Antonella:Su aliento aún rozaba mi cuello cuando sonó el golpe en la puerta. Firme. Inoportuno real. Como un recordatorio violento de que no estábamos solos en este juego peligroso. Lo empujé con ambas manos, sin delicadeza, como si con ese contacto pudiera borrar todo lo que me provocaba. Sentí su resistencia por unos segundo antes de que diera un paso atrás, casi con rabia contenida. —No es el momento— solté en un susurro que se quebró al final. Sin mirarlo, crucé la oficina y me encerré en el baño. No sabía si quería limpiarme la piel o solo recuperar el aliento. Apoyé las palmas contra el lavamanos y bajé la cabeza. El espejo no me devolvía la imagen de una mujer tranquila, me devolvía la de alguien al borde de una decisión. Fabricio:El eco de la puerta del baño cerrándose me perfo

