LO ODIO
POV : BONNI GILBERT
Llevo dos semanas ya en Italia, todo esto es nuevo para mi. Nunca había salido de mi país, sin contar que aquí no conozco a nadie.
Hoy conoceré alfin a mi jefe, es un juez importante aquí o eso he escuchado.
Me intriga saber como es, pero estoy segura que nos llevaremos bien por que yo soy divertida, extrovertida y muy, pero muy simpática.
Es imposible que le pueda caer mal.
Hoy me puse ropa formal, un traje completamente n***o, pero muy apegado al cuerpo.
No quiero ser esa típica abogada que se viste como vieja, quiero seguir siendo sexy y que mis curvas resalten.
Mi top n***o hace que mis tetas se vean enormes, pero con mi chaqueta eso se arregla.
Llegue 10 minutos antes, quiero causarle una buena impresión. El juez osea mi jefe, se llama William Scott y no me dieron muchos detalles de el.
Yo postule para venir aquí, quería una experiencia nueva para mi vida. Quería alegarme de todo.
Pues mi ex novio Jeremy me hizo mucho daño, osea fue un gran novio. Pero en cuanto terminamos... El inmediatamente se buscó a otra y eso me dolió y mucho.
Estuve 3 años viviendo la vida loca, pero ya no quería eso. Por eso postule a este trabajo, sobre todo por que aprendí muy bien el idioma italiano.
— Señorita Gilbert, el juez Scott la esta esperando. Mucha suerte, por que la va a necesitar.
— Gracias.
Es lo único que le digo, la verdad no entendí por que me deseo suerte. Supongo que debe ser donde es mi primer día.
Llego a la oficina y toco antes de entrar, gracias a esa maldita secretaria ahora estoy nerviosa.
— Adelante - dice una voz masculina.
Entro y el está de espalda viendo hacia la calle.
— Hola señor, soy Bonni Gilbert.
Mi voz no titubea, no puedo parecer una niña asustada. Se supone que soy un profesional, solo vine aquí para perfeccionarme.
El se vuelto y la verdad.... Esta muy bueno el condenado.
Tiene su cabello y ojos negros como la noche, tiene un barba bastante varonil y sus facciones son bastantes bonitas.
Es alto y delgado, aunque también es fornido pero no tanto.
— Soy el juez William Scott, espero que seas tan eficiente como te recomendo tu universidad por que no me gusta perder el tiempo.
Es un mal educado, osea que le pasa a este tipo ¿por que me trata así?
— Harás trabajo de rutina hasta que me demuestres que eres apta.
Me quedo muda, eso es raro en mi, pero el es... Hay lo odio, que hombre más detestable.
— Ahora tráeme un café - me tira unos papeles en la mesa - Y ordenas estos documentos en orden alfabetico.
— Oiga señor Scott, yo no vine aquí para ser su secretaria.
Ahora si se me soltó la lengua, quien se cree este tipo. Fui la mejor estudiante de mi clase por eso me dieron esta increíble trabajo.
No vine para ser su sirvienta, si cree eso pues bien equivocado que esta.
— Usted hará lo que yo diga, si no la puerta es muy ancha.
Cuento hasta mil, tendré que tener mucho paciencia con este amargado insoportable.
Pero tengo ganas de mandarlo al diablo y no verle la maldita cara nunca más en mi vida.
Pero no le daré en el gusto, le haré ver lo valiosa e inteligente que soy. Y juro que se arrepentirá de tratarme de esta manera.
— ¿con azúcar?
— Sin azúcar y apresurese, que tiene bastante trabajo.
Me voy hecha una furia, no puedo creer que viaje horas para estar sirviendo café y ordenando unos malditos papeles.
Mierda, esto será mucho más difícil de lo que yo pensé.
Hasta pienso que debí quedarme en California y trabajar para el bufete de mis amigos.
Pero no, la terca quiso volar lejos de su gente.
Llego a la cafetería y sirvo el maldito café, tengo ganas de escupirle en la maldita tasa, pero no soy tan asquerosa.
