—¿Qué coño estás mirando? — Retó Narciso a un tipo en aquel bar de mala muerte, el hombre lo ignoró y siguió hablando con sus amigos. — ¡Eso creí, cerdo!
Era extraño ver a sus compañeros tan ebrios. Quizás porque al ser el más joven de todos, Lavender no había salido a beber con el resto antes. Y es que, las diferencias de edades eran realmente marcadas.
Oleander, el Primero, e Indigo, el Segundo, estaban en sus mediados treintas. Azami, el Cuarto y Valerian, el Quinto, tenían 27 y 26 años respectivamente. Aster, el Sexto, ya tenía 25. Narciso, el Séptimo, tenía 25; y el Octavo, Calix, e Iris, el Noveno, tenían ambos 24. Lavender apenas llegaba a los 18.
Quizás por esas diferencias, todos seguían tratándolo como a un niño que no podía hacer nada. Momentos como estos, en el bar, eran extraños, ya que solían excluirlo de cualquier tipo de acción del grupo. Iris entonces interrumpió sus pensamientos con un audible eructo.
—Eres un asqueroso — se rió Calix.
—¡Tu asqueroso, hermanito! — Dijo Iris con la voz arrastrada.
En algún momento se habían puesto ebrios hasta las nalgas. Lavender se balanceaba ligeramente pero estaba bien, dentro de los estándares que imponían los demás.
—¡¿Qué coño miras?! — Gritó Narciso a otro tipo.
—Carajo, Nars, nos vas a meter en problemas — reclamó Calix.
—¡Él me miró mal! — Dijo el Séptimo señalando al hombre en cuestión.
—Caballeros, creo que deberían marcharse — escucharon la voz de un mesero.
Lavender soltó una risita. Era la primera vez que lo echaban de un lugar.
—¡Mis huevos se van a ir! — Volvió a atacar Narciso.
—¡¿Cuál es tu maldito problema?! — Gritó un hombre al héroe.
—¡Ustedes son mi puto problema! ¡Ratas!
Lavender se cubrió la risa con la corbata que se había quitado, e Iris miró con entusiasmo lo que sabían que se avecinaba. Una pelea.
—¡Come mierda, rata!
El hombre de la mesa se levantó molesto y se acercó a Narciso de forma intimidante. La gente presente comenzó a alentar al par a pelear.
—¡Narciso! — Escucharon los presentes una voz conocida.
Lavender miró a la entrada del bar. Azami, Aster y Valerian veían la escena. Valerian y Azami con decepción, Aster con ganas de reírse. A los cuatro héroes ebrios se les fueron las ganas de existir en ese momento. Lavender dejó de sonreír al ver a Valerian tan molesto.
—Es hora de irnos — les dijo Azami.
Iris se puso de pie y caminó directo a la salida, Calix, realmente apenado camino cabizbaja hacia el trío de la puerta, Aster tuvo que entrar a llevarse a Narciso casi a rastras. Lavender caminó por su cuenta hacia el grupo de Héroes sobrios. Valerian le miró desde arriba en cuanto lo tuvo al frente. Mierda, se venía encima un regaño.
—¡No puedo creerlo! — Gritó Valerian al resto una vez en casa. — ¡En una fecha tan especial como la boda de Indigo, se van a embriagarse fuera de la ciudad!
Los cuatro irresponsables se encontraban formados en una línea horizontal, tambaleándose y reaccionando lento.
—¡Sólo pedimos un día de paz y casi se meten en una pelea!
—Creo que voy a vomitar — murmuró Narciso.
—¡Y tú Narciso! — Valerian señaló agresivamente al rubio. — ¡Tus arranques de estupidez deberías tenerlos por tu cuenta y no arrastrar al resto contigo!
—Quiero que quede claro que a mí nadie me obligó a nada — dijo Iris orgulloso —, todo lo hice con la intención de hacerlo.
—¡Grande! — Dijo Narciso al pelirrojo.
Iris alzó sus hombros y Lavender soltó una risita. El único que se veía genuinamente avergonzado de sus acciones era Calix. Valerian suspiró. Sabía que no iba a llegar a ninguna parte con esto.
