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4196 Words
La cláusula más determinante de aquel documento fue que solo después de cumplir David la mayoría de edad serian informados del acuerdo que se estaba firmando ese  día. Uno de los obstáculos para lograr la meta establecida era el carácter de Esteban, su terquedad y su temperamento tan cambiante, unas veces dulce y amistoso y otras violento y hasta grosero, al principio era algo incontrolable pero tanto el sacerdote como Don Ricardo tenían fe de que con los años en medio del apoyo, amor y confianza lograse cambiar su conducta, para esto pasaban largas horas de conversación con el chico indagando sobre el porqué de su comportamiento pero él era muy reservado, tanto que ni siquiera en secreto de confesión daba detalles de su vida. Pero su historia era larga y triste solo que en medio de su obstinación creía que solo él podría conocerla y llevar tan pesada carga hasta que pudiera buscarle el final feliz que tanto ansiaba. Ortiz diariamente tocaba el tema con el Padre esperando obtener una respuesta que le diera la oportunidad de ganarse la confianza del rebelde jovencito pero al ver que el Presbítero no lograba entrar en su tan cerrado mundo no tuvo ni siquiera el valor de preguntarle él mismo por temor al rechazo y que luego este quisiera alejarse de ellos. Por esta razón confiaban en su inteligencia y sus buenos sentimientos, que un día se dejaría llevar por la razón y el mismo dominaría su carácter inestable. Al principio Esteban desconocía por completo la religión católica y sus bases, así que fue una dura tarea para el padre hacer que este se acoplara a la iglesia o por lo menos que se interesara en saber sobre ella, su vocabulario era repugnante y vulgar y sus actitudes eran mucho peor pero el anciano con el que compartía la vigilancia del colegio lo fue instruyendo en la fe apoyándose en el respeto que se había ganado de él, para este señor los domingos era obligatorio ir a la iglesia antes de cualquier cosa incluso hasta de desayunar y esto le parecía muy extraño al adolescente rebelde, no entendía el porqué de tanta devoción. _ ¡Otra vez! ¡Ya no fue la semana pasada!,  ¿Por qué lo obligan a ir todos los domingos? ¿Qué pasa si no va un día? Ellos saben que usted está enfermo… Y ¿Si le pasa algo en el camino?_ preguntaba Esteban a su compañero, el veía que a veces este hombre estaba cansado o con algún malestar y aun así se levantaba muy temprano para cumplir con Dios. _ ¡No tienen obligarte para animarte a buscar tu propia salvación!_ respondía el sexagenario hombre. _ ¿Entonces qué es lo hacen allí que le gusta tanto? _ Cuando quieras ven conmigo y lo descubrirás tú mismo pero te advierto una vez que entiendas el mensaje y lo pongas en práctica ¡ya no podrás dejarlo!... ¡Pero normalmente eso tarda en suceder! ¡Y hay personas que mueren de viejas sin haberlo entendido! Fue tanta la curiosidad de aquel jovencito que el siguiente domingo decidió acompañar al anciano. Nunca había entrado a un templo por eso esta experiencia fue muy interesante para él, se quedaba observando de lado a lado, se sentía más bien asustado y no se separaba de su acompañante, tampoco dejaba de hacer preguntas en medio de las lecturas y la homilía. “¿Esto es para qué?”, ¿cómo se llama eso?, ¿Y por qué se arrodillan todos? ¿Todos se tienen que abrazar? Yo aquí no conozco a nadie mejor me voy para afuera y lo espero allá ¿Qué es eso que les están repartiendo? El pobre hombre se cohibió hasta de ir a comulgar por miedo de que Esteban le hiciera pasar una vergüenza delante de todos, es que eran tantas las preguntas que tampoco pudo prestar la debida atención a lo que se decía durante la ceremonia por estar tratando de silenciar al intrigado chico. Cuando Esteban vio a David sentado cerca del altar le llamó mucho la atención, así que cuando terminó la eucaristía se propuso buscarlo para hablar con él pero no lo encontró, sin embargo estaba seguro que los siguientes días lo vería en el colegio. Al llegar de nuevo a la pieza donde vivía, aquel señor se sienta a explicarle a Esteban todo lo que necesitaba saber a cerca de la ceremonia dominical, la biblia y la vida cristiana en medio de múltiples preguntas que el chico le hacía muchas veces interrumpiendo su relato y sin dejar sus ocurrencias malintencionadas. El lunes cuando pudo hablar con David no se contuvo de preguntarle que hacia allí. _ ¡Yo vivo en la casa del cura!