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La heredera y el rey

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Blurb

Elizabeth de 22 años tenía un vago recuerdo de lo que era el amor. Después de todo, ¿Qué había hecho la vida por ella? Sus padres la abandonaron cuando tenía sólo 10 años, sin ninguna explicación.

Es así hasta que accidentalmente atraviesa un misterioso espejo que la lleva a otro mundo, y conoce a un joven emperador que parece querer estar lejos de ella, pero no puede evitar mantenerla cerca.

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Enfrentando el pasado
    Por un tiempo no quería saber más del mundo. Para mí, vivir era difícil. Cada respiración me pesaba y no tenía sentido. Sin embargo, no tenía el valor de quitarme la vida y hacer sufrir a quienes me querían. Simplemente, nada me interesaba. Era como si el tiempo no pasara como debía pasar. Tenía un vago recuerdo de lo que era el amor; no sólo hacia una persona, sino a la vida. Después de todo, ¿Qué había hecho la vida por mí? Quitarme a mis padres, mi único hogar, quitarme las ganas de sonreír…     Mis padres eran lo único que tenía en el mundo, y a pesar de eso, simplemente todo se había destrozado.     Era fin de semana y además vacaciones de verano de 2008, estábamos de visita donde la mejor amiga de mi madre, la tía Leah. Habían sido amigas desde hace muchos años. Su casa era muy linda, quedaba en una colina lejos de la ciudad y estaba hecha de paredes blancas, con pilares y pisos de madera. En el exterior había flores que decoraban toda la entrada, y dos largos bancos de madera que colgaban en el techo del porche. En el interior tenía grandes ventanales que le permitían disfrutar del paisaje montañoso y limpio. Realmente disfrutaba mucho ir a su casa, rodeada de árboles y un arroyo cerca. Sentía que estaba en una pequeña aventura cada vez que visitábamos a la tía Leah.     En ese momento tenía apenas 10 años. Normalmente me despertaba mi padre acariciando mi cabello y mi madre abría las cortinas y me daba los buenos días con una sonrisa muy dulce. Sabía que no todos los padres eran así de atentos y cariñosos con sus hijos, y eso me hacía feliz… por esa razón, desde el principio me pareció todo muy extraño cuando quien me despertó ese día sutilmente fue Leah con tristeza en los ojos. — Liz, mi niña… vamos abajo, te haré el desayuno y hablaremos.     En ese momento no podía entender qué había pasado. No entendía porqué mis padres me habían abandonado; pensé que había hecho algo malo, pensé que era mi culpa, o que incluso tal vez nunca me habían querido, y me preguntaba qué había hecho para que ellos no me quisieran.     Cuando ocurrió todo, quedé bajo la custodia de Leah, ya que no tenía ningún otro pariente. Nunca conocí a mis abuelos, ni tampoco tuve tíos. Pero Leah me quería como su sobrina. Cuando comencé a vivir con ella, se preocupaba por mí porque comía muy poco y no hablaba durante las primeras semanas. Ella me ofreció vivir en nuestra casa para que me sintiera más cómoda en mi propio hogar, pero rechacé esa opción, ya que sin mis padres, aquella casa era otro recordatorio de ellos. Mis años en casa de Leah habían sido difíciles al principio. Con el pasar del tiempo, acepté que ellos nunca volverían.     Poco a poco fui adaptándome a una vida sin padres. A pesar de que Leah me había tratado como su propia hija, siempre sentí una sensación de decepción dentro de mí… no estaba segura si era hacia mí o hacia mis padres. Era tarde para volver a ser aquella niña inocente que siempre sonreía y expresaba todo lo que sentía.     Pasaron los años, y aunque hubiera cerrado toda oportunidad de afecto hacia los demás, Leah se convirtió en una persona especial para mí. Cuando me gradué de la escuela quise viajar por el mundo, tomar fotografías, conocer nuevas culturas, tomarme un tiempo para pensar en qué era lo que quería. Gracias a una gran herencia que me dejaron mis padres, todo eso era posible. Y en el fondo, tenía una leve esperanza de encontrarme con ellos en alguna parte de este vasto mundo. Leah no dudó en apoyarme. Había conocido escenarios llenos de color, paisajes que nunca olvidaría, que habían hecho temblar algo muy en el fondo, dentro de mí. ✧ ✧ ✧     Cuando volví a casa un 5 de septiembre de 2020, ya habían pasado cuatro años de mi graduación. Tenía veintidós. Para ese entonces Leah me trataba como su propia hija. Después de todo, ella me amaba como una. Le conté sobre todo lo que había hecho, los lugares que había conocido, las personas, las culturas. Ella escuchó todas mis historias, aunque notaba algo extraño en su mirada.     