Era la cara en el río la que espantaba a los jovencitos que se atrevían a darse un baño en las aguas malditas. Una cara de una mujer sufriendo, pálida y con los ojos abiertos, tres cuencas profundas si contabas el agujero que sería su boca abierta, todos corrían despavoridos al verla, desde los valientes residentes que jugaban con esas cosas, hasta los turistas inocentes que les provocaba refrescarse el rostro en aquellas templadas aguas. Todos se encontraban a sí mismos gritando mortificados por haber visto aquel espectro que solía torturar a quien osara acercarse a su río. Los viejos del pueblo decían que aquel espectro una vez tuvo vida. Su nombre era Rosalía y era una mujer muy solitaria y misteriosa. Ella vivía en el bosque sola y se mantenía por sí misma, en esos tiempos cuando las

