—Haz que vuelva a trabajar para mí —dijo Tomás con voz tranquila—. Si está dispuesto, ustedes dos pueden trabajar juntos. El conductor exhaló un suspiro de alivio, agradecido y aliviado. No pudo evitar recordar la escena en la que el antiguo chofer había renunciado; aquel hombre sí que era impresionante. El exconductor realmente era alguien especial. Después de varias horas de viaje agotador, Tomás por fin llegó a Sunsville. La ciudad entera seguía hablando de Bella; en cada rincón se escuchaban elogios y comentarios llenos de admiración. Tomás no pudo evitar sonreír, con el corazón rebosante de orgullo. Esa era su hija. Su tesoro brillante. Se cambió de ropa antes de ir a verla, eligiendo un conjunto nuevo y limpio. Luego se dirigió a la Villa del Bosque y llamó a la puerta de la ca

