UN RECIEN LLEGADO A LA PARROQUIA
Pasaron solo dos días para que llegase al pueblo un nuevo personaje, un hombre de una edad comprendida entre los 27 o 30 años, muy alto, blanco, con un tono de voz grave y un acento capitalino. Se trataba de Sebastián Lovera, el nuevo sacerdote. La iglesia estaba repleta de gente con pancartas de bienvenida desde una hora antes de la misa donde se le entregaría la parroquia, los niños estaban vestidos con uniforme escolar ordenados de cada lado de la entrada con un papelito en la mano que expresaba los buenos deseos para con el recién llegado, también había un coro que esperaba atento la orden para empezar a cantar, solo aguardaban la llegada del presbítero, pero a su llegada, el Padre Sebastián vio aquella multitud que lo esperaba, pasó entre ellos emocionado y nadie lo tomó en cuenta, quizás porque no cargaba su atuendo eclesiástico, mientras la gente seguía esperando afuera él se preparó junto con el obispo y los demás sacerdotes que ya estaban adentro del templo para comenzar así la celebración del esperado ritual de la toma de posesión de la iglesia. Al salir se hizo como de costumbre el proceso, el obispo hace la presentación del sucesor y comenzó eucaristía, la multitud quedó impactada con este hombre, era como si no fuere lo que estaban esperando, tal vez porque suponían que llegaría a otro Padre sexagenario o porque éste aparentaba no estar apto para cumplir su labor, pues parecía actor de cine y muchas de las mujeres y la mayoría de los hombres se miraban las caras con gestos de inconformidad, claro, también hubieron aquellas que no le quitaban los ojos de encima durante todo el evento.
Fue difícil al principio para el Padre Sebastián demostrar su capacidad en aquel sitio pues la iglesia se llenaba de mujeres y jovencitas nada más, ni los viejos ni los hombres acudían a la misa dominical y menos al llamado para informar o planificar actividades patronales, aunque siempre había gente dispuesta a ayudar como Ricardo Ortiz y sus chicos quienes fueron los que levantaron la moral del padre entre los habitantes del pueblo haciéndoles saber las ganas de trabajar por la parroquia y las ideas nuevas y buenas que tenía. Después de unas semanas todos empezaron a darle un voto de confianza sobre todo cuando les hizo saber con voz firme y actitud recta a unas señoras que intentaban hacerlo caer en pecado su rechazo a las tentaciones y que no existía mayor placer para él que cumplir con el compromiso adquirido, así tanto ellas como los demás habitantes se dieron cuenta que a pesar de su apariencia era un hombre correcto y servidor de Dios.
Para Esteban no todo era muy bueno con este nuevo padre, ya que hizo que se cortaran el cabello todos los chicos que vivían en aquella casa de tablas a medio construir y él no pensaba cumplir con esa orden que según su opinión era autoritaria y les limitaba en su libertad individual de expresión y autoestima. Con los días a excepción de Esteban todos los de aquella casa de tablas encontraron en el Padre Sebastián o gran amigo y confidente, la juventud que les ofrecía este nuevo Cura fue uno de los aspectos más llamativos para ellos, pues lo veían como un hermano mayor que podía entender mejor sus inquietudes, las visitas del sacerdote cada vez se hacían más frecuentes, visitas que no solo eran para ver cómo estaban sino también para llevarles alimentos, ropas, medicinas y cosas que él consideraba les podrían ayudar a hacer la vida más fácil y divertida como libros, lápices de colores, papel, juegos didácticos, un radio y hasta un televisor más grande, cosas que todos agradecían pero que Esteban llamaba la basura de los ricos:
_ ¡Lo que nadie quiere tener en sus casa el padrecito lo tira para acá! _ Eran sus palabras frente a los obsequios que les llevaba el padre Sebastián.
