Debería prestar atención a matemáticas...debería, pero Dios me ha puesto un obstáculo en el camino y ese obstáculo tiene nombre, apellido y un maldito trasero redondo y bastante bien formado.
Ethan, trasero sexy, Domms.
Mi crush. Sí, así como lo oyen, mi crush es Ethan Domms. Explicaré quien es porque tal vez no lo conozcan.
Hace dos años, exactamente, llegó un alumno nuevo y no, no era Ethan, era su hermano, Evan. De hecho, Ethan Domms, ni siquiera tenía planeado seguir estudiando en la secundaria, según entendí. No me pregunten cuál era el motivo de aquella decisión, porque no lo sé.
El problema que trajo al Domms mayor a Eastfield High fue que su hermano menor, Evan, sufría bullyng, motivo por el cuál, Ethan llegó a patear el trasero de los orangutanes que jodían al dulce y tierno Evan. Entonces, Ethan Domms se volvió famoso y su hermano al fin pudo estar en paz en el colegio.
Desde el momento en que Ethan pisó Eastfield High, se robó toda mi atención y adoración. Cuando vi aquella apabullante furia impresa en sus ojos, sentí como si su mirada hubiese enviado una descarga eléctrica a todo mi estúpido y hormonal cuerpo de dieciséis años. Me encantó la fiereza en su mirada de color avellana y la forma en la que Ethan se plantó frente a todo el instituto, y dejó en claro que con Evan Domms nadie se debía meter nunca.
Hasta ahí es la presentación de cómo llegó Ethan a mi vida. Pero hay algo más. Mi problema y mi eterna tortura, es que Ethan jamás notó mi presencia, de hecho, no nota a nadie más que a su hermano y a los idiotas que intentan pasarse de listos con Evan a los cuales, dos años después, sigue intimidando como la mismísima mierda.
Ethan Domms llegó a nuestras vidas para robar suspiros y repartir golpes. Puedo afirmar que cualquier chica, heterosexual y con un poco de sentido común, se fijaría en un espécimen tan bello estética y mentalmente, como el maldito Domms, aunque, su hermano no se queda atrás.
Los hermanos Domms tienen eso que es capaz de hacer caer a cualquier chica. Aunque Evan es gay así que por ende, hace caer a los chicos. El punto es que ambos lucen malditamente bien en casi todo momento de sus vidas; estudiando, riendo, peleando, hasta me atrevería a decir que durmiendo, pero no he tenido el privilegio de comprobarlo, al menos no con Ethan.
Ethan es, en apariencia, el chico malo por donde lo veas; chaqueta de cuero, jeans gastados, camisetas ajustadas y ese caminar masculino que te hace derretir como a un chocolate en pleno verano. Tiene el cabello de color castaño y unos ojos color avellana que son malditamente brillantes y hermosos, a mi parecer, claro está.
Evan no es muy distinto, aunque tiene el cabello rubio, viste siempre de color n***o, como su hermano, pero no tienen la misma actitud, el chico es adorable y amigable. Es una verdadera lastima que no todos acepten su orientación s****l.
Volvamos a lo principal. Desde ese entonces, Ethan Domms se convirtió en mi crush. Lo he observado como una loca enamorada a toda hora y él, parece no notarlo o decide ignorarme, lo cual es una gran y cruel probabilidad.
De hecho, en este preciso momento, me encuentro observando su bien moldeada anatomía o más específicamente, su llamativo trasero, mientras escribe en el pizarrón los ejercicios matemáticos que el profesor Pratt le ha encomendado.
Ethan es lo que podríamos llamar un talento académico, aunque no aproveche una mierda su talento. Si yo tuviese esa capacidad y esa facilidad innata para entenderlo todo, ni siquiera tendría tantos problemas en el colegio, porque sí, Olive Moon es un desastre andante. Ya lo he asumido hace años, no tengo futuro en algo que vaya un poco más allá del arte.
Sin desearlo y sin notarlo, suelto un profundo suspiro al caer en cuenta de que su trasero es mejor que el mío, lo cual es una gran injusticia, si me lo preguntan.
-Señorita Moon, veo que está muy entretenida viendo las posaderas del señor Domms y no presta atención a la clase ¿Querría decirnos, cuál es el resultado de la ecuación?- vocifera Pratt en mi dirección, haciendo que todo el curso fije su atención en mí.
«Maldito Pratt sin vergüenza.»
Todo el mundo ríe.
Él se da la vuelta.
Yo siento mi rostro volverse rojo como un tomate.
Ethan me ve y sonríe de forma arrogante, robando el poco aliento que quedaba en mis pulmones.
¿Cómo iba a pensar que mi intenso escrutinio hacia su anatomía sería el causante de todo lo que se estaba por venir?
«¡Ay Dios, que maneras tienes de castigarme!»