_ respondió _ ¿Qué? ¡Me imagino lo aburrido que debe ser! ¡O sea que no te escapas ni de una misa! _ ¡No es tan malo! Primero aprovechaba de dormir porque me sentaba en las bancas de atrás, pero ahora tengo que estar despierto ya que me asignaron un lugar al lado del altar y el padre me tiene vigilado, pero después que se acaba la misa puedo hacer lo que quiera. _ Y los otros que estaban contigo ¿también viven con el cura? _ Sí, todos _ Debe ser un trauma para ustedes, porque seguro el padre debe vivir regañándolos a diario y prohibiéndoles hacer cosas. ¡Ya me lo imagino! _ ¡Para nada! Ese Padre es muy amable, si nos regaña de vez en cuando, pero la pasamos bien, comemos lo que queremos porque la gente del pueblo le lleva comida para nosotros casi todos los días, a veces es demasiada la que traen que le damos a otras personas. Además, Jugamos fútbol en el patio y paseamos con él todo el tiempo, claro, también ayudamos en los oficios, tenemos que limpiar la iglesia y la casa, recoger basura, lavar los platos pero vivimos bien, es más divertido de lo que parece, en la tarde después de clases vamos a trabajar con el carpintero y en las noches se sienta con nosotros nos cuenta alguna historia y no explica cosas de la biblia que en su mayoría son preguntas que los nosotros  mismos les hacemos. _ ¿Y exactamente que es esa biblia? _ ¡Es como un gran libro de cuentos, pero se supone que todo eso es cierto!  ¡Al menos es lo que el Padre dice! La semana siguiente de nuevo el anciano se acerca con su compañero a la iglesia y esta vez por lo menos escuchó en silencio y dejó que los demás hicieran lo mismo. Ahora sentía más curiosidad por los cuentos que traía ese famoso libro. Poco a poco se iba acercando más al sacerdote, la iglesia y a los jovencitos que vivían con el cura. Así Esteban se preparaba para formar parte del proyecto que tenían preparado para él y David.  Los planes de Ricardo y el Padre Juan Pablo eran muy nobles, sin embargo la señora de Ortiz no debía enterarse pues aunque muy enamorado estaba su esposo él no confiaba del todo en su amada señora, en el fondo sabía que ella sería capaz de arrebatarle el sueño de la manos a aquellos jóvenes incautos, por esta razón mantuvieron todo en secreto incluso hasta de los mismos beneficiados quienes solo pensaban que les daban un lugar donde construir un hogar para ellos vivir en paz. CAPITULO II AQUEL ENCUENTRO CASUAL   David y Esteban se mudaron a su nueva casa, que al principio era solo de tablas de madera que ellos mismos habían colocado sobre aquellas majestuosas columnas cubriendo así dos de las habitaciones y que luego destinaron para una sala-cocina y el cuarto, uno de los baños estaba casi terminado, las camas y los demás muebles fueron donados por algunas personas que frecuentaban la iglesia y otros los consiguieron trabajando, así que poco a poco con esfuerzo y mucha ayuda lograron tener algo cómodo donde vivir. La convivencia de estos dos jóvenes no fue del todo fácil, David se empeñaba en preparar la comida, emocionado con tantas cosas que les donaban y lo que ellos mismos conseguían, pero no tenía idea de aquel oficio y terminaba improvisando ingredientes que daban como resultado un desastre culinario, quemado o crudo, de mal aspecto que raramente podía digerirse o por lo menos llevarse a la boca. Esta era una de las razones de muchas discusiones que diariamente