A Jared le costó controlarlas. Aquellas dos estaban tan furiosas que forcejeaban con él para alcanzarse. Pronto llegó el gerente del salón, quien sostuvo a Melani para así lograr alejarlas mucho más. Como ambas no dejaban de insultarse y amenazarse a los gritos, debatiéndose con violencia poniendo en riesgo a los presentes y el decorado, tuvieron que arrastrarlas a la oficina. Allí serenaron un poco sus instintos asesinos, aunque sin dejar de mirarse con odio. —¡¿Qué sucedió entre ustedes?! —las regañó Dagmar con enfado. Solo Jared y el gerente se encontraban con ellas dentro de la oficina. —Esta bruta comenzó —contestó Melani—. Te dije que no invitaras a los Hooper, mamá. Son unos salvajes, no están a nuestra altura. —Quizás yo sea una salvaje, pero tú eres una bruja sin corazón —

