Capitulo (6-1)

1446 Words
El tiempo ha pasado lo suficientemente rápido como para que llegara la fiesta de primavera de la familia Felicce, en donde, las mujeres que asistan a la misma, eran la principal atracción, belleza, gracia, talento y elegancia, por no mencionar más. Esta era la perfecta oportunidad para que Rossy, a sus 13 años de edad, destacara entre todas las damas, no para algo como el matrimonio, sino que, su presencia fuera tomada en cuenta, todos los hijos de la casa Felicce en algún momento hicieron su aparición delante de los tantos socios de Frederick, los cuales, en su mayoría, provenían de la maravillosa Italia, y claro, también de aquellos que son originarios de América, entre tantos más. Luego de ocho hijos, todos fuertes varones, era emocionante ver finalmente, un rostro suave, delicado y femenino. Rossy Felicce, quien daría de que hablar en esta fiesta, donde, muchos esperaban verla, ¿Cómo sería? ¿Acaso era cierto que su belleza era una exquisita mescla entre Frederick y su esposa Viena? ¿Cómo se comportaría ante la sociedad juzgadora que no parara de mirarla? Muchas preguntas, que por ahora no tenían respuesta alguna. Pero, esto no dejaba de emocionar a todos los invitados. Como cada año, la familia Felicce, siendo parte de las cuatro casas aliadas, ofrecen una fiesta en cada estación del año presente. Los Kahler, se encargan del otoño, los Abbey, del verano, los Novicokv del invierno y por supuesto, los Felicce de la primavera. Viena, es quien se encarga de liderar esto, las decoraciones, comidas, bebidas, música, vestimenta y por supuesto, del entretenimiento. Saber que ahora, su única hija estaría delante del ojo público la hacía sentir escalofríos, era de saberse que existían algunos socios de su esposo que, cualquier cosa que vieran, no importa que sea lo más insignificante, si les gustaba, lo querrían y conseguirían hagan lo que hagan, no está de más recordar que, Alessandro, tenía la intención de buscarle esposo a su hija, inmediatamente Rossy cumpliera los 19 años, aunque claro, Frederick no dejaba de decirle que tenía un plan, pero, no le decía cuál era, esto desesperaba en gran medida a la señora de la casa Felicce, sin embargo, debía ser fuerte, por ella, por su hija y por la vida que había elegido hace tantos años atrás. Viena confiaba en su esposo con los ojos cerrados, solo en Frederick, pero no en los demás, pero, si había algo que el jefe de la mafia italiana siempre hacía, era cumplir con su palabra, Frederick le dio su completa palabra a Viena, de que, en el futuro, Rossy estaría bien, que no tenia de que preocuparse, y que luego, se lo estaría agradeciendo bastante. Pese a que los años pasen, Frederick siempre sabia como traer paz a la vida de Viena, al igual que en aquel día en el que se conocieron, Frederick sintió que se enamorada nuevamente, eso no le había pasado desde que conoció a su primera esposa, Francesca, quien murió a causa del cáncer, años después de traer al mundo a su ultimo hijo, Luciano, ciertamente, Frederick había quedado devastado por completo, sin embargo, como jefe, tenía que mantenerse fuerte, y bajo una máscara oculto el dolor de su luto, hasta el día en el que, Viena, apareció frente suyo, ojos tan hermosos y brillantes, cabello rojo como un devastador incendio, atrayente, y sensual, la mujer ni siquiera necesitaba usar maquillaje, su belleza era completamente natural, acompañado de una personalidad fuerte, decidida, a veces, tímida y callada. Divorciada a sus 30 años de edad, conocer a Frederick Felicce conllevaba aceptar su vida, sus hijos, la mafia más poderosa de toda Italia. Ella acepto, lo amaba, se amaban, con locura y pasión. Frederick y Viena pasaron años para poder ser padres, y un día, sin que se lo hubieran esperado, Rossy estaba en el vientre de la nueva señora de la casa Felicce, y desde entonces, no hubo cosa que Frederick no haga con tal ver a su amada esposa sonreír, como ahora, quería mantenerla en completa calma, pero, por más que la señora de la casa Felicce dijera que estaba bien, en el fondo, esto se mantenía como una pequeña mentira, la cual luchaba por salir, cualquier madre estaría igual en