Pasó una semana desde mi llegada, y mi tía por alguna razón lucía nerviosa. Antes de tomar el primer bocado de pan un día en el desayuno, comenzó a hablar: — Liz, hay algo de lo que quisiera hablar contigo… es un tema delicado, pero creo que ya es tiempo de que lo sepas —dijo, bajando la taza de café que estaba tomando—. Es sobre tus padres. La piel se me erizó y sentí un dolor en el pecho. “¿Por qué mi tía menciona a mis padres después de tanto tiempo?” pensé. Quedé en silencio, permitiéndole continuar. — El día que tus padres desaparecieron, fue un día muy triste para ambas, pues yo amaba a tus padres como si fueran mi familia. Pero hay algo que no había podido decirte, hasta que tuvieras la edad suficiente para escuchar lo que sucedió ese día. — ¿Lo que sucedió?... —dije, mirando mis manos mientras las apretaba con fuerza―. Tía, ¿tú sabes por qué se fueron? — …No, mi niña —respondió con gentileza y sacó de su bolsillo lo que parecía una carta sellada—. Pero la respuesta podría estar en esta carta que dejaron para ti —miré la carta sorprendida—. Al despertar ese día, bajé las escaleras para preparar algo de café, y me encontré con esta carta en la mesa de la cocina. No te la pude dar antes, porque eras apenas una niña y tu madre dejó una nota que decía que te la entregara cuando tuvieras la edad suficiente —Leah me entregó la carta. — Eso… eso quiere decir que se fueron conscientes de que no volverían. Si te dijo que me entregaras esta carta después de tantos años… —se me hizo un nudo en la garganta, y sentí cómo se me calentaba el rostro; estaba a punto de llorar— Está bien. Después de todo han pasado ya muchos años. Primero necesito pensar antes de abrir esto… — Entiendo, cariño —respondió mientras acariciaba mi rostro.     Subí las escaleras y entré a mi habitación. Tomé un baño, revisé mi teléfono y tenía muchos mensajes de Eric, mi amigo de la infancia. Había sido mi mejor amigo desde que tengo memoria. Él era muy considerado, amistoso y muy atractivo. De cabello castaño, ojos verdes, tez blanca, con un cuerpo delgado. Siempre fue un chico popular. Muchas mujeres en la escuela intentaban molestarme porque Eric siempre me perseguía, pero con mi carácter fuerte fue imposible para ellas. Jamás permití que me pisotearan.     Cuando mis padres desaparecieron, mientras todos los niños y los profesores me miraban con lástima o murmuraban a mis espaldas, él fue el único que me apoyó y me trató como siempre. Todo fue.... soportable, gracias a él.     Dejé la carta a un lado, estaba molesta, frustrada y confundida. Quería darme mi tiempo de calmarme antes de dejarme afectar por lo que sea que estuviera escrito. Bajé a pasar el rato con mi tía, y pasó el resto del día. A la tarde siguiente, había quedado en verme con Eric. Me vestí lo mejor que pude. Cepille mi cabello, me coloqué mi abrigo n***o favorito y salí a nuestro punto de encuentro. Cuando salía con Eric me arreglaba un poco más de lo usual, para no verme como una.     Cuando hicimos contacto visual, salimos corriendo como un par de tontos a abrazarnos. Fuimos a Elio’s, nuestra pastelería de siempre, y pedimos café y cheesecake de chocolate, mi pastel favorito. Le hablé de mis viajes y él me habló de lo que había estado haciendo. Estaba estudiando medicina y se había independizado. Estaba muy feliz por él. — Liz, no tienes ni idea de cuánto te extrañé cada vez que pasaba por aquí. Volviste incluso más hermosa que antes —dijo, suspirando. — Yo también te extrañé. ¡Y tú también te ves más atractivo! ¿No has conocido a ninguna chica que te llame la atención? Todas las chicas de la escuela te adoraban, así que dudo que en la universidad sea diferente —dije, lanzando una risita e indirectamente rechazándolo. — Sabes que no tengo intenciones de salir con nadie por ahora. A menos que seas tú. Vamos a terminar en el altar, ya verás. — Por supuesto, te creo —dije, riéndome un poco— Eric, eres demasiado radiante para mí. Alguien como tú merece a alguien que esté segura de lo que quiere —afirmé, apuntando mi dedo en su pecho. “Te mereces a alguien que no quiera desaparecer” pensé—. Yo ni siquiera sé dónde estaré de aquí a una semana. — Eso es porque tienes miedo de intentarlo —se encogió de hombros suspirando.     