Bueno, dejaría de pensar en chicos esta noche, más tarde tendría tiempo para ello. Por ahora, Rossy se encargaría de disfrutar las pocas horas que le quedaban en aquella fiesta, toma un poco más de la comida en su plato. Parece que la vida se encarga de hacerle ver que, los hombres en su vida serian un tema que no dejaría atrás tan fácilmente, no cuando siente confusión cuando está cerca de su mejor amigo, luego, se entera de que uno de los gemelos gusta de ella, ¿Qué seguía lo siguiente en ocurrir? ¿Qué Fausto Abbey se le declare? ¡Seria el colmo!
—¿Qué no lo sabían? —Habla Massimo, quien tiene una sonrisa divertida en su rostro, siendo es raro verlo sonreír de esa manera, quizás el alcohol estaba haciendo efecto en él. —Ha estado muy interesando en la señorita Emma, creo que nuestro hermano se ha quedado cautivado por su belleza, cuando menos se lo esperen, Piero estará construyendo una misión para esa chica. —Los hermanos ríen, divertidos por este comentario, Piero es el arquitecto de la familia, y quien se encarga de colocar trampas estratégicamente cuando, enemigos se encontraban en el territorio de la mafia italiana.
—Quizás Piero este pensando en el matrimonio, no la dejara ir, está encantando con la presencia de esa hermosa chica. —Comenta Alessandro en su lugar. —Pero vamos, las señoritas están muy lindas esta noche, ¿Quién no pensaría en el matrimonio después de esto? —Esto deja en que pensar a muchos, Alessandro era el mayor, lógicamente en algún momento debería casarse, pero, ninguno le había tomado importancia, ni siquiera Luciano que es el menor de los varones, él prefería disfrutar aun de su joven vida.
—¿Matrimonio? Debes estar jugando. —Responde Luciano ahora, y cabe mencionar que, no han dejado de mirar hacia donde efectivamente se encuentra Piero, con una sonrisa en su rostro, ¿No le dolería el rostro por sonreír de esta manera? No es que sea una especie de sonrisa forzada ni mucho menos, es solo, que, en definitiva, Piero Felicce, se ha enamorado. No esperaban que el séptimo hijo en la casa Felicce estuviera pasando por esto, Piero, quien tiene un parecido a su padre Frederick y a su fallecida madre, Francesca, cabello castaño, ojos verdes, cuerpo delgado, pero con algo de musculatura, por supuesto, alto.
—No creo que Piero este jugando ahora, él tendrá una buena compañía esta noche, no como nosotros, los solteros más codiciados por las damas de la casa Kahler. —Se carcajea Orlando, sus hermanos le dan la razón, por ahora, solo quieren divertirse un poco más, antes de pensar si quiera en el compromiso del matrimonio, donde, solo se entregarían en cuerpo y alma a esa mujer elegida, justo como había hecho su padre en su momento, hasta que la vida decidida mostrarle a la actual señora de la casa Felicce, Viena.
—¿No debería decirle que venga a sentarse con nosotros? —Los hermanos Felicce miran a Rossy, quien está escuchando la conversación. Y notan como su hermanita tiene el rostro fruncido, bueno, si ellos eran protectores con ella, ¿Por qué ella no podía hacer lo mismo? Sería injusto si se molestan por algo que a menudo, ellos hacen. —Si ha pasado tanto tiempo con aquella chica, Emma, debería estar aquí y darle un respiro, en mi opinión. —Giovanni y Luciano que estaban a cada lado de Rossy, no pueden evitar llenarla de mimos y pequeños besos en su cabeza, su hermanita, era tan linda, que era imposible no hacerlo.
—¿Acaso no es adorable? Nuestra Rossy quiere cuidar a su hermano mayor, es un encanto total. —Estas palabras son dichas por Giovanni, quien ahora pellizca sin mucha fuerza la mejilla de su hermana menor. —Descuida nena, ninguna chica te quitara tu lugar en la familia, eres la princesa de la casa Felicce, ¿No es así, hermanos? —Los chicos le dan la razón a Giovanni, esto si que era adorable, y al mismo tiempo tenia sentido.
—Lo que dice Giovanni es cierto, nadie, jamás, tomara tu lugar, Rossy. —Francesco es quien habla ahora, llamando la atención de la menor en la familia Felicce, no es como que ella haya afirmado esto, sin embargo, debe aparentar ser alguien que no es, hasta que llegue el momento indicado, claro. —Ahora, será mejor que acabemos con la cena, no podemos desperdiciar absolutamente nada. —Sentencia Francesco, logrando que más de uno en la mesa empiece a acabar la comida en su plato.
Rossy tiene muchas cosas en que pensar, parece que, mientras más crece, todo toma un giro distinto, pero, ella haría caso a sus emociones internas, per, mientras ella se en su lugar suspira, jamás comprendería la vida adulta.