El médico pensó que la chica que tenía delante debía de ser la novia de Alexander. Alexander era un conocido “soltero de oro” y nunca había tenido escándalos con mujeres. Por la forma en que reaccionaba hacia Isabella, Isabella debía de ser algo más que una simple conocida para él. Había que examinarla con cuidado: si algo iba mal, se arrepentiría el resto de su vida. Tras la exploración, el médico suspiró aliviado y dijo: —Es solo un esguince. Va a estar bien. La expresión de Alexander se relajó un poco, aunque seguía tenso. Empujó a Simon que se interponía en su camino, caminó hacia Fernand y hizo un gesto a sus hombres; de inmediato le trajeron una silla de madera. —Yo… —Fernand temblaba, sus ojos muy abiertos al reflejar la fría y terrible mirada de Alexander. Alexander no quiso e

