Esa noche, Abby llegó al bar esforzándose por olvidar la desaparición de Jared, la actitud desquiciante de Doug y el resto de sus problemas, pero todo se le vino abajo al divisar a Nacho ocupando una mesa. El hombre alzó su vaso de licor hacia ella a modo de brindis y le sonrió con picardía. Le regresó una sonrisa por cortesía, pero en realidad estaba molesta. Rápido entró en el cuarto de las empleadas para guardar sus pertenencias escondiéndose de su mirada de águila. —¡Vino hoy también! ¡¿Lo vieron?! —comentó una de sus compañeras saltando de alegría. Otras dos la secundaron. —No ha faltado un solo día, eso me encanta. Espero siga viniendo a diario —habló otra con ilusión. —Dejen el escándalo, señoritas, que el caramelito mexicano se sentó esta vez en una de las mesas que yo atiendo

