—Adelante —dijo ella con voz suave. Sí, como lo había pensado, ella no era del tipo de mujer a la que puedes lanzarle un golpe y no esperar a que lo devuelva con creces. Dio un paso adentro y luego otro y otro. Ella estaba mirando por la ventana. Lo hacía con frecuencia, se dio cuenta. —Miras mucho por las ventanas. ¿Te gusta la vista o solo lo haces para no mirarme? —dijo con rencor, y no sabía por qué le molestaba tanto que le diera la espalda. Parecía que siempre estaba evitándolo, incluso, cuando lo conoció. Cierto que él le pidió que no se girara, pero… —No lo hago para no mirarte, ni tampoco me gusta la vista. Extraño mi hogar yo solo… —Ahora este es tu hogar. —No. Es el tuyo, Armand. —Construí esta casa pensando en ti. —dijo con insistencia. Luego cortó la distancia entre el

