Capítulo 4 Fuego en la piel

1098 Words
El tiempo había empezado a perder sentido dentro del Umbral. No sabía si llevaba días, semanas o meses allí. Cada amanecer caía igual sobre mí, como si estuviera viviendo una vida prestada que no terminaba de encajar en mi piel. Me despertaba temblando, con la garganta cerrada y una sensación que no sabía nombrar. No era miedo, pero tampoco confusión. Era algo más profundo, más antiguo, como si una parte de mí estuviera intentando salir a la superficie. A veces me quedaba sentada en la cama, respirando despacio, mientras las paredes vibraban, casi respondiendo a mis emociones. Las noches eran peores. Los sueños ya no eran sueños: eran fragmentos. Pedazos de recuerdos que no reconocía como míos, pero que se sentían demasiado reales. Una versión de mí que no era Aurora, sino la diosa demoníaca que ellos llamaban Elyra. Fue entonces cuando apareció el espejo. Un espejo alto, antiguo, que parecía esperarme. Sentí miedo de acercarme sin entender por qué. Pero cuando vi mi reflejo, lo supe. Esa no era yo. Al menos, no por completo. Había luz bajo mi piel, como si algo estuviera despertando. Y los ojos… esos no eran míos. Eran los de Elyra. —No… —susurré. La figura imitó cada gesto. Y sonrió. Una sonrisa que me hizo retroceder. Después llegaron visiones que ya no pude ignorar. Un tribunal suspendido en el aire. Seres alados, sin rasgos humanos, formando un círculo. Y en el centro, cuatro figuras arrodilladas con cadenas brillantes en las muñecas. Vorenn. Aeshar. Sethian. Kaelrum. Los Cuatro estaban allí. Encadenados. Yo estaba frente a ellos. Pero no era Aurora. Era Elyra. Y tenía el poder en mis manos. —Por romper la ley de los cielos —escuché decir a mi propia voz—, serán condenados sin el alivio de convivir con su creadora y a cargar con lo que representan. Para siempre. Ellos no pidieron clemencia. Solo me miraron como si los hubiera traicionado de una forma irreparable porque yo era su creadora. Desperté con un grito que no pude contener. Me doblé sobre la cama, intentando respirar. Un ardor en mi clavícula me obligó a mirar mi piel. Los sellos que se habían ocultado bajo mi piel estaban despertando. Antes eran tenues. Ahora brillaban como si estuvieran escritos por dentro de mí. Puse la mano sobre el pecho. El fuego no dolía físicamente. Dolía porque traía recuerdos. La puerta se abrió de golpe. Vorenn entró sin pedir permiso. Su mirada recorrió los sellos y por primera vez lo vi quedarse quieto, sorprendido. —Los originales —murmuró. Era la primera vez que no sonaba provocador. Sonaba… esperanzado. No supe qué hacer. Antes de hablar, otra presencia llenó el espacio. Aeshar cruzó el umbral con pasos tranquilos, pero su mirada era un peso difícil de sostener. —Lucha —me dijo suavemente—. No dejes que te controle. No sabía si hablaba del recuerdo o de mí misma. Caí de rodillas. El cuerpo me temblaba. Las imágenes seguían regresando sin que pudiera detenerlas. No era un simple recuerdo: era un pasado rompiendo la superficie. Kaelrum llegó como siempre: de forma abrupta. Golpeó la pared con el puño al verme. —¡Lo estás recordando! —gritó—. ¡Vuelve ya! Su desesperación me atravesó. La visión regresó completa. Elyra. El tribunal. Los Cuatro encadenados. Mi mano levantándose para condenarlos… sin dudar. —Detengan esto —supliqué al aire, sin saber a quién. El fuego subió hasta mi cuello. Era imposible escapar de lo que veía. Sethian apareció al fondo. No habló. Pero su expresión dijo todo. Cargaba un dolor distinto: silencioso, profundo. —Basta —jadeé—. No quiero verlo. Vorenn respondió primero. —Esto no es una visión. Esto es lo que nos hiciste. —¡No soy ella! —grité. Aeshar negó con la cabeza. —Eres ella. Solo olvidaste quién eras cuando tomaste esta forma humana. Kaelrum respiraba con rabia. —Nos condenaste a existir sin ti —dijo—. Y aun así sigues negándolo. Las imágenes terminaron de unirse. El tribunal. Mi elección. Ellos arrodillados esperando un destino que yo decidí. El dolor me atravesó como una verdad que no quería aceptar. Aeshar se agachó frente a mí. Me tomó el rostro con delicadeza. —No eres débil —dijo—. No lo fuiste entonces y no lo eres ahora, aunque las razones ahora son distintas. Debes recordar. No para destruirte… sino para entendernos y volvernos a conectar. Vorenn estaba tenso. Kaelrum caminaba de un lado a otro como un animal encerrado. Sethian no apartaba los ojos de mí. La fortaleza vibraba con los símbolos sobre mi piel. —No puedes huir Elyra —dijo Vorenn en voz baja. — Deja Aurora atrás y vuele a nosotros. —No quiero ser ella —susurré. —No tienes elección —replicó Kaelrum. Su voz no fue cruel. Fue honesta. Aeshar cerró los ojos, como si también le doliera. Sethian fue el único que habló con calma. —No queremos borrar realmente lo que eres ahora. Pero debes recordarnos… para recordar quién eras tú y así volver a ser una con nosotros. Mi respiración se volvió errática. Aurora se rompía. Elyra emergía. Y no sabía cómo unir ambas versiones. Los Cuatro se acercaron. No para intimidarme. No esta vez. Se acercaron como si temieran perderme. Vorenn tocó mi rostro, firme pero sin fuerza. Aeshar rozó los sellos de mi clavícula con cuidado. Kaelrum colocó sus manos en mis caderas para sostenerme cuando casi caí. Sethian tocó mi pecho con el dorso de los dedos, y el fuego interno se calmó un poco. Mi cuerpo reconoció ese contacto antes que mi mente. No era deseo. No al principio. Era familiaridad. Era un lazo que había existido antes que yo. Los Cuatro me miraban como si cada uno llevara siglos esperando ese instante. Vorenn y Sethian se inclinaron primero. Sus labios encontraron mis pechos con una mezcla de necesidad y memoria que no supe rechazar. Mi respiración se quebró. Aeshar y Kaelrum descendieron, sus manos abriéndome con una devoción que no entendía pero que mi cuerpo aceptó sin resistencia. Un gemido escapó de mí. No por ellos. Por lo que despertaban dentro de mí. No era Aurora. No era Elyra. Era algo en medio. Algo en transición. Ese instante no fue violencia. Tampoco penitencia. Fue la aceptación de un vínculo que había existido antes de cualquier condena. Mis sellos brillaron más. Los Cuatro respondieron a la energía como si fuera un llamado. No hubo duda. Solo nosotros y un fuego en mi piel...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD