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Entre Cristales Rotos

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Entré Cristales Rotos es una trama llena de romance, emprendimiento, tentaciones, malas decisiones pero también centrada en la vida de 9 jovencitos sin familia que luchan por alcanzar sus sueños y cumplir con la tarea que les fué encomendada. En el camino se enfrentan a múltiples tropiezos y pérdidas irreparables que los hace cada vez más fuertes e imparables. El amor, el miedo, el agradecimiento, la lealtad, la paciencia, la fortaleza, las ganas de superar y enmendar los errores se hacen presente en cada uno de los personajes para darnos una gran muestra de voluntad.

Vicky y Esteban, los personajes principales con una diferencia de edad de aproximadamente 10 años pasan por caminos de largo dolor y sufrimiento buscando lo que ellos creían que sería su felicidad dejándoles cicatrices imborrables pero al final la vida los premia con la paz anhelada y la dicha de haber cumplido con el más grande compromiso de sus vidas. Edward, Kelly, Gina y Javier junto al apoyo de sus hijos y el amor de sus parejas finalmente se pueden retirar a disfrutar de su madurez y terminar sus vidas alejados de los problemas y las responsabilidades mientras las nuevas generaciones se hacen cargo de hacer que el fruto de tanto tiempo y esfuerzo siga por el camino correcto.

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Un duro comienzo
   En algún lugar de américa latina, donde la situación económica de muchos habitantes se ve afectada desatando con esto cualquier tipo de delitos, incluso entre las mismas familias, acciones que forman parte de la cotidianidad de muchos lugares del mundo donde sus gobernantes erróneamente se atreven a juzgar y atacar a los agresores sin tomar en cuenta la verdadera causa este flagelo mundial. En medio de esta realidad se encontraba Esteban Solano, un huérfano de 15 años criado en la calle con uno y otro desconocido que se apiadaba de él, con los que aprendía cosas útiles y otras cosas que no lo eran tanto, ya era un adolescente, hiperactivo, muy inteligente y también muy apuesto, de piel blanca de cabellos dorados y algo largo,  a pesar de todo era de contextura atlética y bien formada. El paso del tiempo formo una dura e impenetrable coraza en aquel jovencito, dando una imagen rebelde y antisocial, a pesar de haber estado solo por quien sabe que tanto tiempo, a menudo se le veía triste, su rostro expresaba una melancolía y al mismo tiempo una ira que solo los hombres más despiadados podían experimentar, más sin embargo muy en el fondo de todo aquel baúl de dolor, miedo y frustraciones aparecía simplemente Esteban Solano, indefenso, inseguro, frágil, sensible, carente de amor, de un hogar, de alguien que se atreviera a ver aquello que se empeñaba en ocultar, ese joven deseoso de salir adelante, solidario, dulce, compasivo que realmente era. Después de varios años descubriendo cosas de lado a lado, rodeado de personas maduras y experimentadas en la vida, hombres en su mayoría, los cuales siempre consideró que eran su mejor compañía, ya que de ellos podía aprender cosas que le ayudarían a superar los obstáculos que se le presentasen, para ese entonces ya  Esteban se encontraba a los cuidados del Sr. Ricardo Ortiz, un profesor jubilado y empresario que tenía varios colegios y que cada vez que lo veía en la calle lo perseguía ofreciéndole la oportunidad de estudiar en una de sus instituciones, aunque era demasiado orgulloso y malhumorado, de tanto insistir logró que el chico aceptara la oferta y para que se sintiera útil además le ofreció trabajo y vivienda dentro de las instalaciones, entonces pasó a ser de día un alumno más pero de tarde y noche vigilante, obrero y compañero de un anciano que cuidaba el lugar y de quien aprendió muchas cosas buenas en poco tiempo. Esteban cambiaba de humor con facilidad, ese fué su mayor defecto en el tiempo que anduvo en las calles, era normal que en cosa de segundos por el más mínimo mal entendido o desacuerdo se enfrentara a golpes con cualquier otro joven y esto le ocasionaba problemas con la persona con la que estuviera viviendo en ese momento. Tenía muchas cualidades también, aprendía muy rápido y siempre quería superar aquello que ya había hecho antes, buscaba la forma de no repetir los errores cometidos durante cualquier labor encomendada o de reparar los daños, pero carecía de paciencia y en muchas ocasiones terminaba insultándose a sí mismo y tirando las cosas. Una de sus características era que tampoco esquivaba los trabajos por difíciles o tediosos que pudieran ser, además, era muy buen cocinero, con un paladar privilegiado y lo demostraba solo cuando tenía la obligación de hacerlo ya que no disfrutaba cocinar, normalmente prefería comer cualquier cosas antes que prepararlo él mismo, sin embargo era un verdadero y muy extraño placer saborear sus exquisitas creaciones.    Un buen día se encontraba en el patio del colegio con los demás estudiantes y de pronto como era costumbre se encontró en una riña con otro joven llamado David Villamizar,  los golpes fueron tan fuertes que la sangre manchó sus camisas y cuando lograron separarlos los implicados se veían tan agotados que los encerraron por separado en las oficinas del instituto y llamaron al Sr. Ortiz ya que ninguno de los dos tenía un representante, pues ambos fueron apoyados por el empresario para que estudiaran, él les daba uniformes, libros, alimentos y hasta vivienda, todo para que crecieran siendo hombres de bien. Cada vez que alguno de ellos se metía en problemas los reprendía enérgicamente y les hacia saber las consecuencias de sus actos, pero en esta ocasión no les llamó la atención a pesar de lo grave de la situación que habían desatado, sólo se dirigió a David, uno de los jóvenes heridos y le dio una noticia que le afectó mucho más que los golpes que había recibido. _ Tengo que decirte algo terrible ¡Tu mamá acaba de morir! ¡Trata de ser fuerte como yo sé que lo eres y no te cohíbas si quieres llorar que llorar no es señal de cobardía, evitar hacerlo por vergüenza a los demás sí lo es!_ Diciendo esto le dio una suave palmada en el hombro al jovencito y salió de la oficina. David se quedó solo con su dolor del cuerpo y del alma en aquellas 4 paredes cuando al poco rato se abre la puerta y se dio cuenta que se trataba de Esteban que había escuchado la conversación. _ ¡Fuera de aquí! Ya no estoy de humor_ Le grita David con voz entrecortada pero a la vez avergonzado. Pues no quería que lo viera llorar para que su contrincante no llegara a pensar que las lágrimas eran causadas por la golpiza que se habían propinado entre ellos. _ ¡Tranquilo, vengo en son de paz! Yo también soy huérfano_ le dice Esteban con un tono de timidez. _Tengo 15 años de experiencia, si quieres te puedo ayudar a vivir con eso.   Estas palabras desataron el llanto de David, se había quedado completamente solo, al verlo Esteban solo se le ocurrió ofrecerle un abrazo, abrazo que selló una verdadera amistad entre ellos.   Al ver la escena el Sr. Ricardo comprendió que no se había equivocado al haberles dado una oportunidad, en ese instante supo que tenía en esos dos jóvenes los hijos que nunca tuvo y los indicados para materializar su proyecto más anhelado.  Ricardo Ortiz era un hombre maduro y de muy buen corazón, era dueño de muchas propiedades y empresas muy exitosas pero su pasión por la educación lo había llevado a formar colegios en varias partes del país, para ayudar a los educadores, a los niños y niñas, y ahora al encontrar a Esteban y David tuvo la certeza de que su esfuerzo tendría los frutos esperados ya que ellos había depositado toda su fe. Quizás porque de alguna forma se sentía identificado con ellos o se conmovía con sus historias de vida, el trabajo y la carencia que habían tenido que enfrentar siendo tan jóvenes y la manera en cómo reaccionaban a cada situación. Pero Ricardo Ortiz no estaba solo, estaba casado con la hija de uno de sus socios y por ella hacía lo que le pidiera, pues aparte de que podría ser su hija, se había enamorado perdidamente de ella y confiaba que con el tiempo se viera correspondido su amor, pues estaba consciente de que era una mujer frívola que solo le gustaba derrochar lujos y de él solo le importaba su dinero.  Minerva Galaviz, esposa de Ricardo, era una hermosa mujer de solo 30 años que irradiaba glamour y buen gusto, ella no se interesaba mucho por los asuntos de su esposo hasta que David fue a buscarlo a su casa y ella lo atendió, en ese momento sintió algo de asco y repugnancia hacia él, lo miraba de arriba abajo como si éste fuera una cosa  extraña, por eso lo trataba con sarcasmo y desprecio. Esa tarde conversó con Ortiz sobre aquel chico que había venido a buscarlo y fue cuando se enteró de sus orígenes. Desde ese momento su fijación hacía aquel jovencito fue en ascenso.   David solo había cumplido 13 años de edad, pero aparentaba ser mayor por su estatura, siempre tuvo una apariencia dulce y agradable, también tenía los cabellos negros y largos cual hippie, los ojos azules igual que su progenitora y rostro bien perfilado. Era hijo de madre soltera pero no era único pues también había tenido un hermano gemelo al que jamás conoció y una hermana menor que había sido entregada en adopción ya que aquella mujer no podía protegerla de su padrastro quien constantemente abusaba de ambas y llegó al punto de provocarle fracturas a la niña gracias a los golpes que éste individuo le daba cada vez que llegaba a casa drogado y alcoholizado. Lo triste es que el haber sido adoptada no le dio la felicidad que esperaba ya que tantos hematomas habían causado un tumor que terminó con sus cortos 8 años de vida. La madre por su parte siguió a merced de aquel cruel marido quien había sido la razón que obligó a David a salirse de la casa desde los 9 años. La situación era insoportable para ella pero el pánico que le tenía a su pareja la obligaba a defenderlo o justificarlo ante los que querían ayudarla. Este hombre la tenía amenazada desde hacía mucho tiempo con asesinarla junto con sus hijos y la compraba con regalitos haciéndole ver lo cariñoso y detallista que podía llegar a ser si ella se callaba sus maltratos. Después de tantos años de sufrimientos la salud de la madre comenzó a decaer vertiginosamente tanto mental como física hasta agotar todas sus fuerzas. Por la mente de aquel chico pasaban tantas cosas en ese momento como lo que una vez le escuchó decir a su mamá: _ “¡La doctora que me atendió el parto me dijo que le entregara uno de los bebés para cuidarlo, pues era que ella y su marido no podían tener hijos y entonces se quedó con el que había nacido más débil, yo creo que ni se le crió!”   David se consolaba con la única ilusión de que estuviera vivo su hermano gemelo y` poder encontrarlo, aunque a veces la duda lo rondaba ya que solo en una oportunidad escuchó hablando a su madre con una vecina sobre este tema pero las circunstancias no permitieron que pudiera verla después y ya nunca pudo preguntarle detalles, aunque realmente él nunca tuvo pruebas de que existiera no se le quitaba esa idea de la mente.   Para el momento de la muerte de la madre, David vivía con un grupo de jóvenes que ayudaban al sacerdote de la iglesia del pueblo, ellos estudiaban y trabajaban fuera pero se quedaban a dormir en casa del anciano cura. El Padre Juan Pablo era para ellos más que un amigo, un protector, un maestro y un confidente, siempre dispuesto a ayudarlos, él tenía muchas esperanzas en este jovencito por eso le hablaba mucho de él a su gran amigo el Sr. Ortiz. En aquella situación además de David, estaban también Robinson de 13 años y Edward de 12 al que todos llamaban “Eddy” que tampoco tenían padres, pero ellos estudiaban en otro de los colegios del Sr. Ortiz y trabajaban ayudándole a un maestro ebanista muy talentoso que vivía en el pueblo. Sus caracteres eran muy diferentes, Edward muy creativo, espontáneo, le fascinaba la poesía, escribir canciones y se esmeraba por pulir su léxico, era muy agradable, respetuoso, cordial, conversador, muy divertido, siempre dispuesto a aprender de todo lo que pudiera y eso lo hacía muy confiable; físicamente era alto, delgado, su color moreno y sus cabellos oscuros, lisos y largos como de aquellas películas antiguas lo hacían agradable a las niñas quienes se veían fascinadas con su apariencia además de sus ojos verdes; por su parte Robinson era algo retraído, introvertido, aunque era muy hábil con los números y cálculos matemáticos, casi no hablaba, se la pasaba concentrado en sus tareas, tenía una memoria privilegiada pues lo que aprendía o le decían no se le olvidaba muy fácil, era muy serio, de mal carácter pues no aceptaba juegos ni bromas de nadie, casi no tenía amigos y pocas personas se atrevían a preguntarle algo. Su apariencia decía mucho de él, pues era también alto y delgado, pero de cabellos negros rizados que le ocultaban parte del rostro, de piel blanca, de ojos claros, de cejas espesas, aparentaba ser un poco misterioso, pues siempre usaba una gorra como cubriéndose la cara para no ver a nadie o para que nadie lo mirase a los ojos. Los jóvenes de esas edades se encuentran en una etapa de descubrimiento de la vida, el apoyo familiar se hace imprescindible, la figura de los padres como la base de un hogar, el ejemplo a seguir; por otro lado los hermanos, cómplices o no de cada aventura o travesura realizada, las primeras ilusiones sentimentales. Pero no todos pueden darse ese lujo, David ahora sin el consuelo de su madre, la única familia que tenía, se encontraba completamente solo y aunque evitaba a toda costa derramar lágrimas que demostraran debilidad en él, se aislaba de todos, se encerraba en lo profundo de su soledad a preguntarse el porqué de tantas desgracias para con él. En medio de aquel sufrimiento comenzó a ver en el anciano sacerdote a un guía, un maestro a quien seguir sus enseñanzas, a quien hacerle todas las preguntas que opacaban su mente, a quien obedecer, respetar y por qué no, a quien enorgullecer, desde que este joven había llegado allí, su comportamiento