La mansión estaba sumida en la oscuridad. Luciano se había quedado en la puerta de la habitación durante casi una hora, observando a Rebecca dormir. Las palabras de Max no dejaban de resonar en su mente como veneno. "Yo lo arreglé todo, amigo. Todo. Cada encuentro, cada oportunidad. Incluso su salvadora carrera hacia ti. Ese viaje de vacaciones, esa isla, esa conexión que creyeron que era destino... fui yo orquestando cada movimiento." ¿Podía confiar en ella? ¿En quién podía confiar? Luciano bajó las escaleras en silencio absoluto. Su teléfono vibró. Era un mensaje de Velán: "Esperando órdenes, señor." Diez minutos después, Velán estaba en su despacho privado. La mujer entró con su habitual profesionalismo, pero Luciano notó la curiosidad en sus ojos. Él no le había permitido verlo des

