Un beso

1146 Words
Júlia se dirigió a la cocina, su cuerpo ardía, su mente estaba distante, aún en la deliciosa escena que había presenciado. Júlia fue hasta el armario, tomó un vaso y luego una jarra con agua del refrigerador y la llenó, tomando un generoso trago, con la idea de que eso calmara esa llama ardiente que había despertado dentro de ella, pero el agua solo sació su sed, aunque ese calor seguía. Julia llevó la jarra de vuelta al refrigerador y caminó hacia el fregadero para colocar el vaso, pero esa voz firme y seductora surgió allí. — Júlia...— ella, que no esperaba verlo allí, se asustó y dejó caer el vaso, haciéndolo estrellarse. — Heitor...¡Ay, Dios! — ella rápidamente se agachó, en un intento de recoger los fragmentos, pero todo lo que logró fue cortarse el dedo. — Júlia, te cortaste. — Lo siento...yo, yo me asusté. — ella dijo un tanto desconcertada, entonces él se acercó y la alejó de los fragmentos de vidrio, tratando de verificar esa herida. — Está bien, Júlia, pasa, parece que no fue profundo, pero es bueno limpiar, ¿duele? — él preguntó mientras acariciaba su rostro, ella estaba completamente fuera de sí, solo miraba sus labios, sin decir una sola palabra. — Júlia, ¿está todo bien? — Heitor preguntó, estaba extrañado por la manera en que ella estaba actuando, la manera en que lo miraba, la única reacción que Júlia tuvo fue simplemente ceder al deseo, entonces se puso de puntillas, lo agarró por la nuca y lo besó intensamente. Heitor parpadeó varias veces, pero no se esquivó, al contrario, se permitió besarla y correspondió, sosteniéndola con firmeza por la cintura, los labios se deslizaban uno con el otro, las lenguas se acariciaban, el beso era demasiado delicioso para ser interrumpido, así que se dejaron llevar, pero el aire se acabó, separándolos. Júlia miró a sus ojos, viendo la pupila dilatada, los labios rojizos que se abrieron, atreviéndose a decir algo, fue entonces que Júlia volvió en sí y tomó conciencia de lo que había hecho. — Heitor... señor Heitor, disculpa, no sé qué me pasó, perdón. — ella dijo nerviosa, entonces se alejó, pero él la tomó de la mano impidiéndole pisar los fragmentos de vidrio, pero con eso apretando el dedo lastimado, haciéndola gemir. — Ay. — Disculpa, no quería lastimarte... Júlia, necesito limpiar esto, está sangrando. — Yo limpio, no necesitas preocuparte. — dijo ella claramente nerviosa, temía una vez más perder el control. — Júlia, yo limpio, ven, tengo una caja de primeros auxilios en mi oficina. — Júlia solo asintió, entonces lo siguió hasta la oficina, al pasar por la puerta, se paralizó, mirando el sofá y el lugar exacto donde Heitor había estado sentado minutos atrás. — Siéntate. — él pidió, ella asintió, entonces caminó hasta el sofá y se sentó en él, Heitor por su parte, fue hasta el armario, tomó la caja, caminó hasta ella y se sentó a su lado, de dentro de la misma sacó algodón que usó para limpiar su dedo. — Señor Heitor, disculpa por lo que hice...no sé qué me pasó. — dijo ella, pero sabía bien, solo que no podía y ni tenía valor para contar. — Está bien, Júlia, pasa... — dijo él un poco avergonzado. — No debería, pero disculpa de verdad. — Júlia, estás pasando por un momento difícil, estás triste, carente, buscando apoyo, solo reaccionaste de una forma...de una forma. — dijo él tratando de justificar lo ocurrido. — De una forma errónea. — dijo ella, entonces hizo una mueca al sentir un líquido ser colocado sobre el corte. — ¿Arde? — él preguntó de forma dulce y preocupada. — Sí, un poco. — Ya casi estoy terminando, solo falta hacer un vendaje. — ella asintió con la cabeza, entonces permaneció en silencio hasta el momento en que él terminó. — Terminé, ¿te refieres a la herida? — él acarició su mano con delicadeza y dijo. — De todo. — ella suspiró, entonces respondió. — Cansada, con sueño, agotada mentalmente, físicamente y avergonzada. — ella dijo bajando la cabeza. — Es un montón, pero pasará. — ¿Cómo voy a poder mirarte a la cara después de lo que hice? — ella preguntó demostrando lo avergonzada que estaba, sus mejillas estaban incluso rojas. — Con los mismos ojos de siempre, solo vamos a olvidar lo que pasó, ¿ok? — ella asintió con la cabeza y suspiró, él no tenía idea de que los ojos con los que ella lo miraba desde hace años eran de deseo y pasión. — ¿Qué hacías en la cocina a esta hora? — No tenía sueño, así que decidí tomar un poco de agua, disculpa por estar deambulando por tu casa a esta hora. — Ju, no seas boba, eres de casa, y de corazón, espero tenerte aquí más veces, Jade y yo queremos ayudarte mucho en este momento difícil. — Gracias, eres un hombre increíble, ejemplar, por eso Jade es una amiga tan increíble, una hermana, usted es un ejemplo de muchas cosas. — dijo ella demostrando su admiración, él sonrió, luego acarició su rostro, haciéndola suspirar de forma apasionada. — Mejor acuéstate, ya es muy tarde, aunque no puedas dormir, al menos estarás descansada por la mañana. — Está bien, gracias. — Júlia se dirigió a la habitación de Jade, mientras Heitor se quedó en la oficina, se pasó las manos por el cabello de forma exasperada y suspiró, pensando en por qué se había dejado besar por Júlia. El beso había sido delicioso, no podía negarlo, pero eso no le servía como justificación, había visto crecer a Júlia y haber cedido a eso le estaba causando conflictos, aunque frente a ella había actuado con naturalidad y comprensión, había quedado afectado por el beso y la situación. — Ella es solo una niña carente pasando por un momento difícil. — dijo él, pero al levantarse del sofá con la intención de ir a su habitación, notó la erección marcando su pantalón, se había puesto duro pensando en ese beso, lo que lo dejó aún más incómodo y preocupado, no quería dejar de verla como la mejor amiga de su hija. Júlia se acostó en la cama al lado de Jade, que seguía durmiendo, entonces soltó un largo suspiro y llevó los dedos a los labios, tocándolos lentamente, ese beso había sido tan intenso que aún podía sentir los labios de él allí. Había sido el beso más delicioso de su vida y si pudiera, lo repetiría mil veces más, pero desafortunadamente tenía impedimentos "él me ve como una niñita, la mejor amiga de su hija", pensó Júlia, entonces se resignó y cerró los ojos en un intento de dormir, pero todo lo que le vino a la mente fue la imagen tan deliciosa de él masturbándose.
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