—Saben — dijo en un tono más calmado —, hace unos años los Héroes eran la más grande admiración del pueblo. Nueve personas destinadas a salvar a Kaant de cualquier amenaza pero... ¿en qué momento se convirtió...?
Miro a los cuatro que parecían más adormilados que antes.
—¿...En esto...?
—Para ser justos — dijo Lavender —, ninguno pidió ser parte de esta asociación de mierda.
—No es una asociación, Lavender — lo corrigió Azami —, es una profecía.
—Profecía mis huevos — soltó el Noveno.
—Joder, ¡ustedes no tienen ningún respeto por el título que cargan!
—Un título que no pedimos ni queremos — dijo Lavender molesto, llamando la atención del resto.
—¿...No lo quieres...? — Preguntó Valerian de pronto aturdido por la respuesta.
—Coño, no es como que importe si lo quiero o no — respondió Lavender —, si el mundo se va a la mierda, estoy obligado a salvarlo.
—Lavender...
—¡Y si no, lo matan! — Soltó Iris.
Azami y Valerian retrocedieron ante aquella acusación. El momento se tensó por segundos hasta que Aster dejó escapar una carcajada, rompiendo con el ambiente de tensión.
—¡Que ídolos, macho! — Se reía el Sexto. — ¡Les importa un carajo esto!
Valerian y Azami se relajaron y siguieron mirando a los cuatro delincuentes que tenían al frente.
—Sólo vayan a descansar — pidió Azami.
Calix sujetó a Narciso y le ayudó a caminar a su habitación. Iris los siguió. Lavender los vio marcharse y cuando Azami y Aster se fueron, el se dio media vuelta dispuesto a irse.
—Lavender — lo llamó Valerian de nuevo. El castaño se giró a verlo. — Estoy muy decepcionado de ti. Hablaremos después.
Valerian puso sus manos detrás y se dio media vuelta para luego marcharse. Lavender chistó los dientes molesto. ¿Decepcionado? ¿De qué? ¿De no querer seguir un camino impuesto por unas supuestas deidades en la que ni siquiera creía?
¡Vamos! Era de esperarse que no quisiera formar parte de ese círculo elitista de mierda que habían formado ocho señores sin nada mejor qué hacer que vivir del inútil gobierno de Kaant. ¿Querían estar realmente decepcionados de él? Iba a darles una razón.
En menos de cinco minutos, afuera de la enorme mansión de los Héroes, un cuerpo cayó a los arbustos.
Lavender había escapado.
Llevaba consigo un par de botellas de alcohol variado que había robado de la habitación del Primero, Oleander y las había puesto en la mochila que siempre llevaba consigo. Su única meta era salir del pueblo, beber todo fuera, quizás en el bosque, y llegar la mañana siguiente. Eran casi las tres de la mañana y estaba emocionado.
Adoraba romper las reglas.
Caminó por largas calles hacia donde sabía que terminaba el pueblo pensando en las últimas palabras que Valerian le había dirigido. Hablaba como si fuese tan superior a él. ¡Y los demás, hombre! Sólo porque las estúpidas pruebas que se había hecho siempre apuntaban a ser un poco más jóven. ¡¿Qué más daba?! ¿Cuál era su jodido problema?
Por fin llego al inicio del bosque. Las luces eran bajas. Se escuchaban los grillos en el lugar. No quería adentrarse demasiado porque quizás pelear contra un animal peligroso en estado de ebriedad iba a ser complicado, pero sí que entro un par de metros a la oscuridad. La luz de la luna caía sobre él.
Abrió una botella sin poder leer la etiqueta, si era vodka, vino o alguna mierda extraña daba igual, solo quería perder la conciencia bebiendo. De un solo golpe bebió la mitad del contenido de la botella que tenía. Vino. Sabía a vino.
Siguió pensando en su regaño mientras caminaba. Luego de un rato, divisó luces. ¿Una casa? ¿Fuera de la ciudad, en medio del bosque? Es decir, no era extraño que gente viviera en los alrededores pero... escuchó música. Frunció el ceño. ¿Un bar? Decidió entrar.
Y quizás, sólo quizás, de no haber sido por esa curiosidad y comenzaba ebriedad, su vida habría sido completamente diferente.