A Esteban le preocupaba mucho la actitud que todos tenia frente al nuevo ministro de la iglesia del pueblo, había escuchado muchas veces de los abusos de muchos sacerdotes contra niños y jovencitos por eso trataba de hacerle sentir a este señor su desconfianza y repudio. A pesar de esto las cosas estaban corriendo por el carril correcto, ya el Padre Sebastián estaba trabajando con Ortiz en lo de la ayuda para construcción de toda la casa, las niñas estudiaban regularmente, se alimentaban bien y los padrinos que les había conseguido el Padre Juan Pablo estaban muy prestos en lo que necesitaban allí.
Diariamente aquellos jóvenes se divertían en grande cantando las canciones que escuchaban en la radio y viendo en la televisión programas y películas que los reunían a todos sentados en el piso a la hora de comer. En una visita del Padre Sebastián a la vivienda se quedó un poco intranquilo por la inseguridad que representaban aquellas tablas mal ordenadas e intentó reclamarle a Esteban por no estar más pendiente de reacomodar y remplazar la madera dañada y la respuesta que consiguió fue muy clara:
_ ¿Por qué no lo hace Usted?
El padre se sintió irrespetado con la reacción de aquel chico. Respiró profundo como tragándose la ofensa y le dijo:
_ ¿Qué es lo que te molesta de mí? ¿Por qué siempre estas a la defensiva y tratas de agredirme con malas respuestas? ¿Qué te hice?
_ ¡Mire padre discúlpeme, pero en serio me molesta que todo el mundo me responsabilice a mí de las condiciones de en que vivimos!, acaso no ven que los dos hacemos exactamente lo mismo, estudiar y trabajar para que no nos falte comida. ¿Por qué a David nadie lo culpa de nada?
_ ¡Yo no te estoy culpando!, pero por ser el mayor te sería más fácil motivar a los demás a tratar de arreglar el sitio donde viven, ¿Acaso no ves la inseguridad en la que están?
_ ¿Por qué usted mejor no nos busca el material indicado para que este lugar sea más seguro y digno? ¡Y hasta puede que me deje cortar el cabello! _ Replicó Esteban son una risa sarcástica.
_ ¡Hecho! tenemos un trato, ¡Pero si yo traigo el material tú yo levantaremos esas paredes a menos que no sepas trabajar la albañilería o no quieras ensuciarte las manos!
_ ¡Ay padre! ¡Usted no tiene idea de lo que las calles me han enseñado!, puede que hasta se sorprenda, así que mejor no me rete _ Responde el joven entre risas malintencionadas en tono amenazante dándole más de un sentido a sus palabras.
_ ¡Muy bien, es tu oportunidad de demostrarme que tanto sabes hacer!_ concluye el Padre inocente del motivo por el cual Esteban le daba aquel desagradable trato.
Aquella discusión le dio al Padre la ocasión de conocer más a aquel joven rebelde con el que no podía hacer ninguna conexión, así que comenzó a conversar con sus amigos y los colaboradores de la iglesia y en unos días llegó con el material a la casa de Esteban quien estaba intentando de mala gana arreglar las paredes que hasta ahora eran de madera.
_ ¡Maldito Cura! ¡Que ni crea que me va a comprar con esto o me voy a cortar el pelo! _ Decía para sí mismo mientras movía las tablas que sacaba de la casa.
_ ¡Esteban, Lo prometido es deuda! Ahora entre los dos vamos a construir esta casa. _ Le gritaba el Padre desde el patio mientras bajaba cemento de un camión junto a unos obreros.
_ ¡Sí ya veo, que le fue más fácil que a nosotros conseguir cemento y bloques! ¿Eso se llama cómo? ¡El poder de la sotana!
_ ¡Bueno, quizás, pero tanto como fácil, fácil no fue del todo! ¡Pero lo importante es que aquí está y que mañana mismo comenzamos!
_ ¿Mañana? ¡Ah ok, como ya consiguió el material piensa echarse a descansar! ¡Venga y comencemos ya mismo, demuestre de que esta hecho! _ Todo lo que Esteban decía era para molestar al Padre pero este se llenó de paciencia y no cayó en sus provocaciones.
