Capítulo 4. PERLAS

1958 Words
Aydan y Hugo llevaban mucho tiempo viviendo solos por lo que hacían casi todo juntos, cuando llegaron a la cocina estaban muy bien sincronizados, Koral se sentó en el mesón del desayuno, una pequeña barra americana que dividía la cocina de la sala de estar, era muy divertido ver a padre y a hijo lanzarse el salero o el pimentero sin dejarlos caer, ella buscó el tocadiscos y puso una canción, porque la música humana era hermosa llena de tonadas de diferentes procedencias mientras la música del mar era tan plana que no se podía bailar, era transportada a través de las olas y era una sensación que atravesaba la piel pero no tan enriquecedora como la música humana; al final sirvieron una cena sencilla mientras Koral se comió una lata de atún quejándose del mal sabor, al final Aydan decidió hacerle un sándwich de atún con especias naturales y mejoró un poco, sólo un poco, pero a Koral no le importó ya que todo el tiempo estuvo riendose de los malos chistes de Hugo y muy avergonzada por el regaño de Aydan que se había preocupado mucho por lo que había pasado en el mercado. Al terminar Aydan mandó a Hugo a la cama, él no se quería ir, pero al final se dio cuenta que dejarlos solos podría ser buena idea, él sabía que su padre necesitaba alguien en su vida y de paso darle una mamá y Koral era perfecta, que fuera una sirena era sólo una pequeñez que no interfería en sus planes; Aydan y Koral se sentaron en la sala a hablar, la música seguía sonando bajo, Aydan estaba interesado en conocerla, por lo que le hizo varias preguntas con el fin de estar preparados y no vuelva a pasar lo del mercado. - Koral, tengo que entenderte para poder cuidarte, tu dices que los humanos somos hermosos, pero no es así, muchos humanos pueden ser unas bestias y más cuando se trata de lo desconocido y tu eres algo desconocido para todos – ella lo miró y agachó la cabeza asintiendo - ¿Tienes algún “poder”? – Hizo comillas con sus dedos sobre esta palabra – ¿algo que puedas hacer aparte de poner un pez a saltar? – - // Mmm, la verdad puedo hacerlo con todos los anim@les, puedo comunicarme con ellos, es mi parte anim@l. // - Aydan la miró inclinando su cabeza para un lado. - Comunicarte, ¿Cómo? – - //Es difícil explicar, con algunos animales sólo con mirarlos, pero deben estar cerca y ser dóciles, con otros debo estar en contacto, eso depende si ellos me permiten entrar, algunas veces tiene dolor o están en estado de euforia agresiva por lo que no me permiten comunicarme // – él la miraba tratando de ocultar su asombro. - Koral, ¿Duermes? – - // Cuando se imponen mis piernas adopto casi todos los hábitos de los humanos, duermo, no tanto como ustedes, pero lo hago. // - - Una última pregunto, ¿Por qué cuando hablas de tus piernas dices que se te imponen?. – - // Porque así es, como uno de esos juegos humanos que cuando los ruedan cambian, si me sumerjo en agua dulce nuestra cola muta y las piernas se imponen, pero si me sumerjo en agua de mar será al contrario las que mutaran serán las piernas. // - - ¡¡ERES TAN SORPRENDENTE!! – Hugo se tiró encima de ella y le dio un beso en la mejilla, luego corrió avergonzado, Aydan y Koral quedaron sin palabras pero soltaron la carcajada, ella ya podía emitir algunos sonidos y para Aydan era como campanas sonando. Hablaron un rato más de temas diversos, ella le preguntó sobre lo que hacía , de pronto salía algún chiste que los hacía reír, estuvieron tomados de la mano todo el tiempo y para ninguno de los dos se sintió incomodo o extraño, cuando se dieron cuenta iba a ser media noche por lo que se decidieron despedirse e ir cada uno a su habitación. Aunque Koral tardó un rato en quedarse dormida, lo hizo con una sonrisa en su hermoso rostro, como dormía menos que los humanos se despertó antes del amanecer, en un principio se quedó en la cama, pero era muy incómodo para ella por lo que se levantó y se sentó a mirar por la ventana, luego de un momento quiso ir a beber agua pero se golpeó un pie con una maleta que estaba al lado de su cama, no la había visto porque se encontraba cubierta con la cobija, al abrir la maleta encontró que había ropa de mujer, limpia y surtida; ella pensó que pertenecía a la esposa muerta de Aydan, pero estaba segura que antes no había estado allí por que asumió que él la había dejado allí para que ella la usara, así que buscó un hermoso vestido blanco bordado con flores color lila que le hormaba perfecto. Aydan se despertó un poco después del amanecer, estaba ansioso por ver a Koral, había soñado con ella durante la noche, al levantarse fue a buscar algo de ropa en la habitación de Hugo mientras compraban algo de ropa ese mismo día, después de encontrar unos pantalones deportivos y una camiseta que le quedaban muy grandes a Hugo fue a la habitación de huéspedes donde se quedaba Koral, tocó la puerta y escuchó desde adentro. - Siga – el abrió la puerta y lo primero que vio fue a Koral con el vestido que tenía puesto su esposa el día que murió, sus ojos se abrieron y su rostro se puso muy rojo, la ropa que llevaba en la mano cayó al piso y un grito horrible se escuchó en toda la casa. - ¿POR QUÉ LLEVAS ESA ROPA