Oiga débilmente voces que reconocería en cualquier lugar. Eran Richy y mi adorado Peter. No podía distinguir bien sus palabras, solo se les notaba preocupados. Mi cuerpo estaba en calma, cómodamente reposando en la que reconocí como mi calentita y reconfortante cama. En mi interior me sentía extrañamente ansiosa, como si buscara alguna respuesta de la que dependía el resto de mi vida. Pero no sabía bien qué pasaba. Necesitaba ayuda y quizá ellos estaban ahí para dármela. Así que me esforcé en abrir los ojos, era complicado y nuevamente no sabía el por qué. No era la familiar sensación de resaca, en la que te duele hasta ver la luz del sol, en esta ocasión, era como si los músculos no me respondieran. ¿Acaso habría tenido algún accidente que me lo impidiera? Esa pregunta me hizo asustar

