Apenas salieron del bar, la mujer corrió hacia un matero y vomitó todo lo que tenía en el estómago. Abby la ayudó sosteniéndole el cabello y le pasó un pañuelo. Jared se quedó tras ellas, a un paso de distancia. Repasaba los alrededores con atención como si esperase que algún enemigo se acercara de forma repentina. —Gracias, amiga. Gracias, gracias… —repetía la mujer con lágrimas que corrían por sus mejillas junto con su rímel. Aún se notaba algo pasada de tragos. —¿Dónde vives? —preguntó Abby. —En Grant Hill. —¿Y tienes cómo regresar a casa? —¡Nooo! —exclamó en medio de un llanto desconsolado—. Mi novio me acaba de dejar y se fue con sus amigos. Salía del bar para llamar a mi hermana y pedirle que me ayudara porque no tengo dinero para regresar, pero esos tipos me agarraron y no me