_ ¡Okey, como quieras! _ Decía casi sin aliento el Sacerdote que había estado desde muy temprano subiendo los materiales al camión en donde se los habían donado y ahora estaba bajándolos, bañado en sudor y sin haber comido nada en todo el día le dijo a aquel joven malintencionado:
_ ¡Trae las herramientas que vamos a comenzar!
Eran casi las 4 de la tarde cuando empezaron a trabajar, tarea a la que se sumaron todos los que estaban cerca, pero cada vez que el Cura se sentaba a descansar agotado Esteban lo atacaba con sus ironías como para que se diera por vencido o se enfureciera con él, quizás el soportar esta situación fue lo más duro del día, más que el hambre, el cansancio y el calor pero el Padre entregaba su padecer en oración en la que también pedía paciencia y fortaleza. Gina y Dayana se habían dedicado a hacerles comida a los trabajadores pero ellos poco a poco se fueron marchando a medida que iban pasando las horas. Después de la cena que ya fue casi de noche Esteban Le dice al padre:
_ ¡Mañana madrugamos! Antes de que salga el sol comenzamos otra vez ¿No Padre?_ Dice Esteban mientras recoge las herramientas.
_ ¿Mañana? _ Responde el hombre como asustado _ No, ¡No creo!, tengo que hacer algunas cosas para la iglesia y entregar unos documentos importantísimos, mejor pasado mañana con seguridad, pero si quieres trabajar ¡No te detengas!
En realidad el Padre estaba tan cansado que sabía que al día siguiente no iba poder dar ni un paso pero por no tener que soportar las impertinencias de aquel chico prefería decir cualquier cosa.
_ ¡Pero hace unas horas usted dijo que mañana venía a trabajar con nosotros! _ Replicaba el joven riéndose a carcajadas.
_ Sí, ¡Pero como no pude hacer esas diligencias hoy las debo hacer mañana sin falta!_ Solo dijo aquel hombre agotado y adolorido por tanto esfuerzo.
Esteban estaba consciente de la condición del sacerdote y por todo lo que él le estaba haciendo pasar a causa de su capricho y sintió un poco de remordimiento pero después que se acostaron a dormir se reía solo en su cama de recordar la expresión del Cura ante las cosas que él le hacía.
_ ¡Por eso yo no nací para ser cura!, desde hace rato le habría partido la cara al desgraciado que me trate así.
_ ¿Dónde crees que soportarían a un Cura como tú? ¿Qué parroquia aguantaría tus groserías y tu maldecidera? Y lo que le haces al Padre Sebastián que tanto nos está ayudando, no es por nada pero…¡Eres de lo peor! ¡Dios te va a castigar por eso! _ Le decía David entre risas desde la cama de al lado.
_Ya me castigó y nunca supe por qué ¡O sea que ya está pago!_ Respondió.
Pasaron varias semanas trabajando entre todos y con ayuda de algunos amigos lograron avanzar hasta que el material se terminó. Cada día la relación entre Esteban y el Padre estaba mejorando, aquel hombre comenzó a inspirarle algo más que confianza pues veía en él un gran apoyo sólo había que estar muy atentos, los sarcasmos ya habían comenzado a cesar y parecía que se llevaban muy bien y un día entre el café y las galletas de la tarde conversando todos muy amenamente el Sacerdote recuerda una deuda que Esteban tenía pendiente con él:
_ Esteban ¿sabes? estaba pensando que yo fui más responsable que tú en cuanto a cumplir con lo que ofrecimos_ Dice el Padre retirándose una taza de café de la boca.
_ ¿A quién le he ofrecido algo que no haya cumplido?
_ ¡A mí precisamente! me dijiste que si yo traía los materiales a la casa tú te cortarías el cabello como todos los demás ¿Que ha pasado con eso?
Esteban se ríe a carcajadas y suelta su café para responderle en un tono de compasión:
_ ¡Ay Padre! ¿Y usted de verdad me creyó? Si quiere le ayudo a despegar los bloques y devolverlos pero mi pelo no me lo corto.