Desde que mis padres desaparecieron, descubrí que Eric había desarrollado sentimientos por mí. Era su primer amor, y él tampoco intentaba ocultarlo. Era muy abierto con sus sentimientos. Yo, por el contrario, siempre le decía que eso no pasaría; pero él nunca se rindió. Honestamente, sí me sentía un poco atraída por él, y en el fondo le daba la razón cuando decía que tenía miedo. Pero creía que se merecía a alguien mejor; alguien que quisiera quedarse, que no se sintiera fuera de lugar como yo siempre me había sentido. Como si este mundo… no fuera para mí. Miraba las estrellas por la noche, esperando que mis pensamientos algún día me llevaran a otro lado. Por eso, había decidido eliminar esa posibilidad con él.     Después de hablar tanto, anocheció y fuimos a mi casa para que él saludara a mi tía. De vez en cuando venía conmigo a casa, así que se llevaban bastante bien. Fuimos al jardín y nos acostamos en el césped a mirar las estrellas. Necesitaba hablar con él. — Mi tía me entregó una carta que dejaron escrita mis padres —solté, sin dejar de mirar al cielo. Él volteó el rostro, sorprendido. Al pasar de unos segundos, respondió. — ¿Qué decía? — No lo sé, no he podido abrirla. Tener algo escrito por mis padres de repente, después de tantos años es… —me detuve, volví a sentir el nudo en la garganta— mi tía dice que yo soy fuerte, pero eso no es cierto. Trato de ser fuerte por ella. Para que no se preocupe por mí. — Liz… —Eric sujetó mi mano sin levantarse, y soltó una leve sonrisa amable― ¿Quieres que la lea por ti? — No, yo la leeré. Iré a traerla —respondí.     Entré a la casa, busqué la carta. Me detuve un momento, dudosa, antes de cogerla. Agarré la carta y volví a donde estaba Eric. Volví a sentarme con él, lo miré, y él me sonrió. Bajé la mirada hacia la carta y lentamente la abrí. Sólo con ver la letra de mi madre, una mancha de una gota de agua que seguro eran lágrimas de mi mamá, sentí como si me clavaran un cuchillo directo en el corazón.     “Querida hija,        Siempre fuiste una niña sonriente, llena de alegría. Tenerte con nosotros fue el mejor regalo que pudo habernos dado la vida. Sé que debe haber sido muy duro para ti… pero nosotros jamás quisimos hacerte daño. Nuestro destino está en otra parte, y es inevitable. Para cuando leas esta carta, ya serás una adulta… nos encantaría haberte visto crecer, haber continuado juntos y ser una familia feliz. Todo lo que hemos hecho desde que naciste ha sido para protegerte. Y hasta el último día, siempre será así. Hasta el último día, siempre te vamos a amar. Tienes una gran fuerza que aún no conoces dentro de ti. Estoy segura de que algún día lo entenderás.        Te hemos dejado nuestro hogar. Allí hay recuerdos hermosos… y cosas que proteger. Sabemos que no tenemos derecho a pedirte nada, pero necesitamos que la cuides. Aunque no lo entiendas aún, algún día te guiará a tu destino. Vive con pasión. Jamás pierdas tu camino, ni te apartes de las cosas que son valiosas para ti. Ama apasionadamente a tu persona destinada y confía en tus instintos. Nuestras almas siempre estarán unidas. Te amamos infinitamente, y siempre será así. Mamá y papá.”     