había entre los dos. Esteban con los días ya estaba aburrido de esta situación y decidió a la salida del trabajo pasar a visitar al Padre con la intención de cenar y así evitar enfrentarse a David y su menú, en vista de esta situación este comenzó a disminuir la cantidad de sus preparaciones para no desperdiciar, así se resignaba a una cena en solitario mientras miraba los programas que le ofrecía un pequeño televisor que les habían regalado, entonces las noches se hacían más aburridas hasta que su compañero volvía de la calle horas más tarde. Con los meses las continuas peleas empezaban a cesar y comenzaban a verse como buenos amigos aunque la malicia que cada uno poseía evitaba que la confianza plena reinara entre ellos, ambos estaban a la expectativa esperando que en cualquier momento se defraudaran uno al otro, no obstante en los momentos libres de tensión se despojaban de sus temores y se disponían a disfrutar de aquel inmenso patio jugando al futbol, era su deporte favorito y muchas veces terminaban empapados de sudor casi a media noche. Con la excusa de que la iglesia quedaba ahora muy lejos estos chicos dejaron de asistir a las misas dominicales, ahora estaban solos y podían decidir por sí mismos que hacer con su tiempo y que no, pero el Padre los visitaba casi a diario, les llevaba cosas pero también les reclamaba la ausencia durante la eucaristía. Lo mejor era que ellos ya veían en aquel sacerdote a ese abuelo a quien querer, respetar y obedecer. Ya el Padre Juan Pablo se había empezado a ganar su afecto y confianza, pero también el privilegio de no recibir una mala palabra, un insulto o grosería por ninguno de los dos, aunque Esteban no hablaba de su pasado prefería quedarse en silencio antes de salirle con una de sus acostumbradas respuestas ofensivas y evasivas frente a los interrogatorios de sacerdote.   Unos meses después de haberse mudado David y Esteban a su nueva casa comenzaron a sucederles situaciones que más tarde afianzarían la lealtad entre ellos, a veces tenían que defenderse de otros jóvenes quienes pretendían agredirlos físicamente cuando estaban en la calle trabajando o en la escuela, en esos momentos la unión de estos dos huérfanos bastaba para disipar a los agresores, comenzaron entonces a sentirse seguros al contar el uno con el otro. Como siempre al salir de la escuela cada uno de ellos hacia diferentes trabajos, ese día a Esteban le tocó ayudar a un señor que tenía una frutería en un barrio algo peligroso, aunque él se sabía defender de situaciones de alto riesgo gracias a su experiencia de vida no estaba muy a gusto trabajando allí. De pronto ve a dos niñas acercarse al lugar una de mayor tamaño que la otra, andaban solas y muy mal vestidas, descalzas y despeinadas. El dueño de la frutería dejó lo que estaba haciendo y salió a atenderlas, le pidió a Esteban que les preparara una bolsa con algunas frutas mientras él le hacía un batido y se los servía. La más grande tomó los batidos y compartió con su acompañante les agradeció a los dos y se fueron muy sonrientes y agradecidas por el regalo. El Sr. de la tienda miró la cara de su empleado algo extrañado y le preguntó. _ ¿Algún Problema? _ No, ninguno, solo me preguntaba ¿De dónde son?_ dice Esteban _ ¡Ni idea!_ respondió el Sr. _ Hace varios días que vienen por aquí y se ve que no han probado bocado, por eso yo les doy algo para que coman y beban y luego se van hasta el día siguiente que vuelvo a verlas. _ ¿Y no sabe dónde viven o quiénes son sus padres? _ No, para nada. Yo tengo más de 7 años trabajando aquí y no las había visto antes y aunque les pregunté a varias personas que vienen constantemente a comprar tampoco las conocen. _ Es triste como alguien puede echar a la calle a unos seres tan indefensos y frágiles. Yo me crié en las calles pero nunca estuve solo siempre hubo alguien que me tendió la mano, me enseño a vivir y me protegió de los peligros. _ A veces no podemos juzgar sin saber lo que realmente ha pasado, podríamos decir: ¡Que madre sin corazón lanza a sus hijas pequeñas a enfrentarse a los peligros del mundo! O decir cosas peores, ¡Qué sé yo! Pero eso no es lo peor. _ ¿Qué es lo peor? _ Que nadie quiere saber qué pasó, nadie quiere tener algo de responsabilidad, preguntarles, ayudarles, buscarles un hogar si no lo tienen y darles lo que necesitan. _ Así pasa siempre, por eso hay tantos niños en la intemperie, sin techo, comida, educación, sin un gesto de amor.   