_ ¡Ah ok! Así es la cosa ¡No importa!, pero te advierto que no me gusta que me ofrezcan algo que no van a cumplir.
_ ¡Está bien! Tiene mucha razón, no le voy a ayudar a despegar y devolver los bloques_ respondía Esteban entre risas haciéndoles saber a todos que cuando tomaba una determinación no la cambiaría por nada ni por nadie.
Había comenzado a reinar entre todos un ambiente de mucho respeto y cordialidad donde se sentían muy seguros y protegidos, siempre con las responsabilidades de cada quien que se esmeraban por cumplir a cabalidad. El Padre Sebastián para unos fue el guía, el confidente, esa figura de respeto que tanto necesitaban, no obstante para Esteban solo fue un amigo de más experiencia y sabiduría a quien algunas veces le pedía consejos si era para encarar o resolver una situación relacionada con los más jóvenes y otras veces simplemente lo ignoraba sobre todo cuando se trataba de sus cosas personales, lo mejor es que sus dudas hacia él se habían desvanecido por completo.
Los años seguían pasando y ellos seguían creciendo, estudiando, trabajando, madurando pero sobretodo disfrutando de la unión familiar y el apoyo de sus padrinos y amigos, las experiencias típicas de cada edad se podían apreciar a diario. Las travesuras de las más pequeñas, los regaños de los más grandes, las risas de todos, las quejas, los sueños de cada uno, todo iba floreciendo y ya ni se acordaban de que alguna vez hubieron días tristes. Esteban se había convertido en protector de las cuatro niñas, nadie podía acercárseles porque a él no le importaba enfrentarse a cualquiera que se atreviera a faltarles al respeto o mirarlas con lo que él mismo llamaba oscuras intenciones, era una especie de guardaespaldas, mientras que David era quien cubría sus gastos y administraba el dinero que le otorgaban los padrinos, él se esmeraba para que nunca les faltara nada ni a ellas ni a los dos varones que también estaban con ellos.
Con la colaboración de los padrinos de cada uno recibieron sus respectivos sacramentos según la religión católica todos aquellos chicos sin distinción de edad o rango, pues tenían principios bien fundados gracias al Padre Juan Pablo y que ahora el nuevo presbítero había sabido encaminar, gracias a él y sus esfuerzos por separados estaban cada vez mas adelantados en la construcción de aquella enorme mansión que ellos mismos llamaron “La casa grande”.
Esteban se encontraba siempre en la calle y a menudo se encontraba personas que tenían algún problema con sus motocicletas y sin el menor esfuerzo éste les resolvía el problema o les indicaba las posibles causas del daño en lo que siempre acertaba, esto llegó a oídos de Ricardo quien se interesó en aprovechar esta otra cualidad del chico en beneficio de la hermandad que estaban construyendo. Esto motivó inmensamente al joven rebelde quien se empeñó a trabajar como nunca emocionado de que tendría su propio negocio, los amigos de Ortiz colaboraron para hacer que este local tuviera todo lo necesario para que el trabajador se sintiera a gusto. Fué en muy poco tiempo que ya Esteban tenía una gran cantidad de clientes que lo visitaban constantemente y lo recomendaban, pronto tuvo que buscar ayuda así que Edward y Robinson se sumaron a la tarea, en la que se divertían en grande después de clases esto sumado a que al dueño del negocio también se le acercaban diariamente jovencitas de variadas edades muy interesadas en dejarse cautivar por él, cosa que éste simplemente aprovechaba como ya era su costumbre. Esto hizo que Robinson perdiera el interés en aquel oficio pues veía que se comenzaba a desviar del objetivo según su criterio, sin embargo Edward no le daba la menor importancia ya que él también tenía sus propias admiradoras, solo que este siempre fue más cauteloso y no le gustaba andar creando falsas esperanzas en nadie pero si las incluía en su ya bien nutrido grupo de amigas.
