Abby se puso nerviosa, recordó lo que su hermano le había contado sobre la rusa rompe narices. Era evidente que se trataba de una mujer violenta, lo mejor era mantenerse lejos de ella. Siguió su trabajo rogando internamente que Nacho se sentara bien lejos para que no la atormentara, pero no. El hombre se ubicó en una de las mesas que le tocaba atender. Luego de mostrar un derroche de caballerosidad al arrimar la silla donde Ekaterina iba a sentarse, se sentó a su lado y la bucó con la mirada. Al encontrarla, le sonrió con una expresión de superioridad. Abby disimuló su enfado mordiéndose los labios. Poco le faltó para poner los ojos en blanco y suspirar con agobio. Se había ganado una condena con aquel hombre. Con resignación se acercó a ellos llevando las cartas de bebidas. —Buenas

