Júlia siguió junto a Jade hacia el cuarto de Jade, estaba preocupada por su amiga, que seguía nerviosa. Necesitaba calmarla, cuidarla después de lo que pasó.
— Jade, necesito irme, tengo que volver al trabajo. — dijo Júlia.
— Claro que no, Júlia, imagina si ese desgraciado aparece allí de nuevo, y tú estás lastimada, necesitas descansar y calmarte. — Júlia suspiró, entonces asintió con la cabeza y se sentó en la cama. Jade tenía razón, Júlia necesitaba descansar, estaba exhausta física y mentalmente también.
— Si el arrepentimiento matara... me entregué a él, ¿sabes? — dijo Júlia con lágrimas en los ojos.
— No pienses más en ese desgraciado, ¿qué tal si duermes aquí hoy? Una noche de niñas como solíamos hacer. — dijo Jade en un intento de animar a su amiga.
— Jade, mejor voy a casa.
— ¿Tu hermana al menos está en casa? — preguntó Jade preocupada.
— No, ella vuelve mañana por la noche, está de guardia.
— Entonces te quedarás aquí hoy, eres tú quien está pasando por un mal momento, pero si te vas, yo seré la que se sienta mal. Tengo miedo de que ese tipo vaya a tu casa y te haga algo, sabes que no sé vivir sin ti, tal vez esto suene un poco egoísta.
— No es egoísta, sé del cariño que tienes por mí y agradezco todos los días por tener a alguien como tú, está bien, me quedo.
Era el inicio de la noche, cuando Jade salió de la habitación, después de una larga conversación, Julia se había quedado dormida, entonces Jade decidió hablar con su padre, él era su refugio, con quien siempre desahogaba, y esa situación la había dejado muy triste.
— Papá, ¿estás ocupado? — preguntó al pasar por la puerta de la oficina.
— No, siéntete libre hija, y Júlia, ¿cómo está? — preguntó él de forma preocupada.
— Se quedó dormida, está tan afectada, menos mal que llegaste a tiempo. Me duele en el alma que Júlia haya tenido que pasar por esto, es una chica tan increíble, no merecía pasar por esto, ninguna chica lo merece.
— También me duele, pobrecita, tan desamparada.
— Hoy va a dormir aquí, ¿vale papá?
— Está bien querida, hacía bastante tiempo que no dormía aquí.
— Sí, pero imagino uno de los motivos, mi madre la detestaba, no sé por qué, Júlia es una chica tan buena, mi madre es la que no tiene respeto. — dijo Jade revolviendo los ojos, la relación con su madre era pésima.
— Jade, no hables así, ella es tu madre y debes tener respeto hacia ella, pero sé el motivo por el cual tu madre no le gusta Júlia.
— ¿Cuál?
— Tenía celos, decía que Júlia me miraba diferente y bla, bla, bla, ¿puedes creerlo? Júlia solo era una niña en ese momento, todavía lo es.
— ¿Por qué no me contaste esto antes, papá? — preguntó Jade un tanto sorprendida.
— Querida, no valía la pena, primero, tu madre está loca, segundo, nunca miré a Júlia de otra manera, para mí siempre fue y sigue siendo una niña, así como tú. Tercero, no quería traerte problemas y causar malestar con tu madre, y cuarto, tu madre está loca de verdad. — repitió él y Jade se rió.
— No necesitó, ella misma causó malestar en toda la familia cuando decidió involucrarse con su primo, pero, papá, ¿crees que Júlia sabía de esos celos?
— Creo que no, nunca le dije nada, pienso que se alejó porque su madre siempre la trataba mal, luego comenzó a trabajar, entró a la universidad, el tiempo corría, ella es una chica muy enfocada y esforzada, para mí Júlia siempre será muy bienvenida en nuestra casa, valoro mucho su amistad.
Esa noche, Jade y Júlia pasaron una noche de chicas muy divertida, comieron helado, chocolate, entre otras golosinas, vieron su serie favorita, hablaron sobre sus intereses y perspectivas de futuro.
— Extrañaba esto. — dijo Júlia, entonces Jade recordó la conversación con su padre horas antes.
— Yo también, Júlia, ¿por qué te alejaste de este lugar? — preguntó, quería confirmar lo que había conversado con su padre más temprano.
— Jade, nuestra amistad siempre ha sido la misma. — dijo Júlia en un intento de evadir esa pregunta.
— Sí, nuestra amistad sigue fuerte, pero tú siempre venías aquí, dormías noches y noches aquí, eras prácticamente parte de la casa y luego empezaste a negarte a venir.
