Desperté a la mañana siguiente con resaca. Tenía mucho tiempo que no tomaba de esa forma. La última, había sido con Eric en la fiesta de graduación de la preparatoria. Tenía los ojos irritados de tanto haber llorado. Me senté al borde de la cama, llamé a Emily y le dije que me sentía mal; que me mantendría en la habitación por el día de hoy. No estaba fingiendo, pero a la vez era una buena excusa para no verle la cara a Allen, y que él tampoco viera mi rostro hinchado por las lágrimas. Emily entró a la habitación, se sorprendió por el olor a alcohol y mi aspecto. — ¡Su alteza! ¿Se encuentra bien? —preguntó alterada. — Sí… sólo… baja la voz —pedí tocando mi cabeza por el dolor—. ¿Me puedes traer algo para la resaca? — Sí, enseguida regreso. Traeré su desayuno también. Duran

