En cuanto Armand salió de la habitación ella se recostó de nuevo en la cama y echó a llorar. No comprendía por qué se empeñaba en querer seducirla, si él amaba tanto a su Luisa. Ella tenía que saber dónde estaba esa mujer, dónde la tenía que hasta se había ido caminando. Recordó, ella recordó que él le dijo que no lo siguiera y antes de casarse le dijo que nunca cruzara la arboleda. ¿Sería acaso que…? Su doncella entró entonces y al verla en la cama desnuda y llorando pensó lo peor. —Mi señora… —No pasa nada. Ayúdame a vestir. Se colocó el mismo vestido y mientras su doncella ataba las cintas Donatella le preguntó: —¿Te has deshecho de la pintura? —Me temo señora que no pude. El señor me encontró en la tarea y casi me despelleja viva. —Entonces, ¿lo recuperó? —Sí. Cuando estuvo p

