Se decía que la marquesa siempre había sido una mujer feliz, a pesar de que su esposo solía serle infiel con cualquier mujer que le abriera las piernas. A la marquesa no le importaba pues sabía bien que eso era de esperarse en un matrimonio en donde el amor no era el motivo principal por el que se habían casado. Además, ella estaba enamorada de un joven pintor que solía retratar a las familias poderosas. Un gran talento. Alto cabello rizado y ojos oscuros. Era hermoso a la vista, hermoso al oído y hermoso al tacto. Cuando lo conoció tenía quince años, y no volvió a verlo hasta cinco años después cuando su marido lo llevó a casa para hacerles un retrato a sus hijos. Sin embargo, al poco tiempo la marquesa lo contrató para realizar las distintas pinturas que adornaban las habitaciones de s

