Son veinticuatro las horas del día, con sesenta minutos en ellas. Con sesenta segundos por minuto, pues bueno...Saca tú las cuentas. Contante y sonante me gusta mi pago, en billetes grandes para no enredarme, ¿Qué no ves que no fui a la escuela? Mi madre me dijo que trabajar era la solución, así era que mataría al hambre en mi barriga y fue eso lo que aprendi para valerme por mí misma. Contante las monedas que caían en mis manos, luego de que un buen cliente se fuera satisfecho con mi trabajo. Sonante los billetes deslizados mientras mi chulo contaba asegurándose de que no lo robara. Y ahí iba mi pequeña parte, ¡De la que me salvaban los menudos! Es un regalillo de la vida el ser despreocupada, y es que con tantos problemas encima, lo mejor es apartarse y no dejar que la vida te arrolle

