Cuando Abby llegó esa noche al bar, Nacho ya se encontraba sentado en la barra. Apenas ordenaban las mesas y el área de licores, pero él igual ocupaba un puesto y tomaba un tequila. El negocio no estaba abierto al público, por eso ella se extrañó por su presencia. Era evidente que tenía buena relación con los dueños. —Hola —saludó él al verla. —Hola —respondió Abby algo cohibida mientras se ponía el delantal del uniforme. —¿Qué tal el trabajo? Veo que has durado. —¿He durado? ¿Te extraña que lleve una semana trabajando? —Trabajar en un bar luego de pasar todo el día atendiendo emergencias médicas por la ciudad no es fácil. Supongo que te agotas. Ella lo observó mosqueada. Por un momento no supo cómo ese hombre se había enterado de su labor como enfermera en el servicio de emergencia