La conversación se extendió por un buen rato mientras las niñas se habían alejado del lugar, eran casi las 6 de la tarde y llegó la  hora de cerrar el local, Esteban se despidió de su patrón y se disponía regresar a su nuevo hogar cuando se escucharon algunos disparos que se repetían varias veces, al parecer un enfrentamiento de bandas delictivas se estaba llevando a cabo a pocas calles de allí, cada vecino buscaba la forma de protegerse de las balas cerrando puertas y ventanas y Esteban solo se escondió detrás de una pared donde estuvo paralizado por varios minutos, hasta que pudo ver a una de las niñas que había estado en la frutería, estaba llorando detrás de un pote de  basura y estaba sola. _ ¡No puede ser! ¿Dónde está la niña más grande? Pensaba Esteban desde su escondite.   Aquella niña más grande por la que Esteban preguntaba se llamaba Gina y se encontraba del otro lado de la calle también oculta ya que al momento de comenzar la balacera ella se devolvía para recoger unas frutas que se le habían caído de la bolsa, mientras la niña más pequeña llamada Vicky seguía caminando adelante, todo sucedió tan rápido que no le dio tiempo de cruzar a la otra acera y quedaron una a cada lado de los delincuentes. Pronto llegó la policía y los pistoleros de dispersaron aunque seguían disparando esta vez a los agentes, Gina pensó que era la oportunidad de buscar a su hermana pero ya Esteban había ido por ella y la había alejado del peligro, cuando ella llegó al lugar donde había estado la pequeña y no la encontró se desesperó y salió corriendo hacia donde estaban huyendo los maleantes, pues se imaginaba que eran ellos quienes se la habían llevado, en el intento de rescate fue rosada en el abdomen por una bala perdida y al sentirse sangre en su ropa se llenó de miedo y no contuvo las lágrimas ya que pensaba que quizás moriría sin encontrar a Vicky. Pero Esteban se encontraba dispuesto a buscarla por eso al calmarse la situación un rato más tarde la encontraron sentada en suelo llorando. Ahora ya las dos reunidas fueron llevadas al ambulatorio más cercano donde su defensor se hizo pasar por hermano de ambas para que las revisara un médico. Al ser dadas de alta pues no presentaban heridas graves Esteban las llevó con el Padre Juan Pablo y le explicó lo sucedido pero el sacerdote no quiso que se quedaran en su casa esa noche, decía que era muy delicado el tener dos niñas en un lugar donde dormían solo varones, sin embargo fue a buscarles posada con una familia del pueblo pero no los encontró.   Esteban no lo pensó mucho y se las llevó consigo a su casa sin permiso del sacerdote, cuando llegaron se encontraron con la sorpresa de que David había llevado también a dormir allí a otras dos jovencitas, Kelly y Dayana a quienes había encontrado en una zona alejada buscando comida entre el basurero mientras este trabajaba el día como ayudante de un camionero, al salir de su trabajo buscó un taxi que lo llevó al lugar donde todavía estaban estas criaturas y no dudó al igual que su amigo en ayudarles.   