-No hables tan alto Luke.- susurro ella mientras caminábamos por los pasillos del hospital. Había pasado exactamente una semana desde que Lauren y yo habíamos hablado por primera vez, y estaba en mi mejor etapa de Ángel. Bueno, algo así. Había algunas veces en las que Lauren se encerraba en su habitación y me obligaba, literalmente, a salir de su habitación, en esos momentos no sabía ni siquiera a donde ir. Es decir, no me podía mover de la casa sin ella. Había varias cosas que había aprendido de ella en estos siete días... Como por ejemplo que no tiene el mejor humor a la mañana, o a la tarde... o a la noche. Exactamente, nunca tiene buen humor. Además, aprendí sobre sus gustos. Ama ver el atardecer mientras toma una taza de café, que era su bebida favorita, le gusta leer y escribir,

