El funeral fue imponente, algo deslumbrante, exclusivo e íntimo, donde el dolor era el primer trago y el café oscuro el segundo. El cigarrillo podría ser un tercer trago para aquellos que lo consumían y para los que no, tan solo un veneno para los pulmones más activo que el radio. La viuda se veía a lo lejos, vestida competamente de n***o, con paso lento y lastimero. La gente la miraba con morbo, era como si les complaciera saber que esa mujer sufría de dolor y pena al perder a su ser amado. Ellos se aglomeraban a su alrededor con disimulo, con la excusa de dar el pésame cuando la verdad era que querrán saber qué sucedía en todos los aspectos para volver a casa y crear hipótesis erradas de teorías no reales que terminarían de alguna u otra forma de arruinar su momento de luto. Ella cami