Aunque habían andado juntos los últimos dos años esa noche desconfiaban más que nunca el uno del otro y pasaron sin dormir hasta el amanecer por el hecho de proteger a sus refugiadas de algún intento de abuso, pero ninguno tomaba la iniciativa de hablarle al otro del tema o del temor que sentían, mientras cada quien vigilaba en silencio aparentando estar dormido cualquier movimiento que hicieran aunque muy involuntario provocaba una reacción de alerta en el otro que se manifestaba con bostezo, tos o algún otro sonido que advirtiera que estaba atento. Para ese tiempo ya habían arreglado un poco más la vivienda ahora contaba con 2 cuartos, el baño grande y cómodo aparte de la cocina y el comedor por separado aunque aún seguía siendo de paredes de madera.   A la mañana siguiente, se dedicaron a atender muy bien a sus invitadas quizás para tratar de cubrir algo de las carencias por las que ellas estaban pasando y demostrarles que podían contar con ellos. Gina desde el primer día demostró que era capacitada para realizar todos los quehaceres de una casa, seguida por Dayana se encargaron de asear, cocinar y cuidar a las más pequeñas, esto fue un gran alivio para Esteban, sobre todo al degustar los alimentos que ellas preparaban. _ ¡Es la primera vez que se come algo digno en esta casa!_ Refería Esteban a Gina y Dayana mientras comía, él disfrutaba molestando a su compañero hasta hacerlo perder la paciencia. _ Si yo cocino tan mal ¿Por qué no lo haces tú?_ Respondía David molesto por el comentario. _ ¡Estaba a punto de hacerlo, hoy precisamente, por miedo a que las niñas se enfermaran del estómago, pero ya no será necesario! ¡Pero, ven para que disfrutes el sabor de una comida decente!_ Decía Esteban con su característico humor n***o dándole golpes a una silla que tenía al lado, invitando a David a sentarse junto a ellos. Gina y Dayana se sintieron agradecidas con los comentarios de sus benefactores y vieron la oportunidad de tener protección, techo y alimentación a cambio de hacer lo que hasta ese momento era lo que más les gustaba. Después de desayuno cada uno salió por su lado pero esta vez no fue a estudiar sino a buscarles ropa limpia, calzado y más comida para las recién llegadas. David llegó primero con una de las colaboradoras del Padre, la intención era que les buscara un hogar seguro a las cuatro niñas, donde no les faltara nada, pero no lo logró la Sra. sin embargo se comprometió a ayudarles con lo que ellas necesitaran y aunque sí le ofreció un trabajo a Gina no podía albergar a ninguna en su casa. El trabajo consistía en ayudarle en su taller de costura por las tardes pero tenía que estudiar en el día, ella misma fue a inscribirla con el Sr. Ricardo con quien conversó a cerca de las nuevas inquilinas y ambos consiguieron entre sus amigos familias que se hicieron cargo de los gastos y la educación de cada una de ellas pero era necesario que estuvieran con David y Esteban para sumar responsabilidad entre ellos y así con más personas que lucharan por la causa sería mucho más sencillo lograr el objetivo, poco a poco se adaptaron al grupo sin recibir por parte de ninguno algún trato especial que pudiera tomarse como preferencia o discriminación.   Gina al principio no quería dejar a Vicky con los demás, pues sentía que no la protegerían como ella lo hacía, que fue capaz de fugarse de un orfanato para buscarla porque sabía que las personas que se la habían llevado no eran confiables. Esa fue solo una de tantas cosas que Gina hizo por su hermana. Ella tenía 13 años pero se defendía como una fiera, era astuta, ágil como nadie para escabullirse y camuflarse entre la multitud siempre buscaba entre la gente alguien que inspirase confianza y le era muy fácil ganarse la simpatía de esas personas. Era muy delgada y pálida por su mal nutrición, ojos cafés, cabellos castaños y una espectacular sonrisa que le adornaba el rostro, mientras que Vicky, que ni siquiera era pariente de sangre sino que siempre estuvieron juntas y se querían como hermanas, apenas había cumplido 9 años según la fecha que le habían dicho que era la de su nacimiento en el orfanato donde estaban, al igual que su amiga se encontraba mal alimentada, pero era muy lista con una mirada pícara, ojos y cabellos