Carl habló con arrogancia, adoptando la actitud de un príncipe respondiendo las dudas de sus súbditos. —¡Durmió la mayor parte del tiempo durante cada examen! —dijo con tono altivo—. La suerte no siempre está de tu lado. ¡Hay que tener verdadera capacidad para ganar! Obtener una buena calificación por casualidad solo nubla el juicio sobre tu verdadera fuerza. Varios profesores asintieron, dándole la razón. Parecía que ya nadie tenía expectativas. Algunos docentes del primer grado suspiraron con decepción. —Bueno, supongo que no hay nada por lo que valga la pena esperar —comentó uno—. Dejé mi clase solo para ver las calificaciones de Isabella. Si no hay nada interesante, me voy. —Yo también vine solo por eso —añadió otro—. Pero si Carl dice que no hay nada que esperar, ya lo veré esta

