Al día siguiente, Abby llegó a su trabajo con las energías renovadas, dispuesta a enmendar su vida para darle un mejor sentido. Por suerte, la marca de la herida que Jared le había dejado en el cuello casi había desaparecido. El día anterior pudo cubrirla con una bufanda, pero ese día no podía llevarla porque no formaba parte de su uniforme. —¿Qué tal estuvo la boda de su prima? —le preguntó Marina, una de sus compañeras de trabajo. —Genial, muy elegante, pero a la vez divertida. Hicieron dinámicas que me arrancaron risas. —Salió en el periódico. Dicen que fue el alcalde. Abby abrió los ojos en su máxima expresión. —¿Salió en el periódico? —Sí, en la sección de sociales. Por las fotos se ve que fue mucha gente de dinero. —Bueno, mi tía está casada con un petrolero y mi prima se cas