— Tu madre no le gustaba... — dijo Júlia, pero había otro motivo, la atracción que sentía por Heitor, entonces pensando que ese deseo acabaría si no lo veía, se alejó, intentó a toda costa convencerse de que no podía sentir eso, pero nada funcionó.
— Entonces ese fue realmente el motivo.
— Ella me trataba mal, tu padre discutía con ella por eso, no quería causar peleas, ustedes eran familia y no quería causar problemas.
— Entiendo, Júlia...
— Habla.
— No te atrevas a hacer eso otra vez.
— ¿Qué? — preguntó ella.
— Estar tan lejos.
— Tal vez solo un poco. — dijo ella sin gracia.
— Eres una traviesa. — dijo Jade y ambas rieron.
— Pero hablo en serio, son tantas cosas, trabajo, facultad de medicina, es complicado manejarlo todo, y no puedo descuidar nada, si mis notas bajan, perderé la beca, si descuido el trabajo, también lo pierdo y estaré endeudada y todas las cuentas caerían sobre Juliana de nuevo.
— Si me dejaras ayudarte...
— Jade, puedo hacerlo, tengo que hacer las cosas por mí, no pienses que soy orgullosa, no es eso, porque me encanta cuando me regalas cosas y cuando me prestas atención, como lo estás haciendo ahora, pero no puedo depender de ti, tengo que conseguir las cosas por mí, armar mi vida, es pesado, no lo niego, pero puedo hacerlo.
— Entiendo, pero sabe que estoy aquí para lo que necesites.
— Lo sé y te amo por eso.
— Estoy muy orgullosa de ti. — dijo Jade, y luego abrazó a su amiga.
Era casi la una de la madrugada, Jade dormía tranquilamente, pero Júlia no había conseguido cerrar los ojos, estaba preocupada y tenía miedo de que su ex encontrara la manera de acercarse y eso le estaba quitando el sueño, entonces decidió levantarse y tomar un vaso de agua, cuidadosamente para no despertar a Jade que dormía a su lado.
Júlia se levantó, caminó lentamente hacia la puerta y pronto salió, el pasillo estaba oscuro, al igual que el resto de la casa, solo de vez en cuando una luz iluminaba el ambiente, lo que no lo hacía completamente claro, pero sí lo hacía visible. Júlia bajó las escaleras con cuidado, al llegar a la sala, se encontró con una luz que venía de una rendija de la puerta de la oficina, ya que estaba entreabierta, como todo estaba silencioso. Júlia imaginó que alguien había olvidado dejar la luz encendida y la puerta así. Se acercó, como estaba descalza, no emitía ningún ruido, pero un sonido proveniente de ese lugar la dejó perpleja, un gemido masculino, lo reconoció, era la voz de Heitor, así que se acercó aún más y por la brecha en la puerta pudo verlo, él estaba sentado en el sofá, con los pantalones un poco bajados, sostenía su m*****o con firmeza y movía la mano lentamente en un vaivén. Júlia abrió la boca, estaba impactada con la visión, al mismo tiempo excitada, era tan grande y grueso, le parecía tan apetitoso que su boca llegó a salivar de tanto deseo, Júlia mordió el labio inferior, instintivamente su mano deslizó hasta su pecho y apretó, casi gemía, pero se controló, no podía dejar que él lo notara, pero tampoco podía salir de allí, dejando de observar a aquel delicioso hombre dándose placer, proporcionándole un recuerdo que sabía que la marcaría para siempre. Entonces, mientras él se tocaba, Júlia imaginaba su boca en su m*****o, mientras tanto, su mano acariciaba su pecho y apretaba el pezón levemente, su intimidad, ya húmeda, pulsaba de excitación, pero el punto culminante llegó cuando Heitor llegó al clímax, liberando tres chorros fuertes y un gemido que hizo que su piel se erizara por completo. Júlia había fantaseado tanto que cuando vio, su intimidad se contrajo, sus piernas temblaron, su respiración se aceleró aún más, su mente se fue lejos y su cuerpo se relajó perdiendo fuerzas, había tenido un delicioso orgasmo, algo que no había experimentado desde hace mucho tiempo, incluso teniendo relaciones con su ex, que nunca había logrado satisfacerla, lo que la dejó un tanto sorprendida y aún más consciente de la influencia que aquel hombre tenía sobre ella, sobre su cuerpo y también sobre sus pensamientos, él la dominaba sin necesidad de hacer nada, tanto que ella seguía allí, paralizada, pero se vio obligada a salir cuando lo vio levantarse, así que se dirigió a la cocina, donde pretendía tomar un vaso de agua.