Los próximos diciembres la celebración mejoraba considerablemente, el pequeño árbol y sus insignificantes adornos fueron sustituidos por un monumental pino canadiense con sus respectivas luces, figuritas en cantidad, cadenas de objetos brillantes y muchas cosas más de las que sus padrinos les habían traído. También los juguetes fueron más importantes, Dayana y Kelly se adueñaron de la ambientación y de colocar el árbol cada año, entre cantos y risas pasaban casi mediodía en ese oficio logrando excelentes resultados. El Padre Sebastián las llevaba a la iglesia para que le ayudasen a decorarla pues veía en ellas buen gusto para eso. Como siempre la comida jugaba un papel muy importante y ellos Esteban se las arreglaba para ofrecer un buen platillo alusivo a la fecha sin tener que prepararlo él mismo. Kelly por su parte, con su voz excesivamente aguda era intimidante al cantar, sus chillidos tratando de imitar las voces del pequeño radio según Edward podían lastimar los tímpanos, Dayana se cubría los oídos con sus manos y los demás solo les hacían bromas para que dejara de gritar.
_ ¡Alguien que la calle! ¡Por favor! Por el bien de todos _ Bromeaba Gina cuando pasaba cerca de la sala donde estaba el escándalo.
_ ¡Ya! Por favor cállate, ten compasión ¡Me vas a reventar los oídos!_ Le decía también Dayana en voz baja pero ella simplemente hacia como si no escuchaba.
_ ¿Qué te pasó Kelly? ¿Por qué lloras así? _ Le gritaba Edward desde cualquier lugar de la casa donde se encontrara pero ella seguía cantando muy alegre como si nada, solo que bajaba un poco la voz por unos minutos hasta que se volvía a emocionar con otra canción y nuevamente subía el tono intencionalmente.
Era motivo de diversión pasar juntos las fechas más importantes de cada año, siempre había algo de que reír y cosas que aprender y reflexionar. A las 12 de la noche hacían un circulo alrededor del árbol entonces se dedicaban a tocar y cantar entre todos, comenzaban con villancicos pero luego iban agregando al repertorio todo tipo de canciones que se les ocurrían, ya después entre risas y cantos abrían los regalos de cada uno para irse a la cama ya casi a las 3 o 4 de la madrugada. En este ritual participaban todos, a Robinson le gustaba tocar la guitarra pero jamás cantaba, sin embargo se divertía en grande con las parodias de los demás. En esta fecha Esteban era otra persona, para hacer más agradable la velada él era quien comenzaba el juego de improvisaciones donde se burlaba de los recientes errores que cometían cada uno y Edward se aseguraba de responderle recalcando los suyos.
A pesar de lo bien que se sentían en aquel lugar Esteban a veces salía de la casa por varios días sin decirle a nadie el por qué, en ocasiones se veía muy contento al regresar y todo lo hacía con esmero y motivación, era increíble ver su lado amoroso, paciente, flexible, divertido, mientras que otras veces se le veía triste y sin ánimos de seguir, era entonces cuando se comportaba como fiera rechazando a todo el que se le acercase o le preguntase algo, sobre todo si se trataba de sus ausencias. Con el tiempo ya todos se habían familiarizado con sus cambios de humor, sabían que debían hacer y que no para no hacer que Esteban llegase a molestarse a los extremos y terminara tirando todo cuanto consiguiera a su paso. Casi se podía decir que le tenían algo de temor, aunque nunca atentaba contra alguno de ellos, siempre veían su reacciones violentas cuando algo le salía mal o no encontraba cosas que él mismo había guardado, por tal motivo nadie era capaz de tocarle algo de sus pertenencias ni siquiera si el mismo Esteban se los pedía más, sin embargo, por momentos mientras realizaban alguna actividad donde participaban todos este joven se mostraba atento y colaborador con los demás. Durante los partidos de futbol a pesar de su estado de ánimo se cohibía de lastimar de algún modo a las niñas y frecuentemente las dejaba ganar aunque esto molestaba al equipo contario, en ese momento sacaba a flote su carácter para imponerse y no ser desautorizado.
