Buena música y drogas, alcohol y fiesta. Botas altas, barro en las aceras. Alabama creció como todos los niños de su zona, dejando de lado los caramelos y pelotas de goma, por cigarrillos y otra clase de pelotas. Alabama recorría las calles a los quince años esperando que alguien la sacara de su aburrimiento diario. Y aunque le gustaba la vida a la que había sido acostumbrada, siguiendo ejemplos de las múltiples mujeres con las que compartía casa, ella soñaba de vez en cuando con un futuro prometedor, una carrera, familia. Y caía de nuevo en la realidad cuando un auto pitaba en su dirección. Sus shorts cortos, al igual que sus camisas, sus primas lucían sus barrigas de embarazadas mientras sus hermanas correteaban a sus sobrinos. Y Alabama crecía entre los gritos de su madre y las quej

