Se dirigieron a una pizzería en el centro que aún permanecía abierta. El lugar era pequeño, pero no estaba abarrotado, resultando cómodo. Como no se decidían el tipo de pizza qué pedir, optaron por comprar rebanadas de unas que ya estaban en el mostrador, sirviéndose ambos un banquete que disfrutaron sin vergüenza. —No deberías consumir tanta comida chatarra, es importante mantener la dieta por unas semanas para que tu herida cure por completo —recomendó ella con la boca llena de pizza con pepperoni. —Mi herida ya está curada, me siento como un toro —aseguró él sin dejar de comer. La mujer lo observó con incredulidad. —No te sientas triunfal al terminar el tratamiento. Es un error de novato. —¿Y crees que soy un novato con las heridas? Sabes que he tenido muchas. Ella achicó los ojo