Mis lágrimas no paraban. Sentía mucha rabia porque no decía nada de a dónde habían ido, pero al mismo tiempo sentía que había liberado una gran carga al saber que no me habían abandonado porque no me amaran. Después de tantos años, saber algo de ellos repentinamente era sorpresivo. Por eso no estaba segura de leer la carta. Después de unos minutos logré calmarme un poco. Eric me abrazó durante un largo rato en silencio. Después de colocar la carta de vuelta en el sobre y calmarme, fui la primera en hablar. — Esta carta, dice cosas que no entiendo… y no explican por qué se fueron. Sabía que no debía leer esa carta —cubrí mi rostro con mis manos—. Desde que se fueron me siento tan… fuera de lugar. — Lizzie… —me apretó con sus brazos—. Tienes a tu tía y me tienes a mí, no tienes porqué sentirte así. Todo estará bien. Cada vez que te sientas así, —me apretó con fuerza— vendré y te abrazaré de esta forma para expulsar todo lo malo. Como siempre, Eric me hizo reír. — Gracias —le devolví el abrazo y se sonrojó—. La verdad, cuando volví de mi viaje, pensé que tal vez ya era tiempo de visitar mi viejo hogar. — Está bien, creo que será bien para ti que vayas —dijo, intentando animarme. — Lo sé, pronto lo haré —afirmé, sonriendo y agradeciendo tener un amigo como él.     ✧ ✧ ✧     Pasó una semana y no lograba sacarme de la cabeza la carta. Lo pensé por un largo rato, hasta que decidí ir a aquel sitio que una vez llamé hogar. Hablé con mi tía para que me diera las llaves de la casa.     Al día siguiente me dirigí a la casa de mis padres. Finalmente después de dos horas, había llegado. La casa quedaba en una zona tranquila en la ciudad.     Estando frente a mi antiguo hogar, suspiré y di los primeros pasos al jardín delantero. Llegué a la puerta, la abrí con lentitud, me asomé y reí en silencio. "No es como si hubiera alguien esperándome" pensé.     Finalmente entré. Aquella casa que una vez estuvo llena de alegría, se sentía oscura y fría... Los recuerdos invadieron mis pensamientos. Entré a mi antigua habitación y abrí las cortinas como solía hacerlo mi madre. Todo estaba en orden, los muebles e incluso mis viejos libros de cuentos. Me agaché y deslicé mis dedos en los libros, y solté una leve sonrisa nostálgica. “Mis historias favoritas eran las del gran imperio de Lancast. Mis padres realmente tenían que tener una imaginación increíble para contarme cuentos de fantasía como esos”.     Me senté en la pequeña cama por un momento, pero no quise seguir más allí. Di la vuelta al pasillo, donde vi la habitación de mis padres. Me tomó unos segundos decidir entrar. Estuve en silencio frente a la puerta con la mano en la manilla y mi corazón palpitando fuerte, hasta que agarré fuerza y abrí la puerta. Tenía que enfrentarlo.  "Es ahora o nunca." murmuré.     Me desgarraba estar de pie en un lugar donde se suponía que debíamos ser felices, pero todo había sido arrebatado. Había cosas de mis padres en la habitación. Abrí el armario, y mis ojos se volvieron llorosos al encontrar la ropa de mi madre. Di la vuelta, caminé rápidamente hacia afuera de la habitación y me detuve para cerrar la puerta, pero un reflejo de luz brillante que provenía de la pared frente a la cama me cegó por un momento.     Perseguí el reflejo que venía de la única pared de madera de la habitación. Traté de quitar una de las tablas sin tener éxito.  "Tal vez si empujo hacia adelante…" pensé, y empujé con mis manos la pared hacia adentro.     La madera hizo un ligero ruido y se abrió como una puerta hacia afuera. Al terminar de abrirse vi que había un antiguo espejo, parecía de oro. "Ya veo de dónde venía el reflejo" pensé. Me dio curiosidad, nunca había visto ese espejo. Ya ellos tenían uno dentro de la habitación, era algo extraño.     Tenía que ser de ellos. La casa la habían construido mis padres desde cero. "¿Por qué ocultar un espejo? ¿Eso es oro puro?" dije a mis adentros, mientras lo observaba.     Estaba lleno de detalles en el marco, y un escrito en un idioma extraño. Lucía muy viejo, pero estaba en perfecto estado. Me acerqué un poco más, viendo mi reflejo en el antiguo espejo lleno de polvo. Cabello largo, de un raro color azabache puro y ondulado; tez blanca rosácea y ojos del color del cielo.  “Recuerdo que mis padres siempre tenían problemas porque en la escuela pensaban que me teñían el cabello, pero ellos lo tenían igual." Pensé, tocando con la yema de mis dedos el espejo, con el corazón doliendo.     Repentinamente empecé a sentirme débil, me sujeté del espejo, y empecé a caer hasta desmayarme. El detalle era que, parecía haber caído dentro del espejo.

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