el lugar de Viena, no importa que pasaría con ella, su destino fue escogido únicamente por ella, y nadie más, sin embargo, su quería Rossy, apenas estaba empezando a vivir. En fin. En un lugar diferente de la casa Felicce, Rossy se encontraba en su cama, acostada, tocaba sus labios cada tanto, y su mente se encargaba de mostrarle aquel recuerdo del beso con Axel Kahler, su mejor amigo. Y aunque ahora Rossy sentía mucha vergüenza, no es que aquello le haya disgustado, muy por el contrario, cada que lo recuerda, ella siente como se posan cosquillas en su estómago, y su corazón late de manera apresurada, tampoco es que Axel se mostrara disgustado ni mucho menos, el joven heredero de la casa Kahler, se ha mostrado incluso bastante dominante, saliendo de aquel caparazón cada que tenía que socializar, para alguien como Rossy, que estaba acostumbrada a tomar el mando, esto ha resultado bastante interesante. —Oh, Dios mío…Mi primer beso fue con mi mejor amigo. —Murmura Rossy ocultando su rostro entre sus manos, aprovecha que se encuentra sobre su cama para rodar un poco, eran de los pocos momentos en los que Rossy se encuentra tranquila, sin clases, sin entrenamientos y sin hermanos, solo ella con sus pensamientos. —Lo peor es que, desearía otro. —Se dice para sí misma, esperaba que su relación con Axel no cambie para nada, pero eso sería mucho pedir, es decir, ¿Habría que disimular cuando ellos estén juntos? Después de todo, no es como si al tocar los labios del otro, ellos se hubieran apartado de inmediato, más bien, siguieron hasta que el aire empezó a faltarles. ¿Cómo habían llegado a eso? En un momento parecía que simplemente estaban recuperándose del agotador entrenamiento y después, silencio, se acercaron hasta percatarse que su intención era darse un beso, era normal, ¿No? Rossy era una chica, Axel un chico, que si bien, aún estaban en constante cambio y crecimiento, su confianza hacia el otro no tenía por qué verse perjudicada en sus actos. Lo menos que podía hacer Rossy era enfrentar la situación, evitar a toda costa los silencios incomodos y, sobre todo, seguir compartiendo su tiempo con Axel. —Rossy, ¿Puedo entrar? —La voz de Viena hace que Rossy se levante de su cama y arregle sus ropas, da unos pasos para abrir la puerta y observar cómo su madre sostiene en brazos la cabeza de un perchero, en este cae una bolsa de color gris claro, por la sonrisa que porta Viena, Rossy apostaría que ahí dentro hay algo, tiene una idea de que puede tratarse, sin embargo, espera a que su madre le revele lo que lleva en sus manos. —Cierra los ojos, estoy segura de que te encantara. —Una vez que Viena ha entrado en la habitación de Rossy y esta hace lo que le pide, se encarga de quitar la bolsa gris de aquella prenda. —Mamá, ¿De qué se trata? —Rossy siente curiosidad ahora mismo, también, agradece mucho a su madre por interrumpir sus pensamientos, debe decir que, cuando estos eventos ocurren, Viena casi no estaba al lado de su hija, debía encargarse de muchas cosas que, por ahora, Rossy no podía hacer, además, cuando debían ir hacia las demás fiestas de las cosas aliadas, la señora de la casa debía enviar los regalos adecuados, ofrecer su ayuda a la casa que festeja, entre otras cosas. —Bueno, esta noche es la fiesta de primavera en la casa, y como sabes, todas las damas que asistan deberán lucir hermosos vestidos, sobre todo, sus dotes, esta vez, estarás presente. —Viena sonríe, y finalmente, revela la prenda que se encuentra en sus manos. —Abre los ojos, Rossy, esto, es lo que usaras esta noche. —La chica los abre, y queda completamente fascinada ante lo que ve, un precioso vestido azul rey, que lleva incrustaciones de diamantes en zonas estratégicas, es hermoso. Viena deja en manos de su hija, la prenda, para que pueda sentirla en su totalidad, no por nada, dentro de unas horas la llevara en su piel, queda completamente bien con Rossy, la combinación entre el rojo de su cabello, el verde esmeralda de sus ojos, el azul rey, sin duda es maravillosa. —Es tuyo, cariño. —Viena se siente orgullosa, sabía que aquella prenda de ropa le gustaría a su hija.
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