VIVIENDO EL MOMENTO

1698 Words
Los besos se hicieron cada vez más apasionados entre Ángelo y Rebecca. Ambos se dedicaban cada roce con todo el amor que sentían. Las emociones se aglomeraban en el pecho de la chica, por lo que los besos que le regalaba a su compañero se hicieron más intensos con cada ocasión, pero no paró su acción hasta el punto en que sintió que se le cortaba la respiración. Se separaron para recuperar el aire. Se miraron a los ojos por un instante. Ambos sonrieron con complicidad. Aunque no lo sabían aún, ese había sido su primer momento especial como pareja. La joven se separó del chico y nadó despacio de vuelta al Yate. Subió por las escaleras hasta la cubierta. Ángelo la siguió para ingresar al barco tras de ella. Se quitaron sus trajes de buceo quedándose en traje de baño. El chico le acarició la mano para luego tomarla con la de él. Rebecca observó cómo sus manos se entrelazaban y sonrió con alegría. Le gustaba aquella imagen. Volteó a verlo en ese momento, pero ninguno dijo nada, solo se miraron mientras continuaban sonriendo. Realmente no hacían falta las palabras, con sus miradas se decían mucho más de lo que pudiesen expresar con su voz. – Me iré a duchar –exclamó Rebecca de forma tranquila. – Está bien –se limitó a decir el chico aun sonriendo. La joven se soltó del amarre de su mano y comenzó a andar en dirección a la habitación principal. Ángelo avanzó tras de ella. Al llegar al cuarto, la chica ingresó de inmediato en la ducha. Aún llevaba puesto su traje de baño y el joven no dudó en entrar a bañarse con ella. Rebecca solo le sonrió. Sus mejillas se tornaron rojas y se mordió el labio inferior de lo apenada se sentía. Él le regaló un nuevo beso en los labios. Ella estaba extasiada con aquel momento. Todo había sido mejor de lo que alguna vez soñó. Luego de esos pequeños segundos de romance, Rebecca decidió darle la espalda al chico para ducharse un poco y quitarse toda la sal que llevaba en su cuerpo. Ángelo la sorprendió dándole un pequeño beso en la espalda y luego otro en su nuca. Un cosquilleo recorrió el cuerpo de la chica, pero esta no dijo nada. Se limitó a sonreír ocultando su rostro enrojecido. Se mantuvo de espalda al chico. Durante los siguientes minutos en el baño, ambos se dedicaron a lavarse el cuerpo y el cabello. Debían quitarse todos los residuos del mar que había en ellos. Permanecieron en silencio hasta que la chica gritó de golpe. – ¡Ah! –exclamó Rebecca mientras volteaba la mirada hacia otro lado para no enfocarla en Ángelo. El chico se encontraba completamente desnudo ante ella. Se había deshecho de su traje de baño mientras se duchaba. Rebecca había estado en todo momento dándole la espalda, así que no notó la situación hasta que se giró. – ¿Qué ocurre? –preguntó el joven de la manera más inocente y divertida. – ¡Eres un completo pervertido! –le regañó la chica sin querer verlo. – ¿Por qué? Solo me estoy bañando como debe ser –respondió tranquilamente con una sonrisa. Rebecca no supo que hacer. Era la primera vez en su vida que tenía a un hombre desnudo frente a ella. Mantuvo la mirada girada hacia otro lado para no verlo. Sentía como los nervios la invadían, por lo que cuando el chico se acercó más a ella para tomarla de la mano, esta salió corriendo del baño. No quiso ni siquiera mirar a atrás. Estaba asustada, así que simplemente se limitó a cambiarse lo más rápido que pudo y salió de la habitación para regresar a cubierta. Permaneció en aquel lugar por algunos minutos intentando tranquilizarse. Miraba el mar que se mantenía en calma frente a ella. No sabía qué hacer. Su corazón comenzó a latir acelerado al escuchar unos pasos acercarse tras de ella. Era Ángelo. – Lamento haberte asustado –le dijo con voz suave. Rebecca volteó para verlo– ¿Estás bien? –preguntó. Ella asintió. – Sí. No hay problema –respondió en voz baja, un poco nerviosa. – Regresemos a la residencia ¿te parece? –Rebecca aceptó. Un momento después se encontraban de vuelta en la mansión de Ángelo. La chica se apresuró a agradecerle por el viaje y darle las buenas noches. Caminó en dirección a su habitación. El joven suspiró un poco decepcionado al ver partir a su amada. Las cosas no terminaron como él esperaba, pero no se rendiría. Mañana sería un nuevo día para intentar conquistar el corazón de esa mujer. Rebecca ingresó en su habitación para encontrarse con su mejor amiga acostada en su cama. Estaba jugando con su celular mientras esperaba el regreso de la chica. Apenas la escuchó entrar, se levantó emocionada y corrió hacia ella. – Cuenta, cuenta, cuenta ¿Cómo estuvo todo? –preguntó emocionada tomándola de la mano y tirando de ella hacia la cama. Ambas se sentaron