Donatella había llorado toda la noche, Armand la había cargado y llevado a la habitación. Se quedó a su lado hasta que ella se quedó dormida. Y el no pudo hacer otra cosa que secar de vez en cuando sus lágrimas y acariciarle el rostro o peinar sus cabellos. La amaba de una manera muy diferente de la que una vez amó a Luisa. Su esposa era una mujer fuerte, sí. Pero a la vez muy vulnerable, deseaba imposibles. Dulce a veces, leal, cariñosa y celosa. Muy celosa. Le gustaban sus celos. Era posesiva tanto o más que él y eso también le gustaba. Amaba de una manera apasionada. A la mañana siguiente salió muy temprano para buscar al dueño de la compañía teatral en donde trabajaba Luisa, no para avisar que ella no volvería a actuar, sino para pagar para que dieran una última función. Había pensado