Con los meses Edward dejó de ayudar en el taller pues sus compromisos escolares y sus sueños creativos acaparaban casi todo su tiempo, además el trabajo de mecánico no era precisamente muy inspirador a su parecer; en el caso de Robinson su atención estaba fijada en su única meta y nada podía distraerlo de su objetivo, soñaba día y noche con ser el arquitecto que terminara la construcción de aquella enorme casa, de esta forma ambos se alejaron de aquel oficio y se centraron en lo que sí les apasionaba, pero lo malo es que también Esteban se asfixió tanto con el trabajo que dejó de tomarle interés aunque la clientela iba en ascenso, en vista de esto decidió alquilar el taller, aprovechando que estaba en su mejor momento el negocio fue manejado eficazmente por un nuevo administrador dándole a estos jóvenes muy buenos ingresos. Como el dinero que entraba rendía mucho más los trabajos para adelantar aquella construcción iban muy bien ya que también en esta tarea participaban todos.
Después de un largo día de duro trabajo en la casa, Esteban comienza a sentirse mal, era de madrugada y ya los quejidos de este chico despertaron a David quien enseguida se preocupó buscando la manera de aliviar el dolor que experimentaba su hermano, le comenzó a buscar entre tantas cosas que guardaban algunos calmantes pero al intentar darle la pastilla con el agua este se vino en vomito. Desesperado llamó al Padre Sebastián y le explicó lo que pasaba, el sacerdote le dio algunas indicaciones de lo que debía hacer y en unos 30 minutos aproximadamente estaba en la casa una ambulancia trasladando al enfermo hasta el hospital más cercano. El diagnostico medico reveló sin duda que se trataba de una apendicitis por lo cual fue intervenido inmediatamente, aquella operación fue costeada por Ricardo Ortiz y uno de sus socios, muy amigo también del sacerdote. Allí paso Esteban 24 horas hasta que fue dado de alta y regresó a la casa acompañado de varias personas entre ella una joven enfermera de unos 18 años familiar del amigo de Ricardo que se mostraba muy interesada en atender al joven convaleciente y a este no le molestaba en lo absoluto.
Durante los 3 primeros días aquella señorita acudía a la casa de los jóvenes desde casi la madrugada hasta altas horas de la noche con la excusa de cuidar al enfermo cosa que incomodaba a todos, no permitía que alguien se le acercara a Esteban y no dejaba que le dieran comida o bebida que no fuera autorizada por ella, a Gina le molestaba esta situación pero se cohibía de decir algo porque pensaba que David se opondría, sin embargo uno de los más afectados era justamente él que compartía habitación con recién operado y tenía que esperar hasta las 10 de la noche que la enfermera se fuera para poder bañarse o acostarse a descansar después del agotador trabajo diario, en vista de esta situación trató de conversar con el Padre y con Ortiz sobre el asunto pero ninguno le dio la menor importancia así que al cumplirse ya tres días en esa calamidad no se contuvo y prácticamente corrió a la intrusa de la casa porque sentían que estaba invadiendo demasiado de su espacio y su privacidad, David estaba ya muy molesto en vista que no podía usar el cuarto porque sus cosas según esta joven contaminaban el espacio arriesgando la salud del enfermo, por otra parte ya este no necesitaba de tantos cuidados porque se podía valer por sí mismo para todo.
Kelly fue la más contenta con la reacción de David, a ella simplemente le desagradaba la presencia de la joven enfermera y sus exigencias, pero también Gina a su manera lo celebraba junto a las otras dos. Esteban por su parte no estaba ni en favor ni en contra de aquella decisión ya que también él se sentía ahogado o presionado con la presencia constante de la chica que aunque demasiado cariñosa y atenta con el joven convaleciente no era del todo de su total agrado, era obvio que le gustaba la enfermera, pero su acoso era insoportable más, como siempre sus conversaciones con David sobre el tema terminaban con burlas o discusiones.
