Tomás mira a Rosario hacer los últimos preparativos para el viaje. ―Entonces, ¿ya no nos volveremos a ver? ―pregunta ella antes de salir de la casa, mientras esperan a que Rodrigo esté listo. ―No, ya no, me voy de vuelta a Santiago, ustedes están protegidos, nada malo les pasará. La entrega de llaves se hizo sin ningún problema. Todo seguirá igual que antes. ―Usted sabe que nada será como antes si mi esposo anda por ahí rondando como si nada... mientras nosotros le guardamos luto ―replica molesta, en voz baja. ―Cálmese, Rosario, no sabemos si es así o no. Ella toma aire, no quiere hacer una escena, aunque a punto está de perder el control. ―¿Podré ir a ver a mi hermana? ―Claro que sí, es cosa que usted lo diga, tiene su número de teléfono, se contactan y asunto arreglado. ―