negros, espontánea, curiosa. Estuvieron varios años en aquel lugar de niños huérfanos pero fueron adoptadas por familias distintas que las llevaron a vivir a una gran ciudad pero años después donde Gina vivía se presentó una situación de infidelidad que hizo que la madre adoptiva se alejara de todo dejando casa, trabajo, esposo y a la niña que había recibido en su hogar sin importarle nada. La niña que solo tenía 9 años entonces buscó la dirección donde estaba Vicky de apenas 4 años para saber cómo estaba y luego volvió al orfanato, desde allí siempre se comunicaban por teléfono por un tiempo, pero 3 años después se enteró por medio de un periódico que la familia que tenía a su hermana estaba implicada en casos de asesinato y corrupción, así una noche se trepó por la pared y como pudo llegó a donde estaba Vicky, poco después la familia desapareció de la ciudad y las niñas comenzaron a caminar solas en las diferentes calles. En varias ocasiones fueron ayudadas por gente que se condolía de ellas, les daban comida y techo por unos días pero Gina siempre se escapaba una vez más, su desconfianza hacia la gente no le permitía dejarse ayudar por mucho tiempo, además un solo desprecio que le dijeran a su hermana era suficiente para huir de ese lugar.   El caso de Dayana y Kelly era muy diferente, ellas eran criadas por una señora que recogió 4 niños de la calle, les daba estudio y lo que estuviera a su alcance pues también era muy pobre, ella lavaba y planchaba ropa ajena en su casa y vendía comida en las escuelas y hospitales cercanos, los niños que ella cuidaba nunca fueron explotados, al contrario ella les enseñaba muchas cosas buenas, les inculcaba sus creencias religiosas y los llevaba a los talleres para que aprendieran a trabajar después de clase donde cada uno se desenvolvía muy bien con lo cual se sentían siempre motivados, con lo que ellos cobraban y ella ganaba semanalmente compraban la comida de todos, no era mucho lo que tenían pero estaban en un hogar y bajo un techo. Kelly tenía solo 10 años mientras Dayana que era la mayor ya contaba con 12 y ya sabía perfectamente los quehaceres de una casa, era muy tranquila y algo tímida, no era muy buena estudiante pues le ayudaba siempre a la señora que los cuidaba y cada vez le quedaba menos tiempo para estudiar sobre todo cuando la señora quedó en cama debido a una enfermedad terminal, ella era quien hacia todo lo posible de que no faltase alimentos y medicina en la casa pero cada vez fue empeorando la salud de aquella buena mujer y la situación de los jovencitos a su cargo, los dos varones se fueron buscando otro sitio donde vivir pero ellas se quedaron hasta que su protectora murió, las cosas se complicaron cuando apareció un dueño de aquella casa que las echó a la calle porque la difunta nunca había terminado de cancelar el inmueble y ya tenía nuevo comprador. Desde ese momento estaban solas sin casa ni protección, días después otra señora les ofreció posada  pero solo estuvieron una semana allí, la dueña tenía dos hijos varones que viendo la situación se dedicaron a humillarlas, a tratarlas como esclavas y hasta golpearlas sin razón, en vista que no se hacía nada al respecto decidieron marcharse nuevamente y pasaron solo 2 días cuando David las encontró. Era inevitable para estas 4 niñas sentir miedo o desconfianza pero al verse juntas en la misma situación decidieron unirse para evitar cualquier forma de peligro, se imaginaban un sin fin cosas desagradables a las que pudieran enfrentarse así que entre ellas hablaban de qué hacer si pasaba esto o lo otro, las primeras horas estaban atentas a la defensiva de cualquier amenaza y dispuestas a escapar, pero la actitud de sus anfitriones hizo sembrar la confianza en aquellas jovencitas desamparadas, también que se sintieran útiles, aceptadas y valoradas sin tener que dar nada a cambio.
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