Pasaron toda la tarde encerrados en la habitación, haciéndose maldades y disfrutándose a plenitud, hasta que llegó el momento de arreglarse para la boda. Abby tenía cita con una estilista contratada por Dagmar para atender a las damas de honor y a la madrina. Por supuesto, la pusieron en una habitación diferente a Melani. Su tía no quería propiciar otro momento de tensión. —No puedo creer que hayas desaparecido toda la tarde. No te acercaste, ni siquiera, a la sobremesa del almuerzo para conversar un rato con los McGregor. Preguntaron por ti —se quejó Dagmar mientras supervisaba lo que le hacían a su sobrina, al tiempo que la regañaba sin importarle quien estuviese presente. —No sabía que también debía estar presente en ese almuerzo. Jared y yo aprovechamos el descanso para ver película

