Abby se había tumbado en el suelo boca arriba mientras terminaba de recuperar el aliento. Estuvo sola por espacio de un minuto, Jared regresó con una mezcla de enfado y desesperación en el rostro. —Abby, ¿estás bien? —preguntó mientras se arrodillaba junto a ella, evaluando la herida de su cuello. —Sí, ya estoy bien. —Maldición, Abby. Esto no puede seguir pasando. Un día voy a matarte, sé que lo haré. Ella quiso tranquilizarlo, pero de pronto se vio volando por los aires. Jared la había sostenido entre sus brazos para llevarla a la cama. Al acostarla, se sentó a su lado para seguir revisando su herida. —Estoy bien, de verdad. Solo me dejaste una marca que se me irá mañana. Él gruñó con enfado y se sentó en el borde del colchón de espaldas a ella, apoyando los codos en sus piernas y

