La boda

1182 Words
El reino entero estaba de fiesta. Flores, colores pasteles y sonrisas amplias decoraban la enorme iglesia central de arriba a abajo. Todos compartían la felicidad de los ahora esposos, Indigo, el Segundo Héroe, y la Segunda Doncella, Irene. Eran una pareja perfecta, estaban hechos el uno para el otro. Una con la paciencia infinita para su constantemente estresado esposo y la otro, con un amor infinito por su devoto amor... ...si tan solo supieran que ella lo había estado engañando todo este tiempo con el Séptimo Héroe, o que él la usaba para fingir la felicidad de los Héroes... quizás había más de un solo detalle negativo en su relación. Lavender, el Décimo Héroe de Kaant, veía con desinterés la fiesta. Hacía quince minutos había terminado la ceremonia de las nupcias y por fin podía irse a casa. Sólo tenía que esperar a que pasara el tiempo suficiente para no verse como una grosería el marcharse de ahí. Era un secreto bien guardado por los Héroes de Kaant, Lavender no estaba precisamente adaptado a las situaciones sociales. Era algo que la mayoría esperaba de un "niño", pues Lavender, a sus diecinueve años, aún no asistía en ningún tipo de misión o conflicto de los Héroes. El Noveno Héroe, Iris, entonces se acercó a su camarada y le sonrió. —¿Vas a tener esa cara de mierda toda la fiesta o planeas hacer algo más divertido? — Preguntó el Noveno. Lavender miró a Iris, el Héroe vestía un traje formal de color celeste, recogiendo su cabellera rojiza y enorme en una coleta con un listón blanco. —¿Oleander también te vistió? — Se burló Lavender. — ¿O por qué no pareces sacado de un circo? Iris sonrió y se sentó a su lado. —¿Y tú estás aquí porque quieres, o porque Ole te obliga? Lavender se molestó y se cruzó de brazos. —Oleander no me da órdenes — respondió — además, creí que Indigo no era un buen amigo tuyo. —Amigo o no, es la boda de uno de los Héroe y tenemos que estar aquí. Lavender soltó una sarcástica risita nasal. Al final ambos eran igual de hipócritas por la misma razón: ese odioso título que les habían forzado a llevar. —No entiendo la necesidad de demostrar que somos amigos — soltó Lavender —, cuando sea la hora, pelearemos juntos. Esto es una pérdida de tiempo. Iris, con una sonrisa sabionda, se acercó al oído de Lavender. —Escuché que uno de los primeros cinco asesinó al Tercer Héroe — le susurró —, por eso quieren que siempre seamos amigos... o que al menos le hagamos creer eso a la gente. Lavender miró a Iris con desinterés. El Noveno era conocido por su locura e irracionalidad. Cualquier cosa que saliera de su boca era parcialmente mentira hasta demostrarse lo contrario. —¿Por qué un Héroe asesinaría a otro? — Cuestionó Lavender. — ¿Con qué fin? ¿De joderse a sí mismo? —¡Yo sólo te cuento lo que he escuchado! — Respondió Iris. — Además ¿no te parece extraño que el Tercero haya desaparecido misteriosamente? Lavender dudó. Miró su muñeca y leyó aquel pequeño número "10" que llevaba marcado en la piel. Era cierto que de los supuestos Diez Héroes, solo habían nueve y existía un hueco entre el segundo y el cuarto. —Quizás huyó — dijo Lavender, para luego soltar un suspiro de desinterés. —O quizás murió antes de tiempo. —Es imposible matar a un Héroe, Iris... —¡A menos de que lo asesine otro de nosotros, lo dice la profecía! — Gritó el pelirrojo. La gente miró al par extrañados ante el grito de Iris. El Noveno y el Décimo pararon la discusión hasta que la gente dejó de observarlos. —Estás demente — dijo Lavender en voz baja, dándole un trago a su bebida. —¿Hasta ahora lo has notado? — Se rio Iris. Entonces, parándose sobre una mesa, el Séptimo Héroe, Narciso, en un estado de evidente ebriedad, golpeó una copa con una cuchara en un intentó de llamar a un brindis, sin embargo no midió su extraordinaria fuerza y rompió la copa en pedazos. —Uy — soltó Narciso. —Madre mía — suspiró Oleander, exasperado ante la estupidez de su compañero. —¡Amigos, amigas... y el resto! — Anunció el Séptimo al público. — ¡Quiero ofrecer... un brindis! ¡Para esta hermosa pareja! Lavender alzó una ceja. Era obvio que Nars no iba a tomarse bien el matrimonio de su amante, pero no esperaba que armase una escena. —¡Irene e Indigo... se han unido... en sagrado matrimonio... esta noche! La gente aplaudió emocionada. Indigo abrazó a su esposo por la cintura, mientras Irene veía con tensión al Séptimo. —¡Una noche que...! — Ni siquiera podía dejar de tambalearse sobre la mesa. — ¡...Que quedará marcada en nuestros corazones por el resto de nuestras vidas! Entonces Oleander se acercó con agresividad y sujetó a Narciso, intentando obligarlo a bajar. —¡¿Quieres parar, por todos los cielos?! — Le exigió Oleander. —¡No importa cuando tiempo pase! — Volvió a decir Narciso dramáticamente. — ¡Este día quedará en nuestros recuerdos para la eternidad! De los ojos verdosos del Séptimo, comenzaron a salir lágrimas que él mismo secó y entonces aplaudió. La gente creía que era de emoción y aplaudió con él. —Joder — se burló Aster, el Sexto, aplaudiendo con falsa emoción —. Quién diría que acabaría así — dijo para luego soltar una risita. —Coño, Aster, no es el momento de burlarse — le reprendió Azami, el Cuarto. Calix, el Octavo, se acercó a la mesa y le tendió la mano a su amigo que no podía bajar de la mesa debido al mareo. Al bajarlo, Oleander le dio una indicación al Octavo, quien luego miró a iris. —Creo que es hora de irme — dijo Iris poniéndose de pie —, ¿quieres acompañarnos? — Le preguntó a Lavender. Lavender dudó unos segundos, Iris avanzó hacia Calix y Narciso que se alejaban del lugar. Lavender miró alrededor. Hacía un rato que Oleander había dejado de vigilarlo, podía decirle que se había sentido mal y marcharse... entonces avanzó nerviosamente entre la gente siguiendo a Iris. —¿A dónde coño vamos? — Preguntó alcanzando al Noveno. —Hay un buen bar a las afueras del pueblo — dijo Narciso, arrastrando la voz. —Creí que estaba prohibido salir del pueblo sin supervisión — dijo Calix nervioso. —¡Con supervisión, sin supervisión! ¡Igual terminaremos rompiendo algo! — Dijo Iris emocionado. —¿Lavender? — Lo llamó el Octavo buscando su apoyo. Lavender dudó instantes qué responderle. —Si algo se sale de control todavía somos cuatro — dijo Lavender. Narciso aplaudió felizmente ante la respuesta e Iris siguió avanzando con pasos bailarines. Calix suspiró y lo siguió. Quién sabe que les esperaría en los barrios bajos pero no podía ser nada bueno.
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