PUESTA? – ella quedó quieta sin poder moverse, luego de unos segundos intentó tocarlo para explicarse, pero él no lo permitió, su cara se puso pálida y sus ojos húmedos, empezó a desapuntarse el vestido para retirárselo mientras pequeñas piedritas caían por la habitación. - No, no hagas eso, dime, ¿quién te dio esa ropa?, ¿con qué derecho lo tomaste? – Koral seguía llorando, no podía explicarse porque Aydan no había permitido que lo tocara, había desapuntado su vestido pero para que no se abriera continuaba abrazándose a sí misma con mucha fuerza. - Yo se la dí, la dejé anoche para ella – Hugo se paró en medio de su papá y Koral de modo protector. - ¿Por qué lo hiciste Hugo?, tu no puedes disponer de sus cosas… - antes de poder terminar la frase el niño respondió fuertemente. - Ella era mi mamá, yo también la perdí y lloré por ella, tengo todo el derecho de disponer de sus cosas, tu no fuiste el único que la perdió – las lágrimas amenazaban por salir de sus ojos, pero él no estaba dispuesto a permitirlo, así que sin pestañear siguió mirando a su padre directo a los ojos. - Pero… Hugo… esto lo he hecho por ti… - Aydan sintió un nudo en la garganta que le impidió terminar la frase. - No papá, lo has hecho por ti, por ti vamos cada año a pescar, por ti vamos al viñedo en su cumpleaños, por ti guardaste todos sus retratos y sus cosas como si tuvieran veneno; nunca me preguntaste nada, mi opinión no fue valida, nunca me preguntaste si para mi era lo mejor o no – Aydan lo miraba sin saber que decir, su hijo tenía razón, él había asumido que hacer todas esas cosas le haría feliz o le daría tranquilidad, al parecer se había equivocado. - ¿Lo es?, es decir, ¿es bueno para ti? – - Tal vez si, tal vez no, nunca lo sabremos, nunca pude decidir – Hugo terminó de hablar y se acercó a Koral, la abrazó fuerte, era casi igual de alto a ella por lo que pudo recostarse en su hombro, mientras dejaba de llorar le acarició la espalda y le secó las lágrimas – Shh, Shh, no pasó nada, te ves hermosa con ese vestido. Aydan salió de la habitación y dejó esa escena en curso, dejó la ropa que había tomado de Hugo en su habitación y bajó a hacer el desayuno, cuando Koral se calmó y se sintió mejor, bajaron con un gran tarro de perlitas de varios tonos muy pequeñas, el desayuno ya estaba en la mesa y el semblante de Aydan ya no era de furia. - Ya los iba a llamar, siéntense por favor – ambos se sentaron sin decir nada – quiero disculparme con ambos, Hugo hijo, debiste decirme lo que sentías desde el principio, de verdad siento haber sido tan egoísta, pero lo que más siento es no haberme dado cuenta de ello, al parecer eres mas maduro que yo – - No importa Pá, de ahora en adelante sólo mejoremos la comunicación – Aydan miró a Koral con culpa en los ojos. - Koral, lo siento, no fue mi intención comportarme así, te lastimé y no tengo perdón, pero te juro que haré lo posible por no volver a actuar así – ella sólo sonrió pero no lo tocó para comunicarse con él, Aydan se dio cuenta de lo herida que estaba y sintió algo en el corazón que no le gustó, sin embargo no dijo nada y comenzó a comer, fue en ese momento que se dio cuenta del tarro que llevaban con ellos, por lo que preguntó curioso - ¿Qué es eso? – - Perlas, las lágrimas de Koral – Contestó Hugo. - ¿Es verdad el mito que las sirenas lloran perlas? – él la miró esperando una respuesta, ella agachó la cabeza, quien contestó fue Hugo. - No siempre, ayer en el mercado no salieron perlas, gracias a Dios, como la hubiéramos sacado de allí si algún pescador viera sus lágrimas. – Aydan seguía mirándola. - ¿Cuál es la diferencia? – Koral se negó a tocarlo y cuando el intentó ella volvió a negar, - Tienes que decírmelo, entonces como te voy a proteger – Ella volvió a negar con la cabeza, Hugo la tocó y la miró asintiendo. - Dímelo a mi, no le diré a mi padre hasta que me autorices - ella asintió. - // Se convierten en perlas cuando son lágrimas de amor, estas son pequeñas porque mi cuerpo me está mostrando que tu papá me gusta, pero si estuviera enamorada de él serían mas grandes y bonitas, pero si tu papá fuera mi amor para la vida serían grandes, hermosas y pulidas, seguramente azules ya que es el tono de mi cola. // Hugo no pudo evitar sonreír, pero su sonrisa preocupó a Aydan más de lo que ya estaba. - Hugo, ¿qué dijo? – Aydan sonaba ansioso. - Te lo diré en su momento papá, por ahora guardemos el frasco donde nadie lo encuentre, puede ser peligros para ella si alguien mal interpreta la leyenda. – Aydan asintió. - Me parece que es lo mejor - Koral siguió comiendo sin decir nada, algo había cambiado en ella, esas perlas le estaban demostrando que sus sentimientos por el humano eran profundos, pero ella tenía que partir en 17 días humanos, no quería dejar su corazón en la superficie, no estaba preparada para amar y menos si había un abismo tan grande como el que tenían ellos dos, además no sabía si Aydan sentiría lo mismo; Había salido de su clan en busca de tranquilidad, su padre le exigía unión con tritón que era segundo al mando del clan del Norte y su compromiso sería anunciado en el próximo banquete.
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