Liam miró a Tomás con expresión sospechosa. —¿Por qué no te sorprende en absoluto? ¿Sabes de qué Alexander estoy hablando? ¡No tenía sentido! Tomás, sin embargo, se sintió orgulloso por primera vez en mucho tiempo. En el fondo, pensaba que las cosas que aún le quedaban por aprender eran aquellas que Liam había descubierto hace años. Pero esta vez, él sabía algo que Liam no: había visto con sus propios ojos la cercanía entre Bella y Alexander. Con una leve sonrisa de satisfacción, levantó un poco la barbilla e intentó parecer casual. —Sí, ya lo sabía desde hace tiempo —dijo con voz serena. Liam lo miró sin mucho interés, luego sirvió la comida y empujó hacia él un plato en particular. —Ese es el único que puedes comer —le advirtió. La sonrisa de Tomás se congeló por un momento. Lu

