llegó. Alguien me toma del brazo y me ayuda a levantar, la verdad no recuerdo muchas cosas. Solo tengo la imagen de mi abuelo tendido en el piso y el ruido de los fuertes latidos de mi corazón. Mi abuelo tuvo un cuadro de estrés, su cuerpo colapsó luego de unas extensas jornadas de trabajo. Al parecer su alimentación tampoco está bien, él no está bien. —¿Dónde está mi padre? ¿Cómo está? Mi tío Ernesto llegó de los Ángeles hace poco, se veía bastante preocupado, no está de más su reacción, es la primera vez que algo así le sucede a mi abuelo. —Está estable, los médicos aún siguen haciendo exámenes. —Ya mi padre debe reconocer que llegó la hora, se lo había dicho hace un tiempo, pero nunca hace caso; tuvo que pasar algo así, pero ya no podemos permitir que otro suceso como este ocurra. No comprendía lo que decía. —¿Llegó la hora? ¿La hora de qué? —La hora de su retiro.
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