_ Era insoportable su presencia ¡No se cómo tú la aguantabas!
_ ¡Lo que pasa es que la mujer es toda una profesional, de esas que saben tratar a sus pacientes y mantenerlos contentos!_ Respondía Esteban con su usual tono..
_ Pero le hubieras dicho a Ortiz que te hubiera arreglado un cuarto aparte por lo menos, así podías pasar el resto de tu vida enfermo para que te atendieran profesionalmente sin que eso me afectara a mí.
_ Estas respirando envidia ¡Admítelo! Yo te entiendo ¡En serio! debe ser muy triste que a tu edad ¡no levantes ni el polvo!
_ ¡Más triste es ver que con toda tu capacidad de levante solo te has conseguido una piñita bajo el brazo!... ¡No es por nada pero entre la apendicitis y ella yo prefiero quedarme con la enfermedad que con la enfermera, ese dolor pudo ser muy fuerte pero te molestó un solo día…!
En 7 días ya Esteban volvía a clases pero aún no le permitían hacer trabajos pesados después de la universidad por esto Ortiz le consiguió un trabajo de mensajero en una de sus empresas, para esta actividad le dieron una motocicleta a tiempo completo en ella iba y venía diariamente a todas partes. Para seguir con su conquista después de esto pasaba a buscar la joven enfermera para salir. Así pasaron unos meses hasta que la chica comenzó a buscarlo en el trabajo y para empeorar las cosas un día llegó a la casa ya de noche y ella estaba allí esperándolo desde temprano, eso no le gustó para nada pero como Esteban no sabía decir las cosas de una forma delicada pues carecía totalmente de tacto y discreción para expresarse la invitó fuera de la casa y le habló sin rodeos.
_ ¡Sabes perfectamente que me gustas! y te agradezco lo que hiciste por mí, pero sinceramente no soy de los que se cortan las venas por agradecimiento… además tu yo sabemos que tanta dedicación y cuidados no eran necesarios.
_ Pero yo lo hice porque en verdad me interesas y quería que te recuperaras pronto_ Respondió la dama ilusionada.
_ Si, está bien yo estoy de acuerdo, pero si quieres que haya algo entre los dos que sea del portón para afuera, ni en mi trabajo, ni en mi lugar de estudio y menos que nada aquí en la casa porque de verdad no pienso tener una relación seria con nadie, no es mi estilo.
_ ¿Qué quieres decir con “relación seria”?
_ ¡Simple! No quiero noviazgos empalagosos, nos podemos ver un día…mmm no se ¡Pasarla bien como hasta ahora y ya! Después, si se da la oportunidad nos volvemos a ver pero ya sabes, eres libre de salir con quien quieras cuando quieras que yo pienso hacer lo mismo. Lo que quiero decirte es que no pretendo compromiso alguno ni que me estén acosando. ¡Espero que haya quedado claro!
_ ¿Eso es lo que tú quieres conmigo? ¡Eres la peor basura que he conocido!
_ ¡Hey! no te molestes, trato de ser sincero y te aclaro el panorama para que sepas las reglas del juego. Es tu decisión.
La joven indignada al escuchar tal propuesta se dio la vuelta para retirarse y no volver jamás rechazándolo con una mirada fulminante que expresaba su decepción.
Aquella mujer se marchó desecha y se olvidó completamente de Esteban quien se quedó parado viendo en silencio como su conquista caminaba hacia el portón de la casa alejándose más y más, sin percatarse que David estaba afuera de la casa, justo detrás de él viendo todo el espectáculo y al volver la cara y ver a su hermano allí dijo:
_ ¡Aprende!, así es como se eliminan las piñitas.
David se quedó parado con una sonrisa en el rostro al ver la forma en que Esteban había despachado de su casa a la joven enfermera, él sabía que no fue la manera correcta pero el solo pensar que no volverían a verla por la casa le hacía sentir muy aliviado y entró a la casa después donde siguieron su rutina de siempre en compañía de sus hermanos.