con el anciano no fue muy positivo, sin embargo a pesar de todo siempre había recibido su apoyo. Sus hermanos podían llegar a ser aquellos otros huérfanos que vivían en la casa parroquial, pero no se sentía identificado con todos, Edward le inspiraba mucha confianza con sus locuras y exageraciones, más por otro lado Robinson con su raro comportamiento aunque al principio lo consideraba casi amenazante, después de algún tiempo empezó a entenderlo y hasta respetarlo, a los demás simplemente los ignoraba por ser mayores o mucho más pequeños. Así siguió viviendo David pensando que algún día se acostumbraría a aquel lugar y entonces aceptaría su momentánea realidad, realidad que se negaba a asumir ya que siempre tuvo la certeza de que él podía alcanzar mejores cosas. Los meses en la casa parroquial pasaban rutinariamente, no había para ellos nada nuevo que los emocionara, solo las fechas navideñas y de año nuevo, cuando recibían obsequios y ropa nueva de los muchos colaboradores de la iglesia, esos días sin duda eran distintos y por ello eran esperados con ansias por aquel grupo de jovencitos, en esas fechas se reunían junto con otros niños del pueblo y cantaban villancicos hasta la media noche, la gente iba a la iglesia a recibir la navidad en comunidad, llevaban comidas y muchos dulces para compartir con todos y la plaza se desbordaba de jóvenes de todas la edades que jugaban y patinaban alegremente. David solo observaba sin decir nada, solo su dulce sonrisa evidenciaba su regocijo, sin embargo Robinson prefería comer temprano y dormir en el horario habitual. Mientras más se conocían David y los otros huérfanos que estaban a cargo del padre descubrían que no era tan mala la idea de pasar los días con el sacerdote, pues les enseñaba muchas cosas como a tocar la guitarra, un poco de jardinería, de administración, de valores y sobre todo les hablaba mucho sobre la vida cristiana, sus principios, su historia, sus mandamientos y  aunque los demás niños que tenían más tiempo con él se conocían ya de memoria los rituales eclesiásticos a David seguía produciéndole sueño y no hacia ni el menor esfuerzo para corregir esa actitud. Pero el tiempo es tan sabio como lo era aquel anciano presbítero, con paciencia y constancia logró hacer que este chico se encaminara motivándose al servicio de la iglesia aunque fuera a su manera.   Un par de años después, el Sr. Ortiz adquirió una propiedad inmensa un poco alejada del pueblo, tenía unas bases para hacer una enorme mansión bien constituida, inteligentemente diseñada cuidando cada detalle, solo que apenas presentaba su esquelética formación de columnas en un terreno de varias hectáreas que terminaba en una cerca perimetral casi blindada que rodeaba toda su extensión. Al momento de hacer el negocio este lugar estaba abandonado, lleno de maleza, pero enseguida se encargó de hacer que lo limpiasen, la intensión de aquella compra era muy clara para Ricardo Ortiz  pues, era el cumplimiento de su mayor sueño que consistía en hacer de esa casa un orfanato con todas sus comodidades, que contara con escuela, canchas y diferentes talleres para que los niños y jóvenes desarrollaran sus habilidades y aprendieran un oficio para su futuro pero además habilitar un espacio para que ellos cultivaran la tierra y produjeran algunos alimentos tanto para la venta como para su consumo dentro del lugar, así le daban educación, techo y alimentos a un grupo de huérfanos, trabajo a profesores, enfermeras y muchas personas más que seguramente lo necesitarían y agradecerían, por eso desde el inicio fue apoyado por el Padre Juan Pablo.    Para lograr ese sueño tenían en mente a David y a Esteban que desde aquel amargo día se hicieron inseparables amigos, aunque todavía seguían peleándose de vez en cuando. Ya para ese instante Ricardo Ortiz se sentía muy enfermo, de la nada comenzaron sus  problemas respiratorios por eso se quería cerciorar que los jóvenes estuvieran seguros en aquel lugar. Así que se comenzó la preparación del papeleo necesario, primero fue la compra, registro de la propiedad y luego un documento donde establecería que estos jóvenes serían los dueños de aquel terreno con el compromiso de que levantarían la enorme mansión que más tarde serviría de asilo a niños desamparados. Ellos sabían que estos dos chicos no podían hacerlo solos así que también se aseguraron de contar con algunos amigos y colaboradores tanto del Sr Ortiz como del Padre Juan Pablo quienes se comprometieron a apoyar a los beneficiados para que lograsen lo que se les pedía. La cláusula más determinante de aquel documento fue que solo después de cumplir David la mayoría de edad....

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