8. Una boda

1227 Words
8- Una boda Al llegar al hotel, se dirigió directamente a su habitación. Cerró la puerta tras de sí y se metió en la ducha. El agua caliente la hizo respirar más tranquila, relajando los músculos todavía tensos por los golpes al saco. Terminó, se envolvió en un albornoz esponjoso y acomodó una toalla sobre su cabello mojado. Se sentó frente al tocador, mirando su reflejo. Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios, una chispa de satisfacción por la sensación de poder que le dejaba su entrenamiento matutino. —Amo a las novias enamoradas —dijo el maquillista con un toque de picardía, guiñándole un ojo a Anastasia. Pero la sonrisa de Anastasia desapareció al instante. Sus labios se sellaron y su mirada se volvió fría, glacial, dejando claro que no habría diversión ni frivolidad hoy. —Déjame perfecta —dijo con voz firme, cada palabra medida—. Hoy es un día importante. El maquillista asintió, un poco sorprendido por el cambio de actitud, y comenzó a preparar sus pinceles y productos, consciente de que frente a él ya no había sonrisa, sino determinación. Mientras Anastasia se terminaba de acomodar frente al espejo, la puerta se abrió y su madre, Verónica, entra con una suave sonrisa en el rostro. Fue la primera vez que la veía desde su renacimiento. —¡Anastasia, hija! —exclamó, y corrió hacia ella para abrazarla— no nos dejaste verte hasta ahora —Dice con un reclamo cariñoso. Anastasia no pudo contener las ganas de llorar, pero trató de mantenerse firme, devolviendo el abrazo con fuerza y susurrando: —Te extrañaba, mamá. Verónica la acarició suavemente en el cabello, con una sonrisa llena de ternura. —Cariño, nos vimos hace cuatro días —rió con suavidad—. Pero verte ahora, así… me alegra tanto. Deja de llorar o lloraré yo también. Anastasia sonrió, dejándose llevar por la calidez del momento, y ambas conversaron mientras la emoción se deslizaba en pequeños gestos, miradas y risitas. Justo en ese instante, la puerta se abrió nuevamente y Savannah entró, como si el aire se llenara de tensión. La habitación quedó en un silencio incómodo. Anastasia se recompuso rápidamente, enderezando la espalda y dejando que una sonrisa dulce y controlada se dibujara en sus labios. —¡Hola, Savannah! —saludó con cordialidad, tono sereno y cálido, aunque por dentro todo seguía en llamas. —Ana… que hermosa estás ¿Por qué no te has puedo el vestido? —una sonrisa tensa pegada en su rostro. Anastasia sabía porque preguntaba por el vestido, pensaba que era el mismo que había saboteado. Pero ella tenía una bata de seda encima y nada más y el vestido estaba cubierto en un forro n***o. Savannah respondió con una sonrisa forzada, sintiendo esa energía diferente en Anastasia, y Anastasia la observó un instante más antes de girarse hacia su madre, manteniendo la calma exterior mientras su mente planeaba los próximos pasos. —¿Ya están papá y mis hermanos afuera? —Sí, tu padre ya quiere entregarte —dijo de forma soñadora. —No, quiero caminar sola. Dile a papá que se quede contigo —ordena dulcemente su hija. Verónica la ve extrañada, pero no refuta. Uno de los planificadores de bodas se acercó con cuidado y le entregó a Savannah el vestido de dama de honor, uno tono amarillo que opacaba su piel. Savannah vio el cambio de vestido y no dijo nada. —Gracias —murmuró Savannah, tomando el vestido y dirigiéndose al vestidor que quedaba al lado— me cambiaré aquí luego me maquillo. Verónica, observando la escena, se volvió hacia su hija y preguntó con cierta cautela: —¿Todo está bien entre tú y Savannah? —su madre era muy perspicaz y se dio cuenta enseguida. Anastasia respiró hondo, controlando cada emoción que quería aflorar, y respondió con voz tranquila, casi melodiosa: —Han pasado muchas cosas, mamá… Ya te contaré. Verónica la miró con atención, notando la serenidad en su tono, pero también la firmeza que había en su postura. Algo estaba pasando, lo podía sentir, pero sabía que aquel no era ni el momento ni el lugar para presionar. —Está bien, cariño —dijo finalmente, dejando escapar un suspiro leve y volviendo su atención a los preparativos del día—. Confío en ti. Anastasia le dedicó una pequeña sonrisa, apenas perceptible, mientras su mirada se perdía un instante en el vestidor donde Savannah se encontraba. Por dentro, su mente ya repasaba cada detalle, cada error del pasado, preparando cuidadosamente cada paso hacia su venganza. (…) Elijah había llegado a la boda de la familia Marfil a pedido de su abuela, ya que al parecer los abuelos se conocían cuando fueron jóvenes y fueron a la guerra, se sentó en la silla más lejana, solo quería mostrar sus respetos como parte de la familia Corvinus e irse a casa. El novio, Dorian, después de su encuentro con Savannah en el vestidor, esperaba en la marca que el wedding planner le había indicado, con una sonrisa suave y un toque engreído. Los hermanos de Anastasia, Ángel y Adriel lo observaban con disgusto. Sabían que era el hombre que hacía feliz a su hermana, solo por eso lo toleraba, la respetaban y querían, pero al mínimo error no dudarían en machacarlo a golpes. De repente en la puerta, alguien anunció: —¡La novia! Elijah se levanta de primero y se gira para mirar a la novia y se queda de piedra al ver el rostro níveo y etéreo de ella… era ella. Anastasia. ¿Qué hace allí? ¿Se va a casar justo hoy? El: “Llego tarde” de ella hace unas horas le enfrían el corazón y aprieta la mandíbula con ganas de seguirla. Dio un paso al frente casi sin pensar, su cuerpo actuando por si solo cuando la mano de su asistente, Emma Reed lo detiene. —¿Señor? —su mirada confundida e interrogativa lo detienen por completo. La música sonó y resto de los invitados se levantaron para ver a Anastasia aparecer. A diferencia de su vida pasada, aquel vestido le quedaba espectacular, resaltando sus curvas generosas en los lugares adecuados. Apenas tenía quince kilos de sobrepeso, fáciles de manejar con los batidos de su nutricionista nuevo y el plan de ejercicios de su entrenador Elijah. En solo dos días, se sentía más ligera, fuerte y segura. Todos quedaron deslumbrados al ver a la hermosa novia. Sus padres la esperaban al frente, Anastasia ya había decidido caminar sola, sin su padre a su lado, mostrando la independencia y determinación que había ganado. Detrás de Dorian, en una pantalla gigante, se proyectaban fotos de los novios desde la infancia hasta su relación reciente. Cuando Anastasia estaba a mitad del pasillo, el video cambió abruptamente y un gemido sonoro llenó el lugar. Anastasia se paralizó. Savannah palideció y Dorian no entendía nada. Los presentes quedaron en shock absoluto. En la pantalla aparecía una escena explícita, digna de páginas para adultos, con poses atrevidas. Una anciana inclinó la cabeza y levantó las manos tratando de imitar la postura: —¡Aurelio viejo, eso no lo hemos hecho! —¡Abuela! —exclamó alguien a su lado, mientras algunos no podían contener la risa. Cuando la cámara cambió para enfocar los rostros de los protagonistas, todos jadearon.
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