Durante la preparación del concurso, Molly había invitado a Isabella a ser jueza, pero esta había rechazado la propuesta. Al enterarse de que Isabella había sido vista en la capital, Molly se emocionó muchísimo. Pensó que su amiga simplemente estaba jugando al hacerse la difícil y que en realidad había venido para darle una sorpresa. Consciente del malentendido, Isabella explicó con voz tranquila: —No, no estoy aquí por eso. Tengo otros asuntos que atender. —Vamos, está bien —insistió Molly con entusiasmo—. Aunque estés aquí por otra cosa, ¡puedes pasar y ser jueza! Solo te tomará una tarde como máximo. ¡No es mucho pedir! En ese momento, una asistente se acercó con una lista en la mano y habló en voz baja: —Señora Jenkins, estos son los diseñadores famosos que compiten por el últim

