Abby llegó a su departamento de hombros caídos. El día no había sido del todo como ella lo hubiese esperado. Luego de cambiarse de ropa y ponerse un pijama miró los alrededores con pesar. La sala estaba decorada con infinidad de adornos elaborados con macramé, que había hecho su madre. A la mujer en vida le encantó aquella actividad. Desde que lo había aprendido, años atrás, lo tomó como más como una terapia que como un hobbies. Trabajó muy duro para sacar adelante a sus dos hijos estando sola, en la noche regresaba muy cansada y se ponía a tejer, con eso se descargaba de tensiones y lograba acostarse más relajada. Abby tomó la figura de un ángel confeccionado en ese material que colgaba de la pared. Nunca sintió interés por aprender el oficio, tal vez, si lo hacía ahora, eso podría a