sobre esta. La cabeza de Rebecca daba vueltas entre tantas ideas. – Fue… no sé cómo explicarlo –comenzó a decir. Su amiga la miró confundida. Los sentimientos se mezclaban en el interior de la chica creando una sensación de asfixia. Respiró profundo y comenzó a contar a Marisa todo lo que había ocurrido en su cita. Desde su hermosa aventura submarina hasta su inesperado casi final dentro de las cuevas. La chica se asustó al escuchar a su amiga decir que estuvo a punto de morir ese día, pero se alegró saber que Ángelo había llegado a tiempo para salvarla. Ella estaba segura que ese hombre era el príncipe soñado de Rebecca, por eso quiso seguir dándole empujoncitos para ayudarla a salir del caparazón en donde estaba metida. – Espero que después de haberte salvado tan heroicamente, por lo menos le hayas regalado un beso –dijo Marisa en tono de broma, pero al ver que su amiga se sonrojó mientras intentaba ocultar su sonrisa, supo que sí lo había hecho, por lo que comenzó a gritar de emoción. Rebecca la regañó para que bajara la voz, pero no le quedó más opción que contarle sobre aquel beso. De igual manera continuó con la historia y le narró lo ocurrido en la ducha. No sabía mentir y estaba segura que la chica no la dejaría en paz hasta que le contara la historia completa con lujos y detalles. Estuvieron charlando y riendo por largo rato. Marisa estaba emocionada de que poco a poco las cosas entre su amiga y Ángelo se estaban dando. Aunque por su lado, Rebecca aún albergaba ciertas dudas en su interior sobre si debía o no aceptar al chico. El tema de la mafia le preocupaba bastante, pero no había manera de negar que estaba enamorada de ese hombre, así que debía decidir pronto que hacer. Las chicas estaban conversando amenamente cuando el teléfono de Marisa sonó. Era Steve. Quería llevarla a pasear a la playa bajo la luz de las estrellas. Ella se emocionó, así que tras terminar la llamada, se despidió de su amiga para irse a su cita romántica. – ¡Uy! Casi me olvido –exclamó de repente Marisa antes de salir por la puerta. La joven caminó a prisa hacia la cama y sacó una pequeña caja que tenía escondida debajo de esta– Es para ti –le dijo entregándosela a Rebecca. – ¿Por qué? ¿Qué es esto? –preguntó confundida tomando la caja que le daba su amiga. Era de color blanco con un gran moño rojo. – Es un pequeño regalo que te quiero hacer. Sé que te será muy útil amiga… ¡Me voy! –le dio un beso rápido en la mejilla y se apresuró a salir de la habitación a toda prisa. Los ojos de Rebecca se posaron sobre la caja que tenía en las manos. Lucía como un regalo cualquiera, así que se dispuso a abrirlo. Le quitó el moño y luego la tapa. Sus ojos se abrieron como platos al descubrir el contenido. Se trataba de una pequeña colección de juguetes sexuales. La joven se quedó con la boca abierta ante tan inusual regalo, pero le había causado algo de curiosidad, así que introdujo su mano dentro de la caja para revisar mejor los objetos. Se trataba de varios juguetes de diferentes tamaños. Algunos de ellos eran completamente extraños y nuevos para ella. No tenía ni idea de qué eran ni mucho menos como se usaban. Rebecca tomó uno de los juguetes entre sus manos. Era una especie de aro pequeño color rosa. Lo observó confundida. Estaba concentrada en el objeto intentando descubrir qué era exactamente aquello cuando el sonido de un carraspeo la sacó de sus pensamientos. Se giró rápidamente manteniendo la caja y el objeto oculto detrás de su espalda. Sus ojos se abrieron aún más ante la sorpresa de descubrir que quien se encontraba frente a ella era Ángelo. Este estaba apoyado en el marco de la puerta. El joven le sonreía pícaramente. El rostro de Rebecca cambió entre el blanco del susto y el rojo de la vergüenza. – Hola –dijo la chica tímidamente. Ángelo la observó con un brillo de travesura en sus ojos, pero decidió no decir nada. – La cena está servida –exclamó con voz tranquila. – Ok. Ya voy –se limitó a decir. Ángelo se tomó unos segundos más para mirar a Rebecca de pies a cabeza mientras sonreía con picardía, luego se dio media vuelta sobre sus pies y se retiró de la habitación. Rebecca suspiró. No sabía si el chico había visto el contenido de la caja, pero en su interior le pedía a Dios que no hubiese sido así, se moría de vergüenza de solo pensar que el hombre la había descubierto revisando esas cosas. Respiró profundo intentando calmarse y corrió a esconder la caja en su maleta. Luego pensaría bien en donde podría ocultarla para que nadie la encontrara. Se arregló un poco la ropa, volvió a tomar aire para recuperar su tranquilidad y caminó en dirección al comedor.
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