Llego con el maldito café y a su maldita oficina para que el maldito se lo tome.
— Ahí esta señor.
Ni siquiera me dice gracias, sin duda la educación no le dio clase. Por que es un mal educado.
Me quedo parada molesta esperando que me de las gracias.
— Tiene mucho trabajo señorita, que esta esperando.
— Pensé que me diría gracias por el café.
— Yo pensé que vino aquí para aprender y esta será su primera lección - levanta su maldita mirada - Las personas, no siempre dan las gracias.
— La gente educada, si las da.
— En esta vida Gilbert, no todos son educados.
Maldito miserable, como se puede odiar a una persona que acabas de conocer. Por que a este tipo lo estoy odiando con todo mi ser.
— Tiene mucho trabajo Gilbert, le recomiendo que empiece luego.
Me siento en la maldita silla, todo en esta oficina esta maldito. Sobre todo el.
Comienzo a separar todos estos documentos, son muchos así que tendré mucho trabajo.
Pero no lo dejaré ganar, no dejaré que me vea como una incompetente.
Le demostrare de que estoy hecha y que soy la mejor.
No se cuantas horas llevo aquí, pero ya tengo hambre. Y este tipo no se ha movido de su silla.
Sigue trabajando cabeza agachada, ni siquiera se si esta respirando.
Me gusta conversar, hacer vida social con todo el mundo. Siempre he sido una chica comunicativa, pero estar con este maldito es como estar sola.
— Aquí se almuerza, por que la gente normal lo hace.
Rompe el maldito silencio que hay entre nosotros.
— Yo no tengo hambre.
— Pues yo si.
— ¿termino?
— Es una broma, son como un millón de papales.
– Que poco competente es señorita.
– Soy muy capaz, pero la gente normal se alimenta.
– A usted no le enseñaron a cerrar la boca ¿verdad?
— No, la verdad es que no.
No me ha mirada en niun instante, insisto es un mal educado.
— Si quiere comer hágalo, pero un consejo - Ahora si me vuelve a mirar - No deje para mañana, lo que puede hacer hoy.
— Yo no dejo nada para mañana, se disfrutar mi vida al máximo.
—No me interesa su vida, solo quiero que termine con su trabajo.
No se por que, pero no le daré en el gusto. Me aguanto el hambre y decido terminar con este maldito papeleo.
Han pasado horas y mi estómago gruñe del hambre.
El lo puede escuchar, pero ni así me dice que vaya a comer algo.
Ya voy en la letra T, por lo tanto me queda menos.
Hay muchos casos acá, seguro es un juez muy importante. Aunque es un juez idiota.
— Bien, yo ya termine.
—Lo felicito.
– Quiero que salga, no la dejaré sola en mi oficina.
— Es una maldita broma.
– No, yo no hago bromas.
Por supuesto que no hace bromas, seguro un mimo tiene más sentido del humor que el.
— Me dijo que terminará esto y ahora quiere que lo deje así.
– No fue capaz de terminarlo, no fue culpa mía. Ahora salga.
Me levanto indignada, esta me las pagara, juro que me las va a pagar.
— Hasta mañana, señor Scott.
– Espero que mañana sea más capaz Gilbert. Por que hay muchas más postulantes para trabajar aquí conmigo.
— Vera que soy todo lo que necesita, señor.
Me voy furiosa, pero también muy hambrienta. Tengo demasiada hambre.
Salgo del maldito bufete y solo quiero comer algo.
Veo a un niño que llama mi atención, debe tener unos 7 años y esta vendiendo donas.
Me acerco a él y le pregunto su valor.
–Hola pequeño, se ven deliciosas esas donas.
–Si señorita, son muy ricas.
—Bien pues quiero 5.
A ese niño se le ilumina su rostro, me da algo de tristeza ver que un niño esté vendiendo dulces en la calle, cuando debería estar en la escuela.
– Me llamo Bonni, tu como te llamas.
– Oseias señorita.